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Entrevista Con Jorge Pollo Sobrero, Delegado De La Unión Ferroviaria De La Línea Sarmiento

Se cumplió un año de la tragedia de Once y está por culminar el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra, ¿qué se puso de manifiesto a partir de estos casos que tanto conmueven a la sociedad?

Lamentablemente es a partir de verdaderas masacres, como en el caso de Once, donde se ve la desidia de los empresarios. De igual modo que en el asesinato de Mariano Ferreyra, donde también se muestra a las claras el triángulo que nosotros siempre veníamos marcando de empresarios, gremios y gobierno. El asesinato de Mariano y la tragedia de Once son consecuencia de ese entramado de complicidades.

En primer lugar, hay que decir que lo de Once no se trató de un accidente. Lo que hubo fue un asesinato, porque la empresa tenía conocimiento del estado en que estaban los trenes, lo sabían los funcionarios que tenían que hacer los controles y miraron para otro lado, todo el mundo sabía. Los usuarios habían hecho reclamos, nosotros hicimos muchísimas denuncias y medidas de fuerza, yo mismo llevé a Schiavi a recorrer las vías. Nadie puede decir que no sabía que podía suceder, y cuando hay un conocimiento de la situación, entonces ya deja de ser un accidente.

¿Se sabe algo del estado de la investigación por la tragedia de Once?

Puede que el juicio tenga dos aristas: la primera es que quede en la responsabilidad de Córdoba, el motorman que conducía la formación, que es lo que están tratando de hacer. Si es así, entonces se taparán las verdaderas causas. Con esta estrategia y para desviar la investigación, intentaron culpar al motorman desde el principio diciendo que iba hablando por celular, que había estado de joda en Gualeguaychú, y no sé cuantas cosas más que quedaron demostradas como falsas. La segunda opción, las más justa, sería que se vaya a fondo en la investigación, y entonces veremos que las responsabilidades van a llegar hasta los empresarios que no hicieron las obras ni el mantenimiento, a los que deberían controlar y no controlaron, y a los cómplices que permitieron que se llegara a esta situación.

¿Qué hay de cierto en esa idea de que los trenes no están mejor porque la gente que viaja los rompe, los “vandaliza”, según palabras de la presidenta?

La gente rompe los trenes porque viaja mal. Si vos tenés un vagón con aire acondicionado y televisión no lo vas a romper. El tema es que el usuario ve que es maltratado día a día por la empresa, porque si la persona que viaja sintiera que el tren es parte de su patrimonio, lo cuidaría como si fuera un auto propio.

¿Cómo se acaba con la corrupción del sistema?

Ahora existe la oportunidad de romper con los responsables del desastre del sistema, porque si tenemos un juicio ejemplar en el caso Mariano Ferreyra y una investigación seria y a fondo de la tragedia de Once, entonces quedaría bien al desnudo cómo funciona el transporte.

Que el Estado se haga cargo de los servicios, ¿no sería un paso necesario también?

Sí, pero tampoco garantizaría que no existieran negociados mafiosos. El cambio tiene que ser en todos los sentidos, porque la corrupción llega a tal grado que, por ejemplo, la empresa Ferrobaires, cuando fue entregada al Estado de la provincia de Buenos Aires, tenía 138 locomotoras y hoy tiene apenas 10. Sabemos que en talleres Maldonado cortaron varias máquinas. Se hacen denuncias y se pide que se investigue, pero no se avanza en nada. Esa también es una cueva de bandidos, donde el 80 por ciento de los trabajadores están precarizados y donde el manejo es totalmente punteril. Esa gente, también participó de la patota que asesinó a Mariano Ferreyra. Entonces, la solución no es solamente que el transporte pase a manos del Estado, sino que tiene que entrar en juego otra lógica, pensar al transporte como sistema, tener una política de transporte integral y romper con la cadena de corrupción en uno de los sectores más importantes para el desarrollo del país.

¿Qué sería tener una política de transporte integral?

Es replantearse todo el transporte, que el país mejore la infraestructura, tanto en transporte de pasajeros como de carga, pero teniendo en cuenta no solo los trenes sino también los colectivos, los camiones, los barcos y los aviones. Si se la mira de modo integral por ejemplo, la carga puede subsidiar al pasajero. El Estado debe hacerse cargo, pero con una fuerte participación en la ejecución y el control por parte de los trabajadores y los usuarios.

¿Qué cambió en este último año, en cuanto a las medidas del Estado luego de la tragedia de Once?

Las obras que se están realizando en el Sarmiento son las que tendría que haber hecho la empresa en todos los años que explotó el ramal. Todo el trabajo sobre vías, señalización y arreglos son los lógicos, los que corresponden para un normal funcionamiento. El tema es que esas obras deben hacerse en todos los ramales.

Lo preocupante es que el Estado invierte los arreglos, se hace cargo de los déficit y de la desinversión que deben hacer las empresas, compra las flotas de trenes nuevos, pero después qué pasa, le devuelve las concesiones a los privados para que ganen y lo destruyan sin poner un peso. Lo más probable es que el Sarmiento vaya a manos del grupo Romero y Roggio, los mismos que destruyeron el Roca, el Belgrano Sur, el San Martín, entonces qué hacemos, le damos de cuidar las gallinas a los lobos.