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Federico Branz

Entrevista con Federico Branz. Médico de familia. Presidente de la Sociedad de Medicina Familiar y General de la provincia de Buenos Aires.

 

¿Qué es un médico de familia?

Nosotros nos definimos como especialistas en personas. Las conocemos desde antes de nacer hasta sus últimos días de vida, y desde una mirada totalmente integral. Desde lo biológico, lo psicológico y lo social. Desde nuestras competencias tenemos que estar preparados para resolver el 80% de los motivos de consulta, eso es estadístico. Es decir que todos los problemas de salud más frecuentes tenemos que estar a la par de especialistas para resolverlos. Cuando aparecen enfermedades infrecuentes, tenemos que conocer la enfermedad, acompañar a la persona, saber qué rumbos tomar y recomendar un buen especialista. Lo que es infrecuente no lo manejamos.

Y también tenemos que saber manejar bien lo que es la comunicación desde la entrevista con la persona. Cómo recibirla, cómo comunicarle una mala noticia, saber escuchar por sobre todo. Porque la persona se siente mucho más contenida y acompañada. Y, generalmente, ese es el motivo más importante en la relación con el médico. Es común la frase “ni me escucha ni me revisa”.

Suena muy romántico como lo estoy diciendo pero el médico de familia tiene que estar muy preparado, de hecho es una especialidad un poco 4×4.

 

¿Y cómo convive la formación del médico de familia en tiempos donde desde la universidad misma se forman cada vez más especialistas?

Es muy complejo, hay mucho déficit ya desde el pre grado. De hecho, la carrera de medicina familiar existe en pocas universidades.

Desde la salud pública se habla de la atención primaria, del primer nivel de atención, de fortalecer los equipos de salud y cada vez estamos más precarizados, no hay buenas formaciones y no hay buenos incentivos, no sólo en lo económico sino también en el reconocimiento que suele ser pésimo.

En la Facultad de Medicina ya se van formando buscando las especialidades que más reditúen.  La medicina general es hermosa pero desde el discurso, después no hay ninguna política pública que incentive la formación de médicos generalistas, a diferencia de países que sí lo hacen. Por ejemplo, en España el médico generalista es casi la vedete del sistema de salud, en Inglaterra y en Australia también, y están muy bien pagos. ¿Por qué? Porque tienen la comunidad a cargo. Y tienen que formarse permanentemente, tienen tareas de docencia, de asistencialismo, de planificación.

 

¿Por qué creés que en Argentina no se da de esa manera?

En Argentina tenemos el concepto de que en salud es “todo para todos”. Es la fórmula de la igualdad y la equidad. Pretendemos una medicina igualitaria y necesitamos una medicina equitativa, darle al que más lo necesita. Y darle a quien lo necesite en el momento adecuado.

Y los recursos son siempre escasos. Entonces no hay médicos generalistas porque no es redituable. Es muy linda desde el discurso la atención primaria pero la realidad es que no existe. Soy defensor absoluto de las libertades de decisión, pero tiene que haber formación y capacitación en base a las necesidades de un país, de una provincia o una región. Como sucede en Cuba, que si bien pensar en replicar su sistema de salud en Argentina es hoy imposible, hay mucho de lo que aprender.

Por eso uno sueña con un sistema único de salud, con una muy fuerte intervención del Estado, porque en realidad el Estado es el único que va a defender al ciudadano en definitiva. Porque acá de lo que se trata es de que la gente esté mejor.

 

¿Con qué pequeñas cosas creés
que se puede empezar a modificar esta realidad?

Tenés cuestiones de proceso y cuestiones de estructura, entonces a la cabeza está la decisión política de volcarse a la atención primaria como estrategia. Me parece que esto debería ser como un globo que cuando lo querés reventar y apretás de un lado se estira del otro y no pasa nada, entonces tenés que apretar de varios lugares a la vez. Desde la salud se demostró que poco se puede hacer con la salud pura. Salud debe ser quien lidere algunos cambios pero los determinantes sociales son más importantes. Vos vas a tener buena salud si tenés trabajo, si tenés cloacas, si tenés agua potable y si tenés educación. Después podemos discutir sobre los servicios de salud y si te atienden bien o mal, pero no hay secretos en eso.

 

Generalmente cuando se habla de indicadores de salud se toma a Cuba como ejemplo ¿se puede pensar en un sistema de salud “socializado” aún en países capitalistas?

Si, de hecho, la mayoría de los que fueron ministros de Salud argentinos coinciden en la necesidad de un sistema único de salud, todos.  Ahora ¿Por qué no lo hicieron? Ahí es donde aparecen los intereses. La salud no está en la agenda, no estuvo en el debate presidencial; en las asambleas de la ONU en toda la historia se habló sólo dos veces de un tema de salud: la epidemia del HIV sida en el año 2000 y en 2011 las enfermedades no transmisibles. Entonces si ni siquiera está en la agenda ¿por qué vamos a pedir que haya recursos? Hay que empezar a pensar el sistema de salud de acá a 50 años, planificar y que sea prioritario.

 

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