COMPARTIR

Norma Plá se sube a una valla en pleno Tribunales, le saca la gorra a un policía de la Federal y la muestra como trofeo. Esa foto de 1991 la inmortalizará. Luego hará llorar al ministro Cavallo, y le sugerirá amablemente que deje de pagar la deuda externa y le pague lo correspondiente a los jubilados. El entonces presidente Menem le dedica unas palabras a ella y a quienes se manifiestan cada miércoles por la actualización de sus haberes: “Si tienen tanta fuerza para protestar y mandar a policías al hospital, bien podrían tener fuerza para trabajar, y no lo hacen”.

A mediados del año pasado, el ahora ex titular del PAMI Carlos Regazzoni volvió sobre la idea de que los jubilados deberían seguir vendiendo su fuerza de trabajo un tiempo más: “Las personas a los 65 años están muy bien y pueden seguir trabajando”. Regazzoni explicó su propuesta argumentando que “la medicina dice que lo mejor es seguir trabajando porque es lo que mejor mantiene la cabeza”.

La justificación de la idea de incrementar la edad jubilatoria no es nueva, y siempre tiene como excusa la sustentabilidad del sistema previsional, en un mundo en que el promedio de esperanza de vida se ensancha. La otra variable que se repite es que los especialistas que se montan en esa teoría tienen su domicilio o sus intereses en los organismos de crédito internacional.

Un informe del Banco Mundial titulado “Oportunidades y desafíos económicos de la transición demográfica argentina”, observa que en la actualidad, el país vive un “bono demográfico”, eso significa que la mayor parte de la población tiene entre 15 y 64 años. Esta “ventana de oportunidad demográfica”, se cierra en 2035,  cuando el índice de personas en edades “pasivas” se incrementará notablemente. La receta es sencilla: aumentar la edad jubilatoria, que en estos días es de 60 años para las mujeres y 65 para los varones.

Si bien el Banco Mundial reconoce que una fuente razonable para aumentar la caja previsional sería atacar el trabajo en negro, sugiere que “por otro lado, en un contexto de vejez saludable y de mayor productividad, en el cual los trabajadores voluntariamente deciden permanecer en el mercado de trabajo por más tiempo, podría acompañarse dicho fenómeno con el incremento gradual de la edad mínima legal de retiro”.

En nuestro país, los haberes jubilatorios se garantizan a partir de las contribuciones de los empleadores, los aportes de los trabajadores, impuestos coparticipables de las provincias e ingresos que llegan a ANSES a partir de impuestos a los combustibles y los cigarrillos, entre otros.

El Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino sostiene que “en Argentina hay cerca de un 40 por ciento de trabajadores en negro y un mercado laboral con gran expulsión en estos días, por lo que la discusión en torno a la edad mínima jubilatoria no tiene sentido”. Es decir, que si se volcaran los esfuerzos en recuperar la producción, generar puestos de trabajo y formalizar a los trabajadores informales, se incrementaría notablemente la caja previsional.

El planteo no puede leerse como un desliz en las declaraciones de un funcionario, sino con una clara intencionalidad por instalar el tema.

Norma Plá falleció en 1996, a los 63 años. Si por los dueños de los cálculos y las estadísticas fuera, ni siquiera hubiera llegado a jubilarse.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER