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La victoria del NO en el plebiscito convocado para refrendar los acuerdo de paz firmados entre el gobierno de Santos y las FARC-EP, dejó boquiabierto a todo el mundo. ¿Cómo es posible que el pueblo Colombiano vote en contra de la paz? Lo primero que se debe responder es ¿por qué más del 62% de los colombianos y colombianas no fueron a votar (y no van a votar en ninguna elección)? Elíecer Gaitán dijo alguna vez: “Porque el gobierno colombiano tiene la metralla homicida para el pueblo y la rodilla puesta en tierra para el oro americano”.

La historia de Colombia ha estado marcada por la exclusión política de las mayorías. La supuesta polaridad entre liberales y conservadores es la fachada de una democracia restringida que descansa en el acuerdo tácito entre la clase dominante. Desde los inicios de la república en el siglo XIX, la acción directa del pueblo ha sido la única vía de participación autónoma. Así se explican la violencia rural en los años `30, las manifestaciones del Bogotazo en 1948 tras el asesinato del candidato a presidente Elíecer Gaitán, y el nacimiento de las guerrillas en los `60. El terror fue fomentado, preparado y armado por los Estados Unidos, combinando fuerzas del ejército regular, grupos paramilitares de gran envergadura, escuadrones de la muerte y -desde la década del 80- con el narcotráfico.

Ser oposición política, dirigente sindical, dirigente campesino o estudiantil significa, todavía, arriesgar la vida.

La segunda pregunta debe ser ¿por qué el 50% de quienes sí fueron a votar, votaron por el NO? Debemos por lo menos enumerar las principales razones: el aparato electoral del presidente Santos jugó poco y nada, porque no había cargos ni plata que repartir, pero sí repartía costos políticos apoyando una u otra opción; la campaña sucia y eficaz llevada adelante por el ex presidente Álvaro Uribe y los medios de comunicación, donde entre otros argumentos se instaló que de triunfar el SI se conformaría “una dictadura castro chavista homosexual, que obligaría y enseñaría a los niños desde su primaria instrucción a ser homosexuales…”; el papel de la iglesia, en particular la cristiana evangélica de enorme influencia en los sectores más pobres, que fue gran propagandista de estas mentiras y que agregó de su propia facturación: “que la paz sólo la puede imponer dios”, y  décadas de demonización de las FARC.

¿Por qué las FARC negocian? Con más de 50 años de guerra, la población campesina, su base social fundamental, se ha reducido notablemente por los desplazamientos forzados (hoy es cerca del 30% de la población). La guerra psicológica y el terror han tendido un cerco sobre el campo. Y aunque la guerrilla no puede ser derrotada militarmente (conclusión que el mismo Estado colombiano y los yanquis sacaron), ésta no puede aún romper el cerco político y desarrollar su política con fuerza de masas en las ciudades. Los acuerdos no resuelven la justicia social, pero de implementarse pueden modificar las reglas del juego, tanto para fortalecer y dar espacio al desarrollo de la lucha de masas como para impulsar una democratización de la vida política que permita otra acumulación de fuerzas. ¿Riesgos? Todos. Fundamentalmente la vida de los compañeros y compañeras, que son conscientes del peligro que corren y de la apuesta que hacen. Pero es difícil pensar que una fuerza insurgente con tanta experiencia encima, se entregue atada de pies y manos, desarmada. Si se avanza con lo acuerdos efectivamente, será cuestión de meses comprobar la eficacia de las garantías.

¿Qué papel juega Uribe? El uribismo logró capitalizar, paradójicamente, el descontento social por las condiciones de vida de la población, que no va a ser resuelto por los acuerdos de paz. Uribe representa a un sector importante de la burguesía y negocia que la tierra que se robaron los terratenientes no sea devuelta a los campesinos, que ante la Jurisdicción Especial para la Paz no se siente a los empresarios y terratenientes, y no ser juzgado por los crímenes atroces cometidos por los militares y paramilitares durante su gobierno.

¿Y ahora? En el acuerdo firmado, el uribismo no estaba en la mesa de negociación. Ahora, es posible un escenario de negociación con todas las partes armadas: ejercito, FARC, ELN, y paramilitares (representados por Uribe). De ser así, la justicia será la gran perdedora y, tal vez, sea el precio por el fin de la guerra.

A la pregunta final de si ¿se está verdaderamente en el fin de la guerra? Le cabe la certeza de que no será el fin de la lucha de clases en Colombia.

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