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Con el 2015 en puerta y en la curva final del tercer mandato kirchnerista, se impone un balance del modelo económico que intentó implementar. Esfuerzos y claudicaciones en el gobierno de la pos convertibilidad en el que el despilfarro, el consumo suntuario y la fuga de capitales de los empresarios en que confió su destino, le ganaron una vez más a la inversión y al desarrollo.

El kirchnerismo afronta el cierre de su tercer mandato con incierto futuro, con dudas en torno a quién encabezará la lista oficialista en las próximas elecciones presidenciales y con un trunco intento por establecer un modelo neo desarrollista (desarrollista por su intención industrialista, y neo por sus continuidades con el neo liberalismo de los 90). El punto decisivo del proyecto kirchnerista fue su intento de apoyarse, para desarrollar la sociedad y en particular la economía, en la burguesía nacional, clase que existe pero que no es progresista, ni anti imperialista.

El conflicto con las entidades rurales, por la disputa de la renta agraria extraordinaria, fue el límite y el tope del modelo.

Si la intención del kirchenismo, nunca debidamente explicitada, era destinar esa enorme renta para el desarrollo de la industria, terminó desbaratada ante una clase que desde 1880 renunció a volcar sus cuantiosos recursos para hacer de la Argentina un país moderno, y conformarse con un capitalismo de desarrollo intermedio y dependiente. La debilidad del Gobierno facilitó que la renta agraria tuviera destinos no productivos –fuga al exterior, inversión inmobiliaria suntuaria, especulación financiera, etc.-. Lo mismo ocurre con la cuantiosa renta financiera.

En el diario oficialista Página/12 del 9 de noviembre, el periodista Alfredo Zaiat reconoce que: “El 2014 terminó con transferencias al exterior por 1.700 millones de dólares, casi el 25 % más que en el 2013”, presentando como positiva una nueva claudicación. Otro tanto se puede decir de su desastrosa política energética, que autorizaba la fuga al exterior de la renta petrolera a través de Repsol. La lista puede continuar con la contaminante minería a cielo abierto, la subsidiada y protegida industria automotriz, etc.

Si se asume que el kirchnerismo es lo más avanzado y progresista que puede aportar el capitalismo y su clase dominante para hacer avanzar al país, pues habrá que probar que sean los trabajadores y el pueblo quienes lo intenten, con otra forma organizativa de las relaciones de producción y de vida, es decir con el socialismo.

Porque Argentina tiene potencialidad para su desarrollo, demostrado por la rápida recuperación que sucede a cada crisis, comprobada en el último período de crecimiento sin recurrir al endeudamiento externo. Su estructura productiva está basada en unas ampliamente difundidas relaciones de producción capitalista, pero deformadas por su dependencia del imperialismo. Esta combinación, más la abundancia de recursos humanos y naturales, la hacen un país en donde las potencialidades para que se desarrollen las relaciones de producción socialista sean excepcionalmente favorables. En nuestro país, se ha abierto la necesidad histórica de que otra clase, la trabajadora, transforme esas relaciones de producción capitalistas que le impiden liberar a sus fuerzas productivas para crecer impetuosamente.

En esta nota no nos proponemos analizar las vías de una posible revolución social, sino las posibilidades de que una tal revolución encuentre los recursos económicos para avanzar en el socialismo y esos recursos, además de los mencionados, no son otros que los que brinda su Excedente Económico.

El concepto de Excedente Económico (EE)

A modo de advertencia conviene aclarar que se pondrán en cuestión elementos que pueden parecer complejos y engorrosos, pero que son la base del capitalismo dependiente y de lo que debe ser transformado si se quiere desarrollar el país.

Como primera aproximación podemos decir que el Excedente Económico es la diferencia entre lo que la sociedad produce y lo que gasta o consume en esa reproducción.

Para los fisiócratas de la primera mitad del siglo XVIII en Francia la única clase productiva era la que trabajaba la tierra, es decir, los campesinos. Esta clase con su trabajo generaba un excedente que llamaron Producto Neto, el que se calculaba por la diferencia entre la cantidad total de bienes producidos y el consumo de los campesinos. El Producto Neto luego se distribuía entre las clases no productoras como los nobles, el clero, los comerciantes y los artesanos. Por lo tanto el bienestar se alcanzaría a través del desarrollo de la agricultura.

Poco después, con el florecimiento del capitalismo industrial, en Inglaterra se desarrolló lo que se conoce como economía política clásica. El filósofo escocés Adam Smith en su libro La riqueza de las naciones (1776), rompiendo con las escuelas anteriores, comienza analizando que el valor proviene del trabajo aunque, esta idea, cobrará plena vigencia con los trabajos de Carlos Marx. Sostenía que el excedente debía dedicarse a la ampliación de la capacidad productiva, que conduciría a una ampliación de la producción. Y que, para lograr una mayor eficiencia era necesaria la división del trabajo que conducía a un aumento de la productividad.

