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> Por Julián Axat*
La relación entre Infancia e Inseguridad viene siendo una sensación. Inseguridad subjetiva es la que siente la víctima, el rechazo social hacia un tipo de victimario, muchas veces menor de edad. La Inseguridad subjetiva es metafísica. No se puede medir. La parte policial de los diarios son su termómetro y caja de resonancia. Por lo que inseguridad se transmite a lo que siente el juez antes de penar, al policía antes de detener.
Son pocas las veces que se escribe e informa sobre datos duros, estadísticas sobre la relación de niñez-adolescencia y delito, que a la vez implique: cantidad de jóvenes presos, edad de esos presos, condiciones de detención, tipo de delitos cometidos, y también tipos de víctimas. Los hombres temen a “los menores”, porque un aparato mediático y social ha penetrado en las mentes con una señal reproductible: el niño pobre y suelto en la calle, es igual a posible objeto portador de sospecha.

La ausencia de una política de transparencia cultural sobre el valor y la identidad de la infancia excluida, al menos desde el punto de vista de información ciudadana con impacto a nivel provincial y nacional, es una deuda pendiente de la democracia. El déficit que permite seguir tratando a las juventudes en forma autoritaria y oscurantista. Es el costo de la peligrosidad. De las etiquetas y sus fraudes.

La sensación de inseguridad juvenil, puede ser real, pero si está acrecentada por medios que la multiplican en  pánico y el temor, entonces las percepciones pasan a ser cuasi-religiosas, y las demandas consecuentes de los ciudadanos, son una cruzada moral contra chivos expiatorios a exorcizar.  En esta cruzada, si no se puede con el demonio, se lo extermina.

En efecto, la sensación de inseguridad juvenil hoy es una demanda constante que impacta en las penas a niños, impacta en la separación de ellos de sus padres, es el aislamiento y psiquiatrización manicomial, el límite en las excarcelaciones. Trae aparejado anuncios de bajas de edad de imputabilidad, aumenta el encierro, y casos de ejecuciones extrajudiciales, o desapariciones. Todo un sacrificio efebológico.

El salto cualitativo es transparentar y hacer pública otra cultura para la infancia. Que no gobierne la sensación, el pánico. La Inseguridad objetiva y la información franca (no peyorativa y reduccionista) des-victimiza, y genera una mirada no punitiva de los jóvenes de los márgenes. Es responsabilidad del Estado de Derecho fomentar políticas de promoción y protección robustas, pero también educativas, racionalidad en la medición e información sobre la porción de infancia vinculada a las transgresiones, y/o a la victimización. Tanto UNICEF, SENNAF, y varios Observatorios, vienen realizando informes periódicos sobre el estado de la cuestión estadístico socio-asistencial-penal-juvenil el términos de políticas. Sin embargo no ha sido asumida la cuestión con toda la fuerza que el Estado debe otorgarle.

En la línea de la Asignación Universal por Hijo, es decir, continuando con este tipo de políticas serias, debe dictarse una ley penal juvenil a nivel nacional, que reemplace el Decreto de la dictadura 22.278. También debe crearse un Observatorio Nacional de Infancia, que universalice la información, y permita su acceso a cualquier ciudadano. Por último, el AFSCA (ex Confer) debe sancionar a aquellos que tienen mala fe a la hora de informar sobre estos temas. De este modo se da un nuevo plafón, hacia un proyecto de inseguridad de tipo objetiva, una infancia sin miedos, y con potencia de ciudadanía.

*Defensor Juvenil de La Plata, y poeta.