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> Por Julián Maradeo
En el barrio Ituzaingó, “el 33% de las personas muere de cáncer”. La historia silenciada y silenciosa de las Madres de Ituzaingó. La respuesta popular ante un modelo socioeconómico.
Hay sucesos disruptivos. Sucesos que tienen la capacidad de alterar el orden precedente para siempre: el juicio que se inició, en Córdoba, el 11 de junio contra dos productores sojeros y un fumigador es uno de ellos.
No obstante, se cometería un error mayúsculo si sólo se pusiese bajo la lupa este fotograma y se perdiese de vista la secuencia que comenzó en 2001. Para esto, ineludiblemente, habrá que internarse en lo hecho por las Madres de Ituzaingó.
2001
¿Es casualidad que las Madres de Ituzaingó hayan surgido en 2001? ¿Llama la atención que, sin que sea determinante el actor y la demanda convocante, las formas escogidas para organizarse y manifestarse remitan a las que se generalizaron en el segundo lustro de la década del ’90? No. La respuesta es que no resulta llamativo el camino trazado por este colectivo, pues porta todas las marcas de las formas populares de organización en la Argentina post dictadura.
Ante todo, vale un dato cuantitativo para aproximarse al continente del fenómeno de la sojización: en la campaña 1995/96, previa a la autorización de la Soja RR en Argentina, la superficie de la provincia mediterránea sembrada con esta oleaginosa alcanzaba las 1.711.500 has. En la de 2010/11, llegó a 5.054.309 has, lo que representan el 30% de lo sembrado en todo el país.

Cuando, en el año que cayó Fernando de la Rúa, una decena de mujeres decidió cortar la intersección de las calles General Paz y Colón, de Córdoba capital, apenas sabían contra qué se manifestaban. Tenían un indicio: en su barrio, había muchas personas con pañuelos en la cabeza, producto de distintos tipos de cáncer.
El barrio Ituzaingó Anexo, donde viven alrededor de 5 mil personas, está situado en el límite sureste de la ciudad de Córdoba. A metros de ese villorrio, hay cientos de hectáreas de campo donde se cultiva soja transgénica.

Sin embargo, inicialmente, Sofía Gatica -recientemente premiada en EE.UU. con el “Nobel Verde”: Premio Goldman 2012- y Corina Barbosa creyeron que los problemas en la salud estaban ocasionados por viejos transformadores.

En ese momento, se hicieron estudios oficiales del ambiente del barrio “y se encontró de todo -relató María Godoy-: no solamente los agroquímicos en tierra, agua y aire, también se encontró PCB, cromo, plomo y campos magnéticos altísimos”.
El inicio estuvo signado por la duda que emergió a raíz de la certeza de que, si no se hubieran movilizado, no se habrían realizado los estudios.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #3

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