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Estoy animada por el foco y dirección de esas reformas. Aprobándolas en un período razonable de tiempo, ayudaría (…) a generar confianza en la economía y anclar el retorno al crecimiento fuerte, inclusivo y sustentable en Brasil”. Las declaraciones corresponden a Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, y las medidas que celebra se refieren a la congelación del gasto público en salud y educación por los próximos veinte años.

El proyecto forma parte del plan de ajuste que está implementando Michel Temer, presidente brasilero desde la destitución de Dilma Roussef. El ex vice logró subir de cargo luego de la opereta orquestada por diputados y senadores en su mayoría sospechados de participar en casos de corrupción, sobornos y lavado de dinero. Antes de ser removida con un golpe de estado parlamentario -que consideró delito un mecanismo de política presupuestaria comúnmente aplicado en gestiones nacionales y estadales- Dilma comenzó su nuevo período aliándose a sectores conservadores y dando un giro en las políticas redistributivas que habían caracterizado a los gobiernos del Partido de los Trabajadores.

 

Sube la marea neoliberal y arrastra mar de fondo

Los gobiernos de Lula da Silva -quien mientras está siendo investigado y asediado judicialmente se perfila como amplio ganador en las próximas elecciones- estuvieron signados por políticas que mejoraron la situación socioeconómica de amplios sectores a través de planes sociales como el Bolsa Familia y la recomposición del salario mínimo, que en 10 años tuvo un aumento real del 76%. Sin embargo, la estructura macroeconómica de Brasil permaneció concentrada y gestionada para favorecer al capital financiero: en ese tiempo se generó una bicicleta que dio inmensos beneficios a los sectores especulativos con tasas de ganancias en dólares del 24% anual, al tiempo que se mantuvieron intereses altos en el pago de la deuda .

Cuando Dilma asumió por segunda vez en 2015, luego de vencer con la promesa de combatir al plan neoliberal del opositor Aecio Neves, aplicó la receta que se le exigió para reducir el déficit: nombró al banquero Joaquim Levy al frente de Finanzas y recortó el gasto público. Sin embargo, la economía continuó contrayéndose y en unos meses se generaron casi un millón de nuevos desocupados y se disparó la recesión.

Un año antes del juicio político que terminó con la destitución de la presidenta y de la fiesta del derroche que fueron los Juegos Olímpicos de Río, Joaquín Piñero alertó en una entrevista al portal Marcha sobre las políticas que comenzaba a encarar Dilma. El referente del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra denunció que casi el 30% de la población económicamente activa -14 millones de trabajadores- estaba en situación precaria y contratados por empresas tercerizadas.

A la injusticia estructural se suma el racismo históricamente negado: en el país con la población negra más grande del mundo después de Nigeria, cerca del 70% de las personas que se encuentran en pobreza extrema son afrodescendientes y los jóvenes negros de 12 a 18 años tienen el triple de posibilidades de ser asesinados que los blancos de la misma edad.

Sobre esa realidad se implementó el ajuste, que ahora encuentra un nuevo empuje en el gobierno ilegítimo de Michel Temer con la venia del FMI, los conglomerados financieros y los sectores concentrados de la economía brasilera.

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