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Las formas de combatir a uno de los mayores negocios a nivel mundial parecen confirmar la falta de intenciones de dar ese combate. Nuestros vecinos orientales pretenden hacer historia con una medida distinta: legalizar la marihuana con control estatal.

 

> Por  María Petraccaro

El narcotráfico es, junto a la venta de armas y la trata de personas, uno de los principales motores de la economía mundial. El mismísimo padre del neoliberalismo, el economista Milton Friedman, definió a los narcotraficantes como “empresarios, emprendedores”. Y aseguró que “la gente que lleva el tráfico de drogas no son distintos del resto, excepto en que tienen más iniciativa empresarial y menos preocupación por dañar a otros”.

Por su parte, el periodista rosarino Carlos Del Frade, al analizar la problemática económica del narcotráfico, aseguró que “sostener al sistema es sostener su financiamiento y sostener el financiamiento del sistema es sostener al narcotráfico. Combatir eso es combatir al capitalismo”.

Con esa afirmación, pareciera que ninguna solución podría ser posible si no es por la vía de una revolución. Sin embargo, no sólo Del Frade sino también varios especialistas en el tema apuntan algunas posibles soluciones o intentos de mejorar la situación.

Desde reformas en el sistema penal, como se está intentando en la provincia de Santa Fe, la mejora (y hasta la realización) de la estadística criminal a nivel nacional, las políticas públicas hacia las clases desposeídas, la coordinación entre los distintos niveles del Estado, el entrecruzamiento de datos con todo lo relacionado al lavado de dinero, hasta los vanos intentos de purgar a las policías provinciales y federal, dan cuenta de la diversidad de opciones que plantean los gobiernos al querer encarar este problema.

Pero además de estas opciones, para Del Frade, en algún momento habrá que pensar en la legalización, ya que “cuando el Estado se mete ya no hay clandestinidad, entonces ya no tiene sentido que se maten entre sí por un negocio que maneja el Estado. Ahí ya no habrá competencia por la esquina”, afirmó.

En declaraciones para un documental realizado por la Universidad Nacional de Rosario, Marcelo Saín, ex titular de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, va en una línea similar. “Lo que uno tiene que evitar es que los consumos lleven a situaciones de violencia extrema, que la sangre signe el negocio de los mercados. Por eso nosotros pensamos seriamente en la estrategia futura de la legalización, de ir sentando los pasos para que haya una regulación legal de algo que no va a desaparecer”, sostuvo.

En América Latina, quien está dando un primer paso en un debate que seguramente será extenso, es el presidente uruguayo José “Pepe” Mujica, con su iniciativa de legalización de la marihuana que ya tiene media sanción en Diputados y espera la aprobación en la cámara de Senadores.

Según el proyecto, el Estado creará el Instituto de Regulación y Control del Cannabis, que dependerá del Ministerio de Salud Pública. Esta institución regulará desde la producción hasta la venta en farmacias de la marihuana. Todos los consumidores mayores de 18 años deberán registrarse para poder comprarla libremente. Además, se permitirá el autocultivo, tanto personal (con un máximo de seis plantas y 480 gramos de cosecha por año) como en clubes constituidos por un mínimo de 15 y un máximo de 45 socios, que tendrán un tope de 99 plantas.

Defendiendo el proyecto, Mujica fue contundente al plantear algunos números: “estamos convencidos de que esta es una guerra desigual, que cada vez se gasta más plata. Solamente los presos por este asunto nos están costando encima de 30 millones de dólares. Nosotros tenemos más muertos por el narcotráfico que muertos por drogadicción. 80 muertos el año pasado por ajustes de cuentas, y tres o cuatro muertos por sobredosis de droga. Entonces,¿qué es lo peor, la droga o el narcotráfico?”

Por otro lado, el presidente uruguayo también planteó las cuestiones de mercado como determinantes a la hora de plantear una solución distinta. “Habiendo una demanda aparece quien la cubre. Quien la cubre es un empresario de alto riesgo que se la juega y utiliza todos los métodos, todos los caminos porque tiene asegurada una tasa de ganancias enorme por la vida represiva que se impone”, explicó.

No sólo América Latina, sino el mundo entero, deberá tener los ojos puestos en lo que suceda en Uruguay, de aprobarse esta ley. Será el ejemplo concreto y palpable a la hora de debatir sobre la legalización de las drogas y sus consecuencias.

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