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Foto: Cooperativa La Brújula

Las políticas de ajuste, flexibilización y agresión hacia el bolsillo y las condiciones de vida de los trabajadores, generan conflictos en todos los ámbitos laborales.  En el medio, la unificación de la CGT como estrategia para menguar lo que viene de arriba y contener lo que crece desde abajo.

Más allá del rumbo evidente y de los fines claramente definidos del gobierno de Cambiemos, se pueden predecir sus próximos movimientos, medidas y leyes que promoverá, prestando atención a las editoriales del Diario La Nación.  En su edición del 26 de julio pasado se plantea que “la forma de incentivar y facilitar la demanda de trabajo es flexibilizar y facilitar la contratación y que a la vez se brinden garantías para que no se produzcan contingencias imprevisibles y desproporcionadas”.

Es que las inversiones no llegan y entonces los empresarios, que nunca se sacian, piden más garantías para aumentar su riqueza, como la flexibilización laboral y la pauperización de la vida de los trabajadores y trabajadoras. Para más detalle, La Nación sugiere: “El período de prueba, el contrato de plazo fijo flexible y otras formas de contratación modulares son instrumentos eficaces de promoción del empleo y reducción de los costos laborales”. Se trata, sin dudas, del programa que el macrismo pretende aplicar, pero hacerlo exige pasar una prueba de fuerza frente al movimiento obrero.

Al iniciarse el mentado segundo semestre, el gobierno presentó un informe denominado “El estado del Estado”. Allí puede leerse la preocupación del macrismo en torno a la conflictividad y la organización de los trabajadores y trabajadoras. Entre sus párrafos más destacados se sostiene que “los costos laborales argentinos son más altos” que en otros países de la región y se realiza un cuestionamiento explícito al derecho a huelga: “crecieron la conflictividad laboral y la litigiosidad”, detallan que “aumentó un 64% la cantidad de huelguistas” y se expresa que hubo “millones” de jornadas perdidas en los últimos años.

En el mismo sentido apuntan las declaraciones del propio Macri, quien reclamó a la justicia laboral ser más “equitativa” para no ahuyentar inversiones. Sabido es que en el derecho laboral argentino rige el principio según el cual se favorece al trabajador, sobre la base de considerarlo la parte “débil” de la relación laboral. Marcarle la cancha a los jueces del fuero del trabajo para torcer esta práctica es lo que buscan tanto las declaraciones presidenciales como la reciente sentencia de la Corte en el caso de Francisco Orellano. El trabajador, despedido del Correo Argentino por participar de una huelga resuelta sin aprobación del sindicato, tuvo fallos a su favor  en primera y segunda instancia. Pero la Corte Suprema, estableciendo un antecedente claramente antiobrero, dio finalmente la razón a la empresa argumentando que sólo los gremios pueden declarar un paro, limitando el derecho a huelga.

En esta perspectiva, el macrismo ha pasado ya del dicho al hecho. Efectivamente, ese es el objetivo de la causa abierta contra el secretario general de la seccional Gran Buenos Aires- Oeste de la Unión Ferroviaria, Rubén “Pollo” Sobrero, por la huelga del 28 de julio pasado. Invocando el fallo de la Corte, la empresa Trenes Argentinos inició una causa contra el dirigente, ya perseguido desde la época del kirchnerismo. El objetivo es doble: reprimir y frenar el desarrollo creciente del sindicalismo combativo, por un lado; romper la tradición “laboralista” del fuero del trabajo por el otro.

La propuesta de “reforma laboral” de La Nación encuentra contexto en el veto presidencial a la ley antidespidos, las modificaciones a la Ley de riesgos de trabajo, el proyecto de promoción de primer empleo y el esquema de pasantías con sueldos por debajo del salario mínimo presentados a modo de combo por el propio Macri desde un local de McDonald`s.

