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A mediados de abril, cuando los venezolanos vayan a votar -y más luego también- tendrán en sus manos el legado que Chávez escribió y diseñó para el futuro: el Programa de la Patria. Asumirlo y llevarlo adelante, el hermoso compromiso de Maduro y el bravo pueblo bolivariano.

> Por Agustín Santarelli

Luego de desenvainar la espada de Bolívar y colocarla sobre el féretro, Nicolás Maduro acomoda el micrófono a su altura y rinde homenaje a Hugo Chávez Frías, el “comandante invicto”. Se le quiebra la voz, por momentos casi llora y entonces pide que le alcancen algo, un librito, es el Programa de la Patria, conocido también como el Segundo Plan Socialista para el período 2013-2019. Maduro lo muestra y dice ya firme: “Su testamento lo escribió él mismo en junio de 2012, de puño y letra. Aquí nos dejó cinco tareas históricas de un pensamiento que forma parte de un sistema de valores, de principio, inspirados en Bolívar”.

La declaración por el socialismo y el antiimperialismo no fueron manifestaciones ni decisiones que el propio Chávez tomara desde antes de llegar al gobierno. Todavía en la Capilla Ardiente, Maduro recordó aquellas palabras de Chávez: “Voy a levantar las banderas del socialismo nuestro, americano, indígena, bolivariano, cristiano. Vamos a atrevernos con audacia a construir ese sueño de la humanidad”.

El día 11 de marzo, al oficializar su candidatura a presidente para las próximas elecciones del 14 de Abril, Nicolás Maduro presentó el mismo plan.

 

Las cinco tareas históricas

“No nos llamemos al engaño, la formación socio-económico que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Este es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; diseccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital”, aclara Chávez de puño y letra en el plan 2013-2019.

Para esto, se trazan cinco tareas históricas: Defender, expandir y consolidar la independencia; continuar construyendo el socialismo del Siglo XXI, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo; convertir a Venezuela en un país potencia dentro de la gran potencia naciente de América Latina y el Caribe, garantizando la paz en Nuestra América; contribuir en el equilibrio del universo; y preservar la vida del planeta y salvar la especie humana.

Dentro de una cantidad importantísima de acciones, se citan objetivos como la defensa de todos los recursos naturales y áreas estratégicas en manos de la nación, tareas como la diversificación de la economía; alcanzar la soberanía alimentaria; fortalecer, recuperar y avanzar el Poder Popular en los espacios de gobiernos para profundizar la restitución del poder al pueblo. Se propone la culminación de un gasoducto por aquí y la compra de chanchos por allá. Todo en detalle.

Uno mira un inciso dentro de otro apartado y se encuentra con que no sólo se habla de la creación de viviendas, de fábricas o escuelas, sino que por ejemplo uno llega al punto 1.5.2.2 y lee: “Propiciar el programa la Escuela en la Fábrica, o unidad productiva a efectos no solo de mejorar los niveles de preparación para el trabajo, sino más aún la cultura del mismo, la organización en Consejos de Obreros y el Punto y Círculo como elementos sustanciales del cambio del modelo productivo”, y luego más abajo: “Impulsar nuevas formas de organización de la producción que pongan al servicio de la sociedad los medios de producción e impulsen la generación de tejido productivo bajo un nuevo metabolismo para la transición al socialismo”. El metabolismo al cual se refiere el inciso 2.1.1 es el de modificar la relación del trabajador con el trabajo, y así lo refuerza un par de puntos después: “construir una cultura del trabajo que se contraponga al rentismo mediante el impulso de la formación desde la praxis del trabajo, conciencia del trabajador y trabajadora, como sujetos activos del proceso de transformación  participación democrática del trabajo bajo los más altos intereses nacionales”. (2.1.3.1)

Ahí está la potencia del planteo de Chávez y del proceso bolivariano, en no quedarse quieto en la tenencia y administración de los recursos de un país y pelearse con las corporaciones, sino en meterse contra el sistema.

Porque el capitalismo transforma a hombres y mujeres en un objeto, en una mercancía más que se compra y se vende -en el mejor de los casos por 8 horas diarias-, haciendo que la vida se resuma en ir de casa al trabajo y del trabajo a casa, pues entonces como contrapartida, debe reconocerse el marcado intento por construir una sociedad con personas creadoras, seres críticos, enriquecidos por su capacidad conciente de para qué se trabaja, con qué intereses. Trabajar para el beneficio del pueblo, y saberlo, es un acto liberador.

Menuda tarea ha dejado Hugo Chávez a su pueblo y a los pueblos que quieran un mundo mejor. Démosle gracias, porque ha abierto el camino para alcanzar el desafío y el sueño más lindo que pueda soñarse, recuperar eso que nos vuelve humanos.

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