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“Solamente los sectarios y los funcionarios pueden preferir una mayoría segura en una confederación sindical pequeña y aislada en vez de un trabajo de oposición en una organización amplia y realmente masiva”.

León Trotsky- La cuestión de la unidad sindical

En la actualidad existen cinco centrales sindicales, 3 de la CGT y 2 de la CTA. Un recorrido histórico permitirá observar que las divisiones tienen que ver con las lógicas de las conducciones burocráticas y no de las bases combativas.

Desde que el movimiento obrero se unificó en la CGT para dar impulso al naciente peronismo, el problema de la existencia y la necesidad de una central única no estuvo en discusión. Si bien se produjeron divisiones importantes y duraderas, cada fracción culpaba a la otra de ser la responsable de la ruptura que debilitaba la acción sindical.

Así, por ejemplo, durante el período de consolidación de la burocracia sindical, las 62 Organizaciones “de pie junto a Perón” del textil José Alonso se oponían a las 62 vandoristas, argumentando que el dirigente metalúrgico había traicionado la lucha por el retorno del líder exiliado, y sellando una de las primeras y provisorias rupturas cegetistas. En 1968, en el Congreso “Amado Olmos” de la CGT, fue elegida una dirección encabezada por el gráfico Raimundo Ongaro. Vandoristas y participacionistas, las dos fracciones que controlaban los gremios más importantes, se retiraron del congreso y se apoderaron del edificio de Azopardo, dividiendo al movimiento obrero. Así nació la mítica CGT de los Argentinos, producto, como se ve, no de la acción de los combativos, sino de la burocracia.

Esta central, sin embargo, tuvo corta vida. Los historiadores no le reconocen una influencia real más allá de 1969. En la propia Córdoba, la política seguida por el dirigente marxista Agustín Tosco respecto al SMATA de Elpidio Torres, con quien pactó la huelga del 29 de mayo del 69 que se transformaría en el Cordobazo, condujo a la reunificación. Efectivamente, las consecuencias en lo que se refiere al movimiento sindical cordobés, fueron: 1- la unificación del movimiento obrero en una CGT única bajo la dirección del peronista revolucionario Atilio López (UTA) y Agustín Tosco, y 2- el debilitamiento de la dirección burocrática torrista en el SMATA, y su reemplazo en 1972 por la lista encabezada por René Salamanca. Es decir, del Cordobazo (y del segundo Cordobazo o Viborazo de 1971) salió la CGT única y combativa, con un programa “antiimperialista hacia el socialismo”, dirigida por López, Tosco y Salamanca.

Y si el Cordobazo marca el punto de inicio de un ciclo revolucionario en el que la izquierda peronista y marxista adquirió una influencia decisiva en los sindicatos, hay que decir que, en ese ciclo, cuyo punto culminante fue el desarrollo de las coordinadoras del 75-76, la idea de CGT única sólo fue puesta en cuestión por la Juventud Trabajadora Peronista. Tanto el PRT- ERP, como las otras organizaciones marxistas (OCPO, PST, PO) defendían la idea de central única, y fue por su insistencia que la idea de “recuperar los sindicatos y la CGT” quedó incorporada al programa de la Coordinadora resuelto en el plenario del 28 de junio del 75. De hecho, el 3 de julio las coordinadoras movilizaron a las sedes cegetistas en todo el país exigiendo la huelga general que, dos días después, el Comité Central Confederal se vio obligado a declarar para el 7 y 8 de julio, sellando la suerte de López Rega y Rodrigo.

La división sindical, la existencia de más de un solo gremio en una actividad determinada, contradice el propio concepto de sindicato: una asociación de obreros para luchar por la defensa de sus salarios y la mejora de sus condiciones de trabajo, independientemente de sus ideas políticas, religiosas o de cualquier tipo. Es cierto que la burocratización, la traición, la violencia represiva de los dirigentes hacen muy difícil el trabajo en los sindicatos, pero la solución no es la división sindical.

Los trabajadores entienden esto perfectamente y, si bien en algunos casos se ven obligados a formar sindicatos nuevos, saben que la unidad sindical es una ventaja decisiva, independientemente de los dirigentes. Por eso, no sólo se trata de defender la idea de central única y sindicato por rama de actividad, sino de luchar por alcanzarla contra su principal oponente, que no es otro que la propia burocracia sindical.

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