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Foto: Cooperativa La Brújula

Por María Petraccaro

 

Pensar en la situación de la mujer en el mundo laboral en los tiempos de macrismo es asistir, una vez más, a un hecho que se repite a lo largo de la historia: la mujer es la primera víctima de los ajustes. Eso significa feminización de la pobreza, menor acceso a derechos, mayor precarización laboral, pérdida de puestos de trabajo y, en casos puntuales pero emblemáticos, hasta la misma muerte.

Es que, entre los fríos números de despedidos y más allá de los porcentajes, resaltan entre los datos los nombres de dos mujeres, víctimas fatales de las medidas laborales del gobierno que asumió en diciembre pasado. Yolanda Mercedes era una auxiliar de educación de Mar Del Plata, a la que los descuentos de la gobernadora María Eugenia Vidal por los paros realizados le comieron todo el salario. La mujer, de 60 años, falleció en abril al enterarse de que en su cuenta bancaria había sólo 40 pesos. Apenas unos días después, desde el Chaco llegó la noticia de la muerte de Melisa Bogarín, trabajadora precarizada del INTA, quien con 30 años desarrollaba tareas para el programa Pro Huerta. Su compañero había sido despedido unos días antes y ella se descompensó en medio de una asamblea mientras luchaba por el sostenimiento de su puesto de trabajo.

Ellas son el caso extremo de una línea de decisiones políticas que trajo consecuencias enormes para la clase trabajadora en general y para las mujeres en particular. “Siempre tenemos una gran diferencia, en el tema salarial y de precariedad, que es donde más se ve. Pero en este mundo capitalista, seguimos siendo las mujeres las más afectadas por las crisis del trabajo”, apuntó Marta Galante, Directora del Departamento de Género de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). El de los estatales fue el sector más golpeado por las políticas del macrismo y, no casualmente, es al que pertenecían Mercedes y Bogarín. “Hay un gran porcentaje de mujeres en el número de despidos. En el ajuste que hizo Macri, sin dudas, la población más afectada fueron las mujeres, sobre todo aquellas que son jefas de hogar”, puntualizó.

Esto es así porque, además de quedarse sin empleo, las mujeres también vieron en estos meses reducirse su acceso a derechos básicos, fundamentalmente la seguridad, la justicia y la salud, con la disminución o el cierre de programas específicos. Y ni hablar del retroceso en materia cultural y social, habida cuenta de los ejemplos que sobran en los medios sobre lo que opina la dirigencia del PRO en asuntos de género.

Así, con políticas de este tenor, se refuerza la doble explotación a la que están sometidas las mujeres en las sociedades capitalistas. Es decir, por un lado, en tanto trabajadoras en el ámbito de la producción, con salarios inferiores a los de sus compañeros varones, con peores situaciones de precarización laboral, con menores posibilidades de alcanzar mejores empleos o escalar posiciones dirigenciales. Y, por el otro, como trabajadoras en el ámbito de la reproducción, encargadas del mantenimiento del hogar, el cuidado de niños, ancianos y enfermos, la alimentación, entre otras, o sea, de las tareas negadas al reconocimiento económico pero que son instrumento indirecto de la valorización de capital.

Asistimos, entonces, a lo que puede ser un importante retroceso para las mujeres trabajadoras, porque buena parte del ajuste (directa o indirectamente) ya ha recaído o puede hacerlo sobre sus espaldas. Dependerá del movimiento de mujeres en general y del feminismo en particular ponerle coto al macrismo, que no es otra cosa que la cara más rancia del patriarcado neoliberal.

 

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