Por su parte David Ricardo (1772-1823), otro exponente de la escuela clásica, profundizó la idea de que el valor de los bienes estaba determinado por el costo del trabajo incorporado en ellos. Consideraba que el salario era igual al costo de producción del trabajo, lo que suponía el de los medios necesarios para la subsistencia del trabajador y su familia. También sus preocupaciones tenían por objeto determinar el origen y monto del producto excedente.

En tanto, el revolucionario Carlos Marx (1818-1883) siguiendo la línea de los clásicos le dio forma precisa a una idea, hasta entonces confusa, que desdobla el concepto de valor de un producto. Marx considera un valor de uso que hace que sean deseados por las personas pero, por su carácter subjetivo, no puede usarse como medida para el intercambio; y un valor de cambio, o simplemente valor, determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario -la cantidad de trabajo requerido en las condiciones medias de productividad del trabajo existentes en una época y en un país dado- para producirlo.

Uno de los grandes hallazgos de Marx fue haber diferenciado el trabajo de la fuerza de trabajo. Esta última es la capacidad que tiene un obrero de realizar trabajo y es lo que el capitalista le paga, para garantizar su subsistencia y la de su familia –por ser la reproductora de la fuerza de trabajo-. Mientras que todo el trabajo realizado por el obrero es el que está contenido en el valor de la mercancía producida. La diferencia entre el valor creado por el trabajo y el valor de la fuerza de trabajo, fue llamada por Marx plusvalor. Al ser los capitalistas los dueños de las fuerzas productivas se apropian de la masa de plusvalor, o excedente, para su propio beneficio, quedando la cantidad que éste destina a salarios, sujeta al nivel de la lucha de clases.

Apropiado este plusvalor por el capitalista, su reconversión en capital es lo que se denomina acumulación del capital. Porque, para que la producción en el capitalismo no sólo se mantenga sino que se incremente, el capitalista debe invertir parte del plusvalor en nuevos medios de producción y nuevos salarios, es decir, en nuevo capital, aumentando así la escala de la producción, dando lugar con ello a lo que Marx llamó reproducción ampliada del capital. “La magnitud de la acumulación depende de cómo se divida el plusvalor entre el fondo de acumulación y el de consumo”. (Marx. 2006. T. 1. P. 730). Si un fabricante de autos destina una pequeña parte del plusvalor a cubrir la amortización del capital original y el resto a gastos suntuarios, la producción se mantendrá siempre en el mismo nivel (reproducción simple), perdiendo la carrera en el mercado frente a aquellos capitalistas que destinen partes crecientes del plusvalor a su fondo de acumulación (reproducción ampliada).

Los economistas neoclásicos (neo liberales), a diferencia de los clásicos y de Marx, no consideran la existencia del excedente ya que, según ellos, el trabajador es remunerado por su productividad.

En el siglo XX se desarrolló la escuela estructuralista en donde llamaron “excedente productivo” a lo que Marx había denominado “fondo de acumulación” surgido del plusvalor.

Marco teórico

Más allá de los necesarios y justos debates conceptuales acerca de la definición de excedente (y de coincidir con los marxistas que la finalidad que persiguen los capitalistas es la acumulación de capital vía la apropiación del plusvalor, y no con la de aquellos estructuralistas que sostienen que es la de satisfacer las necesidades del consumo), para exponer nuestras ideas nos basaremos en el concepto de Excedente Económico (EE) elaborado por el estructuralista Celso Furtado. Para este economista brasileño, el Excedente Económico viene dado por la diferencia entre el producto generado por una sociedad, que se mide como Producto Bruto Interno (PBI), y el Costo de Reproducción Social (CRS).

El Costo de Reproducción Social, según Furtado, se encuentra representado por el nivel de vida del trabajador no calificado multiplicado por el número de habitantes. Dicho de otra manera, el excedente es la masa de recursos susceptible de ser acumulada después de cubrir las necesidades básicas de la población.

En el trabajo “El excedente económico y sus usos en la Argentina de la pos convertibilidad” de José Sbattella (peronista con formación marxista) y otros (Realidad Económica, mayo 2013) se realiza un detallado proceso de cálculo del Costo de Reproducción Social, que se puede sintetizar del siguiente modo: El CRS tiene dos componentes: el salarial, es decir lo que recibe el trabajador como sueldo (o jubilación según el caso), y el no salarial compuesto por la educación y la salud públicas, los subsidios al transporte y al consumo de energía, menos los aportes tributarios.

Para simplificar los cálculos separamos a las personas en dos sectores: Aquellas en capacidad de trabajar más los niños que están a su cargo y se los agrupa por familia tipo (90% de la población); y por otro lado las personas mayores jubiladas (10% de la población). Para este último caso se consideró el haber mínimo.