 

CONFLICTOS DE TODOS LOS COLORES                                       

Con más de 100 mil despidos, los trabajadores y trabajadoras del Estado han sido los más golpeados por el macrismo, cuyos gremios pactaron además aumentos salariales miserables. Según Mariano Sage, de la Agrupación Agite Estatal, “la situación de los estatales es dramática tanto por los despidos como por nuestro salario: con los miserables aumentos que recibimos, hemos quedado directamente por debajo de la línea de pobreza determinada por el propio INDEC”.

Apoyándose en “la herencia recibida” del kirchnerismo y sus contratos precarios, el ataque contra el trabajador estatal fue facilitado también por el desprestigio producido por la existencia de ñoquis (y su exaltación discursiva) en todos los niveles de la estructura pública, fenómeno al que no son ajenos ni el PRO ni los radicales, pero que sirve de pretexto para los despidos.

Ha habido casos, sin embargo, como el de los trabajadores de los Planes de Agricultura Familiar, que han logrado, después de una lucha muy dura, su reincorporación completa.

El docente es otro terreno de enorme agitación. A pesar de que el macrismo pudo anotarse el poroto de haber iniciado el ciclo lectivo sin paros, el descontento crece y se expresa en las huelgas y movilizaciones que, por ejemplo en territorio bonaerense tiene activos a los Sutebas opositores a la conducción de Baradel, y obligaron a CTERA a llamar a paro general en agosto.

Por su parte, en el primer semestre 50 mil obreros industriales perdieron sus trabajos, y quienes gozan de la continuidad laboral han sufrido claramente el deterioro de su nivel de vida, con una caída del salario real que puede calcularse ya, a esta altura del año, en un 10%. Los despidos han golpeado menos que en el sector público, pero se han combinado con una oleada de suspensiones en la industria (automotriz, calzado, vestido, carne, alimentación, hidrocarburos) que puede ser el prolegómeno de un proceso de despidos masivos.  La construcción, en tanto, ha sufrido el efecto catastrófico provocado por la suspensión de las obras públicas. Según José Tejeda, secretario de Prensa del SITRAIC, “los despidos en la rama de la construcción alcanzan fácilmente los 50 mil compañeros”.

Otra rama particularmente sensible es la aerocomercial, que por ahora no ha sufrido despidos masivos, pero de todos modos tiene a los gremios en guardia: “El conjunto de la política aérea argentina está gravemente amenazada por la concepción neoliberal de la alianza Cambiemos”, sostiene Hugo Perosa, dirigente de la Asociación de Personal Aeronáutico (CTA de los Trabajadores). “La designación como Secretario de la Jefatura de Gabinete de Gustavo Lopetegui -el ex CEO de la trasnacional chilena Lan-, agrega una amenaza aún mayor para los trabajadores aeronáuticos. La directiva prevé convertir el sector en un grupo de bajo costo (low cost), lo que significa automáticamente precarización laboral y desmejora de las condiciones de salario y trabajo de su personal”. Hay que recordar, de todos modos, que en enero se produjo el cierre de Sol Líneas Aéreas, cuyos trabajadores debieron ser absorbidos por otras compañías.

Un sector que parece estar particularmente en la mira del macrismo es el de las fábricas recuperadas. La represión a los trabajadores de la metalúrgicas RB de Martínez, que fue desalojada violentamente por la policía, es una prueba de que el gobierno no piensa tener contemplaciones con ellos. Oscar Villar, dirigente de la también metalúrgica Impopar de Tandil, que aguarda su expropiación cajoneada desde el periodo kirchnerista afirma que “las recuperadas son un sector pequeño en cuanto al número de trabajadores que ocupa, pero importantísimo desde un punto de vista político y simbólico, porque es la demostración de que los trabajadores son capaces de organizar y dirigir la producción, sin necesidad de los capitalistas”, de aquí que sea un blanco especialmente apetecible para el gobierno de la alianza Cambiemos.

 

LA UNIDAD POR ARRIBA

El triunvirato que se propone dirigir la CGT expresa la conformación del mapa sindical en las alturas heredado del kirchnerismo:  Juan Carlos Schmid, titular del Sindicato de Dragado y Balizamiento por la pata moyanista; Héctor Daer, del “gordo” gremio de Sanidad y diputado nacional del Frente Renovador, por la CGT (ex aliada kirchnerista) de Antonio Caló; y el dirigente del sindicato de trabajadores de estaciones de servicio, Carlos Acuña, propuesto por Luis Barrionuevo.  Ha aparecido sin embargo, un nuevo actor, la llamada Corriente Sindical Federal, que nuclea a bancarios, gráficos y a otros gremios más pequeños y del interior, con una posición de mayor dureza hacia el gobierno nacional y que propone a Sergio Palazzo como Secretario General de la central. Afuera quedará solamente el Momo Venegas con unos 40 gremios, los más afines al macrismo.

Las razones por las que la burocracia sindical se reunifica son de dos órdenes, aunque están ligadas entre sí. Por un lado, los burócratas saben que el gobierno está decidido a liquidar las conquistas de los trabajadores. Por el otro, sabe que los trabajadores no van a quedarse con los brazos cruzados a esperar un futuro de semiesclavitud. En el medio están ellos. Ya la gigantesca movilización del 29 de abril estuvo activada por este doble motivo: marcar la cancha al gobierno y descomprimir la presión de las bases. Por eso, y a pesar del anuncio de la devolución de casi 30 mil millones que el Estado debía a las Obras Sociales, la CGT emitió un documento titulado nada menos que De mal en peor.

Detrás de ella irán seguramente las maltrechas direcciones de las CTAs, atravesadas por una serie de conflictos políticos internos de difícil solución. La derrota de Pedro Wasejko en el SUTNA ha provocado una crisis interna en la CTA de los Trabajadores que dirige Hugo Yasky, tanto en el orden político como en el económico. En la CTA Autónoma encabezada por Pablo Micheli, los conflictos en el seno de la dirección de ATE parecen arrastrar a la central por un camino marcado por la desorientación. La unidad serviría de bálsamo con que restañar algunas de las heridas y poner un límite al crecimiento de la oposición combativa ligada a la Corriente Rompiendo Cadenas y a Tribuna Estatal (dirigida por el Partido Obrero).

 

LA IZQUIERDA SINDICAL

A pesar del complejo panorama para los trabajadores y trabajadoras, muchos conflictos han logrado frenar los planes patronales que se amparan en la política antiobrera del macrismo.

En la planta SIAT – Tenaris de Valentín Alsina, el grupo Techint se vio obligado a reincorporar a 15 trabajadores despedidos: “Fue muy fuerte cómo sonó el conflicto, porque se dio en medio de un escenario en que Macri hizo una presentación en casa de gobierno, firmando un compromiso con los empresarios, de no producir despidos por 90 días, que lo firma Techint como grupo. El hecho de salir a dar la pelea, con todos los compañeros y compañeras que nos hicieron el aguante, con los compañeros que bancaron en la fábrica, fue muy importante como experiencia de lucha”, nos dice José Villa, uno de los trabajadores reincorporados.

El 9 de agosto, 15 mil trabajadores se movilizaron a Plaza de Mayo. Exigieron la reapertura de paritarias y el llamado a un paro general para imponer esa reivindicación. Encabezados por los ferroviarios del Oeste del Gran Buenos Aires y los obreros de las fábricas del neumático, irrumpieron en la plaza histórica convocados por direcciones sindicales de izquierda: Ate-Sur, Sipreba, AGD-UBA, SITRAIC, las seccionales multicolor del SUTEBA, trabajadores de SIAT- Tenaris, de la línea 60 y aceiteros, entre otros.

