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> Por Sofía Alberti

“La violencia laboral, es una forma de abuso de poder que tiene por finalidad excluir o someter al otro. Puede manifestarse como agresión física, acoso sexual o violencia psicológica, tanto en sentido vertical (del patrón al empleado, ascendente o descendente) como entre pares. Este maltrato puede ejercerse por acción u omisión y tiene efectos directos en la salud y el bienestar de las personas que trabajan. Es fundamental entenderlo como una violación a los derechos humanos y laborales”, consideró Marisa Fiorillo, miembro de la Asociación de Abogados Laboralistas de Rosario (AALR), en el marco de las Primeras Jornadas argentino venezolanas sobre la salud laboral, que se realizaron en Rosario en septiembre pasado.

La letrada profundizó acerca de los factores de riesgo psicosociales que pueden generar alteraciones de la salud de los trabajadores, basándose en datos de la 1° Encuesta Nacional sobre Empleo, Condiciones y Medioambiente Laboral, y Salud, realizada en 2009 y publicada en abril de este año por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT). La encuesta se efectuó en base al testimonio de 7.195 trabajadores y trabajadoras, representativos de un universo de 3.432.653 ocupados de sectores registrados en la seguridad social, exceptuando al sector primario y estatal.

No obstante, arrojó datos contundentes del sector privado: 3 de cada 10 trabajadores sufrieron situaciones de violencia laboral y un 25% manifestó estar expuesto, al menos, a un factor de riesgo derivado de la organización del trabajo, principalmente jornadas de trabajo que no le permiten descansar adecuadamente, sea por extensión, falta de pausas in situ y/o francos, etcétera. Además, un tercio de los consultados señaló que existe alguna situación entre regular y mala respecto a los factores de riegos físicos presentes en su lugar de trabajo.

Es importante resaltar que entre los factores de violencia, sobresale el maltrato de personas ajenas al establecimiento –clientes, pacientes, público, etcétera-. Para la Superintendencia ésto “tiene estrecha relación con el modo en que se gestiona la organización del proceso de trabajo por parte del empleador”.

Un elemento alarmante, vinculado a la posibilidad de modificar las condiciones colectivas de trabajo es que sólo el 32,6 por ciento de los trabajadores afirmaron que en esa empresa existía representación sindical. Más allá de haber un gremio representativo, éste no existe dentro de la fábrica en el mano a mano cotidiano con la patronal.

Ante las problemáticas comunes de diversos países, los abogados argentinos  y venezolanos se propusieron crear un Derecho Laboral del Mercosur. Entre los puntos a trabajar, figuraría la reivindicación histórica de la reducción de la jornada de trabajo y algunos abordajes comunes en torno a los riesgos laborales que se repiten en diversos territorios, dado el carácter trasnacional de las metodologías organizativas empresariales. De hecho, muchos casos de agresión a la salud psicofísica se dan en empresas trasnacionalizadas, donde prima lo impersonal, la gran escala, la sensación de descarte fácil y hasta la imprudencia en proteger la integridad de los empleados pues hay otros dispuestos a su reemplazo.

En este sentido, Fiorillo eligió coronar su presentación con las palabras de Christophe Dejóurs, Profesor y director del Laboratorio de Psicología del Trabajo de Francia: “Trabajar no es sólo producir, es vivir juntos. Las defensas colectivas y la cooperación son condiciones para la salud mental. Un trabajo fundado en reglas colectivas es el mediador más común del vivir juntos en democracia, porque las personas tienen más espacio para pensar y pueden beneficiarse de la ayuda y la solidaridad de los otros. Por tanto, es la condición de la salud mental”.

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