COMPARTIR

Entrevista con Eduardo de la Serna, sacerdote, coordinador del Grupo de Curas en Opción por los Pobres.

En alguna oportunidad usted ha hablado del fenómeno de la Papolatría que viene desde Juan Pablo II, ¿a qué se refiere?

La palabra Papolatría yo la usé en el sentido teológico, partiendo de que no hay una sola verdad que no se pueda manipular idolátricamente, que es una frase de un gran biblista alemán del siglo pasado. Es decir que lamentablemente a cualquier realidad humana y religiosa se la puede idolatrar.

La idea de la Papolatría tiene que ver con los papados anteriores que generaron que en algunos momentos, fuera más importante citar al Papa que citar el evangelio. Y eso no puede pasar. Lamentablemente pasa eso en muchos mensajes eclesiásticos, donde la palabra Iglesia aparece el doble de veces que la de Jesús, es decir que todo se distorsiona. En nuestro caso, siendo que el Papa es argentino, con una muy buena imagen, es algo a lo que debemos estar atentos.

Incluso por fuera del ámbito de la Iglesia, ¿no hay una euforia un poco exagerada en relación a Francisco en nuestro país?

Por supuesto, a eso me refiero. No puede ser. Si hay algo que me parece que no tiene nada que ver con los preceptos cristianos es el plan de seguridad de Scioli y sin embargo en la presentación del plan, el gobernador lo citó al Papa Francisco. Es una manipulación de la figura del Papa y de lo religioso, como tantas veces lo ha hecho el poder político en nuestro país, para poder sacar rédito de un lado y de otro. Eso lo hizo la dictadura y lo está haciendo Scioli y gran parte del arco político, desde Duhalde hasta Macri. Hoy todos quieren reunirse con el Papa, porque transmite buena imagen.

Pero el Papa los recibe a todos…

Es razonable que el Papa reciba a todos. Después queda por ver si él va a decir en algún momento si va a jugar explícitamente por un sector. Muchos de los que lo consideraban el jefe de la oposición están reclamándoselo, pero no parece que pueda pasar.

¿Hubo un viraje en la relación con el gobierno?

Hay una reposición razonable porque cambió la situación. Una cosa es ser arzobispo de Buenos Aires y otra el obispo de Roma, y del lado del gobierno lo mismo, porque es otra relación.

¿Cuánto juega en todo el fenómeno Francisco la cuestión de la imagen, de los gestos?

Para ser preciso creo que muchas de las cosas que ha dicho y hecho han sido muy mal recibidas por ambientes eclesiásticos. Fundamentalmente tiene que ver con que el Papa, al insistir en su discurso sobre la pobreza, al insistir en que el pastor debe sentirse con olor a oveja, le causa mucho rechazo a los sectores que se creen más importantes que la gente. Es decir, que ese sector reaccionario no quiere saber nada porque quedan escrachados, porque prefieren que la gente venga a besarles las manos. Ese enojo lo generan las cosas que yo celebro de la llegada de Francisco al Vaticano.

¿Y en acciones qué ha hecho?

Si lo que se esperaba es que el Papa hiciera la reforma de la curia vaticana, eso todavía no lo ha hecho. Otras cosas que se esperaban como la reforma del Banco del Vaticano, eso tampoco. Se puede buscar que el Banco tenga una mayor transparencia, pero la realidad es que el Banco Vaticano va a seguir, cosa con la que no estoy de acuerdo. Al mismo tiempo hay sectores muy conservadores que siguen presentes y a los que el Papa les ha confirmado su liturgia. Personalmente me parece que no ha habido cambios fundamentales.

Todo lo que tiene que ver con la cercanía con el pueblo, es algo positivo. Que se busque una Iglesia más horizontal y no tan de arriba hacia abajo también es importante. Pero volvemos a lo mismo, no hay cambios estructurales y entonces todo el peso va en torno a la figura del Papa. ¿Pero qué pasa si el Papa muere hoy, qué queda?

Hace días se cumplieron 40 años del asesinato del Padre Mugica, ¿qué importancia tiene hoy su figura?

La conmemoración de los 40 años del asesinato de Mugica fue muy fuerte, tuvo mucha repercusión e incluso la presidenta participó de los homenajes. Sólo eso ya generó resquemor en los sectores conservadores. Basta ver sino el tratamiento del diario La Nación.

Creo que la repercusión de la figura de Carlos tuvo más eco que en años anteriores porque hoy hay un movimiento nacional y popular más consolidado, donde da la sensación de que algo está pasando, y al mismo tiempo la percepción de que hoy hay una Iglesia con una postura mucho más cercana a la gente. Esas dos cosas confluyeron en un mismo momento y por eso hoy tuvo otra repercusión a la que tuvo cuando se cumplieron 25 o 30 años de su asesinato.

Además por primera vez hubo obispos que participaron de los actos, aunque claro que ninguno participó de la misa de la capilla de San Francisco Solano, que es donde lo mataron. A mí me gustaría que la Iglesia diga que la figura de Mugica es un modelo de cura a seguir.

¿Cuánto queda en la Iglesia de hoy de aquella Teología de la Liberación, cuánto queda de la proposición de “trabajar y compartir desde el lugar del pobre, desde la clase popular”?

Otro elemento a tener en cuenta a la hora de repasar la figura de Carlos es que se ha intentado generar una imagen bastante domesticada. Mucho de lo que se dijo de Carlos no tiene que ver con el Carlos que conocimos, pero es comprensible si se piensa que también se ha domesticado a Jesús.

La figura de Mugica y su corriente teológica y pastoral permanece vigente en los curas que se tuvieron que poner al frente de las topadoras cuando quisieron pasar por arriba a las villas.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER