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Pedro “Pitu” Salinas es referente del Movimiento 26 de Junio del Frente Darío Santillán en Rosario. Tres de sus compañeros, Jere, Mono y Patóm, fueron asesinados la madrugada del 1º de enero de 2012 en lo que se conoció como “el triple crimen de Villa Moreno”. El hecho se constituyó en una bisagra respecto del tratamiento del tema del narcotráfico en la ciudad.

¿Qué consecuencias trajo el triple crimen de Villa Moreno?

A nivel local pudo generar algo, que era uno de nuestros objetivos: el debate estructural sobre el narcotráfico, hacer que en Rosario necesariamente se deba discutir sobre narcotráfico, sobre sus vinculaciones con la juventud y principalmente que en ese debate pueda aparecer el actor de la corporación policial como parte del problema y no de la solución. A partir de la lucha por el triple crimen se desató un debate en el que se pudo decir que en esta ciudad hay un problema, que en la provincia hay un problema que es muy grave y que muchos trataron de tirar debajo de la alfombra durante muchos años. De hecho la campaña electoral es testigo de eso, hoy cada uno de los candidatos necesariamente tiene que decir algo sobre el narcotráfico, tiene que dar alguna propuesta para la juventud.

La causa cuenta con cinco procesamientos firmes, confirmados por la Cámara, por la autoría material del triple crimen. A su vez, algo que no registra precedentes muy inmediatos en la provincia, en una causa conexa la Cámara también confirmó tres procesamientos a tres policías, dos de ellos de jerarquía, por la complicidad institucional policial. En dos semanas ya deberíamos saber si va a juicio oral o escrito y tener para principio de año una sentencia.

¿Qué es lo que está pasando en los territorios de la ciudad de Rosario?

Lo que pasa en Rosario amerita un análisis diferenciado de lo que pasa en el resto del país. Es lo que era inevitable que pase si uno revisa los últimos 10 años de gestión municipal, que ha determinado un formato específico de cómo hacer desarrollar y crecer a la ciudad. Intentó ponerse de cara a la captación de las divisas que generaba el mercado agroexportador, que impulsó lo que hace cinco años se conoció como el “boom inmobiliario”. Ese mercado y su desregulación impúdica creó el caldo de cultivo para el blanqueo de economías delictivas: las economías de las organizaciones narcocriminales se blanquean fundamentalmente en el rubro inmobiliario, en el rubro automotriz, en el ocio y los boliches nocturnos.

Además, desde hace por lo menos cuatro años, hay un retiro, silencioso pero sostenido, de las políticas sociales de los territorios, hoy los territorios están desbordados. El enorme drama que se da es que por un lado el Estado se retira de su lugar de asistencia social y en la política ningún espacio queda vacío. Hoy en los territorios ese espacio de asistencia social lo tienen las bandas narcocriminales. Los que financian copas de leche, emprendimientos, incluso en el barrio Las Flores hay una experiencia muy increíble con la banda Los Monos que ha financiado un mini programa de vivienda para los vecinos.

Todos esos planos condensan en nuevas formas de construir identidad de los pibes. Hay escasas posibilidades de construir identidad como antes se pensaba, a través de instituciones, porque antes vos tenías en el barrio el club donde se juntaba la pibada, tenías la escuela. Cualquier institución dejó de ser referencia. Los pibes no tienen donde generar identidad más que próximos a la violencia, siendo el soldadito de tal o cual búnker, perteneciendo a tal o cual barrabrava. Hoy eso es lo único que le da identidad a un pibe en un barrio y lo único que le da un respeto y un nombre. Es desde ya una identidad falsa, pero es con la que disputamos las organizaciones sociales que queremos forjar otro tipo de relaciones para los pibes.

¿Hoy esa es la disputa principal?

Sin dudas. Hace cinco o seis años la principal disputa en el territorio era el puntero, tanto del PJ como del PS. Hoy prácticamente los punteros no existen, se ven cada vez menos o tienen funciones cada vez más disminuidas y limitadas, porque también los punteros han perdido lugar en el territorio con el avance del narcotráfico. Muchos sectores que tenían anclaje en el territorio han tenido que retroceder en determinados espacios y funcionalidades que tenían. Hoy cualquier organización territorial que se precie de tal, que tenga un laburo serio sobre todo en relación a la juventud, si se propone hacer un trabajo serio en territorio, es enemigo frontal y natural de las bandas de narcotráfico.

¿Y cómo se expresa esa disputa?

La manifestación exclusiva y unívoca de esa disputa son los pibes. Es si al pibe lo metés en la murga o se va de soldadito a tal búnker. Lo que es también sintomático es que esto nunca se da de manera frontal, nunca va a venir un soldadito a dispararte porque tenés a un pibe en la murga. Pero es una disputa tan cotidiana y sostenida como esa, como integrar al pibe a un espacio, a una cooperativa, a la murga, a donde fuere o que esté de soldadito en un búnker.

¿Hay articulación entre las organizaciones sociales y el Estado en estos temas?

Está clarísimo que el Estado no ha caído en la cuenta y no ha atendido que este problema, por lo menos en territorios, se soluciona si se apoya en, y fortalece a, las organizaciones populares, no hay otra salida. Los funcionarios del Estado no conocen la dinámica del territorio ni remotamente. De hecho nos separa un abismo en cuanto a cómo pensar el problema del narcotráfico y cómo combatirlo, no sólo en el territorio sino a nivel general. Entonces es muy complicado que sean esos funcionarios del Estado los que tengan el deber de pensar y oficiar políticas públicas que por lo menos reviertan un poco la actual situación de desidia que se vive en los territorios. Esta es la gran deuda del Estado.

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