Más allá de las diferencias y de los conflictos internos, el peso de la izquierda en los sindicatos ha ido creciendo continuamente. Recordemos que, en la década del 90, las únicas estructuras sindicales en manos de la izquierda eran el Cuerpo de Delegados de la Unión Ferroviaria-GBA Oeste, dirigido por el “Pollo” Sobrero (militante entonces del MST y actualmente de Izquierda Socialista) y el SOEM de Jujuy, que el “Perro” Santillán perdería a mediados de la “década ganada” a manos de una lista kirchnerista y recuperó recientemente.

Uno de los más resonantes conflictos tras la rebelión de 2001 probablemente haya sido el de Cerámica Zanón, donde el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) aportó en el proceso de lucha y la posterior expropiación de la empresa, aunque luego perdería la dirección. Fue este partido el que alcanzó un mayor nivel de inserción en sectores de la clase obrera (alimentación, automotriz), y el que hegemonizó los conflictos de los años 2013-14 (Kraft, Lear, Gestamp, etc.) que terminaron en derrotas importantes. El PTS encaró estos conflictos con una estrategia en la que el protagonismo mediático se colocó por delante del apoyo y la organización de los trabajadores. Así, se produjeron acciones “espectaculares” de gran impacto mediático, pero difícilmente se logró parar alguna fábrica. Este partido conserva, aunque menguada, su influencia en docentes, alimentación y complejo automotriz. Su dirigente Claudio Dellacarbonara encabeza indiscutiblemente la línea B del subte, con gran apoyo de su base.

El declive del PTS coincidió con el crecimiento de la influencia del Partido Obrero (PO), cuyo mayor éxito fue el triunfo en las elecciones del SUTNA que, junto a la Federación Aceitera, dirigida por militantes sindicales de izquierda no ligados a ningún partido, es el segundo gremio nacional recuperado. Otra experiencia importante impulsada por este partido (aunque en ella también participan otras corrientes como Convergencia Socialista) es el ya mencionado Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Construcción y afines (SITRAIC), un sindicato paralelo a la UOCRA que se ha extendido en distintas regiones del país. El 11 de mayo, casi 2 mil trabajadores se movilizaron a la Cámara Argentina de la Construcción convocados por el nuevo <sindicato. El PO encabeza también las seccionales La Plata, Ensenada y Matanza del SUTEBA, que constituyen junto a las seccionales de Escobar, Tigre, Quilmes, Berazategui y Bahía Blanca el llamado “Suteba Multicolor”. La emergencia de estas direcciones opositoras expresa la crisis del sindicalismo kirchnerista representado por Hugo Yasky y Roberto Baradel. ¿Es posible que un gremio de tal importancia caiga en manos de la oposición sindical de izquierda en las elecciones sindicales de 2017? “El descontento en las bases es muy grande y la Multicolor tiene una gran oportunidad. Dependerá de que la oposición esté a la altura de las circunstancias, y esto significa, en concreto, que el PO y el PTS prioricen la unidad por sobre sus diferencias cada vez más marcadas y visibles”, nos dice Gabriel Castillo, dirigente de Docentes en Lucha y ex candidato a secretario general del SUTEBA- Moreno por la Lista Multicolor .

La reseña expuesta no da cuenta acabada de la multitud de experiencias de base que, en distintos gremios desarrollan miles de trabajadores en busca de darse direcciones combativas y democráticas. Para aportar a ese proceso, con la consigna “Unidad de la clase trabajadora desde abajo para luchar”, el 13 de agosto se reunió en ATE nacional el Plenario de la Corriente Político Sindical Rompiendo Cadenas. La experiencia se replica cada vez con mayor cantidad de trabajadores, se discute sobre la situación actual del país y de sus gremios. Las condiciones y las experiencias de resistencia que trabajadores y trabajadoras enfrentan, y deberán enfrentar, en la avanzada del gobierno pro-patronal, aportarán a la búsqueda de una política capaz de abrir el camino a la unidad del sindicalismo combativo, la unidad de las bases obreras y el pueblo para sacudir el destino de capitulación y derrota que nos aseguran los burócratas.

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