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Se enciende la cámara y todos los micrófonos apuntan al Dr. Carlos Regazzoni, primer titular del PAMI en la era Cambiemos. La pregunta es una sola: ¿por qué se le quitó cobertura en algunos medicamentos a los afiliados a la obra social? Regazzoni ensaya con relativo éxito una respuesta y argumenta que se dejarán de cubrir al 100 por ciento los denominados “fármacos obsoletos” que son inútiles y carentes de una evidencia científica que explique su real valor terapéutico y sanitario. Sin embargo, no explica por qué si tienen esta carencia, hay que seguir consumiéndolos y, aún más, seguir pagándolos. Y, aún mejor por qué lo que antes pagaba la obra social, ahora lo dividirán 50 y 50 con los afiliados.

El Dr. Constantino Touloupas, especialista en Farmacología Clínica y consultor independiente en sistemas de gestión de medicamentos, explica que con la llegada de Regazzoni “se hizo, acríticamente, un ajuste brutal que tiene dos costados: uno el de los medicamentos inútiles, científicamente discutibles o cuestionables que el PAMI no los paga más al 100 por ciento, o sea obligó a la gente a pagar la mitad en lugar de decirle a la industria ‘mire, nosotros no lo pagamos más pero la gente tampoco’. El segundo eje del ajuste fue una limitación socio económica, por resolución, que es que aquellos jubilados que ganaban la mínima y tenían alguien que se podía hacer cargo de ellos, perdían el beneficio del 100%. Ponerle el punto de corte en 6 mil pesos habla de un desconocimiento profundo de lo que vale un tratamiento”.

En este punto la pregunta que se impone es: ¿resulta pertinente, desde el punto de vista sanitario y científico, que no se cubran todos los medicamentos que se comercializan? La respuesta es sí. Pero, entonces, ¿la decisión del PAMI es correcta? La respuesta es no. Porque esta decisión lo que hace es transferir el pago al afiliado de algo que considera sin valor terapéutico. Si la obra social busca ir verdaderamente al fondo del problema y, como bien argumentó su responsable, quitar la cobertura de medicación obsoleta ¿por qué no se dejan de cubrir absolutamente (o sea, no paga ni el PAMI ni el afiliado) y se alienta, además, a que la población deje de consumirlos? Aquí la respuesta adquiere un carácter significativo: por decisión política. Para no perjudicar a quien lo vende.

Argentina cuenta con un marco regulatorio por el cual afortunadamente no existe la obligación de consumir y pagar todo lo que ANMAT autoriza. El problema es que el PAMI es un organismo históricamente intervenido que le ha entregado la administración, gestión y toma de decisiones a las Cámaras de la Industria Farmacéutica que representan a los laboratorios del país y han impuesto la cobertura de prácticamente todos los medicamentos registrados. Motivo más que suficiente para que la obra social decida que es mejor seguir manteniendo los negocios claros con la industria del medicamento que enemistarse por defender la salud y el bolsillo de los jubilados.

A comienzos de abril se dio a conocer la noticia de que, aconsejado por el  vicejefe de gobierno Gustavo Lopetegui y el coordinador de gabinete Mario Quintana, Macri decidió desplazar a Carlos Regazzoni del PAMI. ¿Los motivos? La necesidad de profundizar el ajuste, su negativa a hacerlo y los deseos de Quintana de ser él (flamante socio de Farmacity) quien negocie los contratos con la industria farmacéutica. Mientras tanto, 5 millones de jubilados y afiliados a la obra social siguen pagando (con dinero y con salud) las decisiones que toman algunos gerentes.

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