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A casi un siglo de la Reforma del 18, se imponen cambios de fondo en la educación superior, para romper con la lógica mercantil y que la universidad se pinte de pueblo.

 

Por Esteban Carre Presidente CEP-UBA

Nahuel March Ríos Coord. CECSo-UBA

Después de 10 años de kirchnerismo, nos parece fundamental poder hacer un análisis serio sobre dónde estamos parados, en términos de política educativa. Es decir, nos parece fundamental poder ver cuáles son las continuidades y rupturas con las políticas educativas anteriores para poder ver  en qué es lo que hay que avanzar como movimiento estudiantil para lograr una universidad que realmente se pinte de pueblo.

Entendemos que mucha de nuestra educación actual es heredera del pensamiento liberal, atomizado, empresario, pro imperial. En muchas facultades se desarrolla ese proyecto. Este modelo de universidad es restrictivo, formalmente se mantiene la gratuidad, pero en la realidad es cada vez más difícil que los hijos de los sectores más pobres de nuestro pueblo ingresen a la misma. Este tipo de conocimiento es elitista, muchas veces anacrónico y desligado de las necesidades sociales. Pensamos que se deberían garantizar apuntes, becas, comida, transporte, etc., para los estudiantes universitarios, y de esta manera garantizar realmente el acceso y permanencia de los estudiantes en la universidad.

Si bien estas cuestiones para nosotros son fundamentales, de ninguna manera pensamos que estas luchas estén aisladas a la disputa por la orientación de los contenidos de la universidad, nosotros queremos programas y estudiantes comprometidos con el cambio social, que puedan disputar la argentina que viene y perfeccionarse al servicio de nuestro pueblo. Es decir, que los 10 años del gobierno kirchnerista no han cambiado sustancialmente las políticas educativas universitarias, las cuales se mantienen muy parecidas a lo que vienen siendo históricamente. Ejemplo de esto es la existencia de la LES y la CoNEAU.

La CoNEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria) es un organismo del Ministerio de Educación de la Nación, creado por la Ley de Educación Superior menemista en 1995, encargado de evaluar y acreditar carreras de grado, entre otras funciones. La LES, parte de lo que fue la política neoliberal de los años 90, define a la educación como un servicio cuando todos sabemos que la educación es un derecho. Es esta lógica, la mercantil, la que predomina en la CoNEAU. La LES menemista tiene varios puntos realmente polémicos. Por un lado, se plantea la educación como un servicio (y no un derecho), llegando a extremos tales como permitir su arancelamiento. Por otro lado, deja bastante claro en función de qué intereses plantea organizarla. Se fomenta la financiación no estatal de la Universidad -“generación de recursos propios”-, provocando que crezcan las áreas que son útiles a las empresas (por ejemplo el impresionante edificio de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA construido gracias a los “servicios a terceros”) en detrimento de otras que pueden ser más importantes para el fin social de la Universidad (formar sujetos críticos y conscientes, solucionar problemáticas sociales importantes). Y, en el mismo sentido, se facilita mucho la incidencia de intereses del “modelo productivo” en los planes de estudio, a través de un mecanismo de “acreditación” de las carreras ante la CoNEAU, organismo donde las Universidades Nacionales tienen una representación minoritaria. De cara a estas políticas educativas totalmente regresivas y neoliberales es necesario que las organizaciones del campo popular, avancemos en unidad contra las mismas para defender la educación pública.

Frente a este escenario, pensamos que, para avanzar en una educación al servicio del pueblo, y para que el pueblo pueda ingresar a la misma, hay que avanzar en una democratización de la universidad. El carácter anti democrático del co-gobierno de la UBA es lo que sostiene las restricciones a las clases populares, los planes de estudio anacrónicos y una universidad, y por ende futuros profesionales, ajenos a los problemas más sentidos de nuestra patria. Levantamos las banderas de los reformistas del 18, pero hoy, casi 100 años después, una nueva reforma de la universidad se hace necesaria.

Avanzar hacia una reforma que profundice la democratización de la universidad es avanzar hacia una universidad que se pinte de pueblo. Es necesaria una real participación de los estudiantes y las organizaciones estudiantiles que verdaderamente luchan por la educación pública y transformadora, para romper con el carácter anti democrático de la UBA.

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