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La llegada del fracking a la Argentina se produce en un contexto de creciente importación del combustible, pérdida del autoabastecimiento petrolero y un escenario de reservas comprobadas de gas y petróleo convencional que apenas superarían una década de consumo. El anuncio del descubrimiento del yacimiento no convencional “Vaca Muerta” en Neuquén y la posterior expropiación de la mayoría del paquete accionario de Repsol-YPF marcaron el comienzo de una narrativa épica que busca construir el mito de la independencia energética y del abastecimiento de combustible “por 100 años”. Un relato que omite contarle a la sociedad sobre  las gravísimas consecuencias para la salud y el medioambiente de la controvertida técnica de extracción petrolera conocida como fracking, o fractura hidráulica. FRACK YOU En la fractura hidráulica se debe alcanzar una formación llamada esquistos o “roca madre”,  lugar donde se formaron los hidrocarburos hace millones de años. De allí migraron hacia las rocas receptoras, en su mayoría areniscas, lo que conocemos hoy como un pozo tradicional de petróleo. Cuando la formación es perforada, la presión del yacimiento empuja el petróleo a través de la arenisca, una roca permeable que permite el paso de fluidos. En cambio el esquisto se caracteriza por ser una roca de baja permeabilidad que no permite el paso de los fluidos que quedaron atrapados cuando se formaron los hidrocarburos. La razón de ser del fracking es volver permeable la roca madre. En los no convencionales se realiza una perforación vertical, generalmente mucho más profunda, que va de los 3000 mts a los 5000 mts. Dado que estas formaciones son angostas, se suele continuar con una perforación horizontal que puede llegar a los tres kilómetros de extensión. Desde la superficie se inyectan enormes volúmenes de agua y arena mezcladas con una sopa química tóxica. La tremenda presión que lleva, fractura la roca, liberando el gas atrapado en los intersticios. Por la acción de la arena y el cóctel químico las fracturas se traban, impidiendo que se cierren y permitiendo que escape el gas y el petróleo que asciende a la superficie. DAÑOS COLATERALES Diversos informes estiman que en cada pozo de fractura se utilizan hasta 30 millones de litros de agua. Informes del Congreso de EEUU, del prestigioso Tyndall Centre y del Parlamento Europeo confirmaron que de los 260 químicos detectados utilizados por la industria: 17 son tóxicos para organismos acuáticos, 38 tóxicos agudos, 8 cancerígenos probados, 6 sospechosos de ser cancerígenos, 7 elementos mutagénicos y 5 afectan la reproducción. La película “Gasland” documenta los tremendos impactos del fracking en EEUU: agua que explota, acuíferos contaminados con químicos y la salud arruinada de miles de personas. Países como Francia y Bulgaria prohibieron la fractura hidráulica. Suiza, España, Sudáfrica, Inglaterra y EEUU, entre otros, van por el mismo camino, promoviendo moratorias y fuertes regulaciones ambientales. En Argentina decenas de municipios se declararon “Libres de Fracking”. La provincia de Entre Ríos lleva la delantera con 17 municipios que decretaron el no al fracking. Tienen una buena razón: el acuífero Guaraní, la mayor reserva de agua dulce del planeta pasa bajo sus pies, la intrusión de metano y químicos dentro del acuífero es una posibilidad bien real. El fracking no respeta geografía y el país entero está en la mira. La rentabilidad obliga a multiplicar por miles los pozos perforados, en tanto la productividad decae más de un 50% después del primer año de producción. Las cifras de consumo de agua y químicos deberán también computarse por las miles de perforaciones necesarias, sus impactos también. Obnubilados por la narrativa de una Arabia Saudita vernácula, los gobiernos esquivan la discusión sobre la matriz energética y la necesaria y urgente agenda de transición a las energías renovables. * Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH) – Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE) . pablolada@hotmail.com

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