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Parada contra el pizarrón, la maestra da pelea por cumplir un rol fundamental en la construcción   de la sociedad y para paliar las deficiencias de un sistema en crisis. Una mirada al interior del aula.

Después de haber pasado 30 años adentro de un aula, quiero transmitir algunos aprendizajes en relación a cómo el Gobierno y el Estado invierten la carga de la responsabilidad en el proceso educativo, inculpando a los trabajadores para auto absolverse.

Ningunos privilegiados

Para justificar los bajos salarios y el magro presupuesto educativo se intenta instalar que una maestra de jornada simple trabaja 4 horas diarias y tiene tres meses de vacaciones. Pero la realidad es que considerando el trabajo extra aula suman 6 horas y media; y como en un alto porcentaje es necesario hacerlo en dos cargos llegamos a 13 horas diarias. Pero la jornada no termina con el timbre de salida, el docente se lleva el trabajo y la preocupación para el resto del día, debe estudiar, planificar y evaluar con la carga emocional y de tensión que significa, ya que cada calificación es una toma de decisión respecto de otro ser humano. Mientras que las vacaciones son de 50 días.

También se invierte la responsabilidad cuando se acusa a los docentes de falta de idoneidad, siendo el Estado el que no garantiza el perfeccionamiento convirtiéndolo en una pérdida de tiempo, y por épocas son suspendidos porque los docentes, con buen criterio, los transforman en asambleas.

Solos en el aula

Han pasado varias reformas: El Congreso Pedagógico de 1986, la Ley Federal de Educación de 1991, la Ley de Educación Superior de 1995. En ninguna de ellas el eje del debate fue el “aula” (simbolizamos con esta palabra a todos los lugares donde se produce el proceso de enseñanza-aprendizaje). El sistema educativo debe ser pensado desde ellas, y no desde las oficinas ministeriales, porque es allí donde los estudiantes como los docentes viven la mayor parte del proceso: el clima en las “aulas” debe favorecer el pensar y el hacer, con el adecuado mobiliario y material didáctico, una iluminación abundante, bien calefaccionadas o refrigeradas, y la ausencia de ruidos externos. Pero aún así la maestra o el maestro están solos, ya que desde el ministro al auxiliar, pasando por los asesores, directores, secretarios, equipos técnico-educativos, con sus asistentes educacionales, sociales, psicopedagogos, ayudantes de laboratorio, y de las escasas salas de geografía, de idiomas, de audiovisuales, etc. no toman conciencia que son el complemento necesario del docente de “aula”. La maestra cual Ulises (más que una Penélope) pelea y pelea porque sabe que está en la primera línea de combate por elevar la calidad de la educación.

Presente de cuerpo, ausente de alma

La mayoría de los alumnos no se concentran por una serie de causas: 1) Los chicos tienen hambre porque no han comido o lo hicieron mal, debido al bajo ingreso de sus padres o porque éstos tienen que salir a trabajar y no pueden prepararles la comida. Muchos de ellos comen un sándwich en el quiosco de la escuela o almuerzan alguna golosina. 2) Se sabe que las cercanías de las escuelas son lugares preferenciales de venta de droga, pero la justicia y la policía parecen no darse cuenta. 3) La televisión tiene una fuerza imposible de contrarrestar con el material didáctico obsoleto que brindan los gobiernos. 4) El predominio del individualismo que les es inculcado de múltiples formas (es lamentable que los alumnos se manden al frente unos a los otros ante la menor observación). 5) Los programas de estudio obsoletos o falsamente actualizados para los cuales no se cuentan con los recursos adecuados. 6) La falta de capacitación de los docentes que no es provista por las autoridades. 7) La escuela ha perdido la centralidad en la vida de los jóvenes (y de los adultos), cualquier hecho es suficiente para faltar a clase, abandonar el aula, o interrumpir la clase.

Si se valora la educación, a esta altura de las necesidades de la sociedad moderna habría que implementar un régimen de jornada completa cuyos docentes deberían ganar un salario equivalente al de un obrero petrolero o aceitero (los dos sectores mejor pagos). Mientras que para casos especiales se podría mantener un régimen de jornada simple.

Durante la gran huelga en Buenos Aires el Estado capitalista enfrentó a los trabajadores con todos sus recursos, incluido el de los medios de comunicación que se unificaron en contra de la educación: se le cayó la careta al pseudo enfrentamiento de Clarín con 6,7,8. Como contrapartida crecieron los sectores de la población que comprendieron la falsedad del discurso hegemónico.

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