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Por Patricia Gomes*

 

La Argentina es un país de inmigrantes. Y eso es verdad, en buena medida. En el siglo XIX, cuando nuestros intelectuales diseñaron el proyecto de la nación Argentina, la pensaron fenotípicamente blanca y culturalmente europea.  ¿Pero qué hacer entonces con la gran población negra que había quedado como consecuencia del sistema esclavista? En ese período, se pusieron en marcha una serie de mecanismos para emblanquecer a la población argentina, por lo menos desde lo discursivo. Uno de esos mecanismos fue la “extranjerización”, es decir, considerar (nos) a todo/a negro o negra como extranjero/a.

Este tipo de mitos calaron tan hondo en la sociedad argentina que se afirma que “en Argentina no hay negros” y, mucho menos, argentinos. Estas ideas trajeron como consecuencia, además de la negación de nuestra presencia histórica, una serie de prejuicios y conductas racistas que afectan a las personas que somos no blancas en nuestra vida cotidiana, y se traducen en la restricción de nuestros derechos.

Desde la asunción del actual gobierno, el racismo y la xenofobia se convirtieron en política pública, con la inestimable ayuda de los medios hegemónicos de comunicación, que contribuyen con gran energía a consolidar estos discursos. La bajada de línea es que los migrantes de países de nuestro continente son delincuentes y por ende no tienen lugar en este país que siempre se caracterizó por recibir inmigrantes, pero de “los buenos”, de esos que vienen de Europa, como lo dice la propia Constitución Nacional (art. 25).

En este sentido, el presidente Macri emitió un Decreto que modifica la Ley de Migraciones (una ley de avanzada que reconoce a la migración como un derecho humano), estableciendo un procedimiento rápido para expulsar a migrantes que delinquen, con antecedentes penales o prohibiendo la entrada a aquellos que tengan antecedentes en sus países.

¿Será que en el aeropuerto harán averiguación de antecedentes sobre los extranjeros que vienen de Europa? Veamos. Uno de los primeros operativos llevados a cabo por el gobierno fue en la terminal de ómnibus de Liniers adonde llegan micros de países vecinos.

La portación de un rostro oscuro se ha vuelto pesadilla en esta ciudad: pedidos de documentos en cada esquina, persecución policial a los compañeros senegaleses que se ganan la vida con la venta ambulante; asesinato de unos de los referentes de esta comunidad, Massar Ba; jóvenes de barrios populares asesinados por las fuerzas policiales por “portación de cara”, y un tristísimo etcétera. Y si además sos mujer, seguro sos “prostituta” o accesible, lo que da vía libre para cualquier tipo de abusos.

Nosotros no somos peligrosos. Peligroso es querer tapar la realidad de crisis social, económica y política echándole la culpa de todos nuestros males a la inmigración. Peligroso es el discurso que nos tilda de delincuentes en razón de nuestra nacionalidad o color de piel.

Peligroso es ser negro o negra en un mundo de y para blancos.

 

(*) Afroargentina, Vicepresidenta de la Sociedad de Socorros Mutuos “Unión Caboverdeana”.

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