Para realizar el cálculo y analizar la distribución del Excedente Económico remitimos al recuadro “Cálculo y distribución del Excedente Económico” y lo sintetizamos en el siguiente gráfico:

 

Como se observa, la distribución del Excedente se distribuye en Inversión productiva, Consumo Suntuario y Fuga de Capitales. Históricamente los capitalistas argentinos han destinado la mayor parte de su ganancia a lo suntuario.

En el período 2003-2011, cambió la distribución del Excedente Económico. El Consumo Suntuario, que es por lejos el destino más abultado, bajó considerablemente, pero menos de la mitad se trasladó a la Inversión Productiva, porque una parte importante se fugó al exterior. Estos resultados deberían alentar la reacción de los sectores más avanzados del kirchnerismo, pero el chaleco de fuerza de su concepción ideológica capitalista se lo impide.

Producto Interno Bruto e Inversión Productiva

Para tener una visión del conjunto de la economía, expresamos el PBI por la suma de sus destinos: el Costo de Reproducción, la Inversión Productiva, el Consumo Suntuario, la Fuga de Capitales, y la Depreciación del Capital.

Durante el período 2003-2011 ha habido mejoras en cuanto disminuyó el gasto suntuario y se incrementó de la inversión productiva (ver gráfico) pero, teniendo en cuenta la evolución de la economía en los años 2012 a 2014, resulta evidente que esos avances no han sido suficientes para incrementar y ni siquiera mantener el crecimiento económico. En estos tres años la economía ha entrado en turbulencias por la caída de las reservas de divisas, el aumento de los servicios de la deuda, el aumento de la fuga de capitales, el encarecimiento del dólar, el crecimiento del déficit energético, la alta inflación y la caída de los salarios. De esta manera el ciclo virtuoso de la economía, un poco más extenso que en otros períodos, ha finalizado de la forma que es habitual en la economía argentina, en el estancamiento de la misma.

De esto podemos adelantar dos conclusiones: que las mejoras en la distribución del PBI han resultado completamente insuficientes para mantener un crecimiento sostenido de la economía, y que esta insuficiencia se ve agravada porque seguramente no se han mantenido los valores registrados en 2011. Es por estas razones que para tener una visión más próxima a la realidad actual es que hemos decidido calcular los promedios de los indicadores estudiados para todo el período.

La Inversión Productiva araña el 15%, y el Costo de Reproducción Social apenas supera el 30%. Si comparamos la IP de Argentina con la de China resultará evidente el porqué el coloso chino crece a tasas chinas y la Argentina se estancó. En el país asiático la IP ronda el 40% de su enorme PBI. Sería demasiado aspirar a tener ese mismo nivel de inversión, pero se puede aspirar a que se duplique, subiendo del 15% actual hasta alcanzar un 30%, sin recurrir al endeudamiento externo. Estos 15 puntos pueden salir de eliminar la Fuga de Capitales y reduciendo drásticamente el Consumo Suntuario. El 15% del PBI argentino, que para facilitar el cálculo redondeamos en 500.000 millones de dólares, representan 75.000 millones anuales. Esa cantidad de millones están en la economía interna, entonces por qué la desesperación de salir a los mercados internacionales de divisas. La respuesta es que la clase capitalista argentina, tanto la tradicional como la emergente en los últimos años, no está dispuesta a resignar su nivel de vida comparable al que tienen las burguesías de los países capitalistas desarrollados.

En las reflexiones finales de su trabajo Sbattella le pide al “Estado que avance en esta área”. Él sabe, pero no lo puede decir porque es funcionario del gobierno, que el Estado no es un organismo neutro, sino que responde a los intereses de la clase que lo conforma. Sobre esta cuestión, es reveladora una de las novedades que aportó la década ganada. En el suplemento económico Cash de Página/12 del 19/10, bajo el título “Burguesía…”, los economistas Alejandro Gaggero, Martín Schorr y Andrés Wainer analizan el comportamiento de la “vieja” y la “nueva” burguesía nacional y se presenta una lista de esta última apañada desde el gobierno: Electroingeniería, Calcatera, Caputo, Indalo/Cristóbal López, Pampa Holding, para llegar a una conclusión lapidaria para el Modelo: “pese a ciertas construcciones discursivas y a la eventualidad de algunos conflictos ‘en el margen’, se manifiesta una fuerte confluencia de intereses entre el capital extranjero y los diferentes segmentos del gran capital nacional”.

Como vemos, no se puede esperar nada de la burguesía. Deberán ser los trabajadores los encargados de producir el “milagro” argentino. Sólo con una Inversión Productiva similar a la de China podremos tener crecimiento a tasas chinas. Pero como decía el líder revolucionario de ese país, Mao Tse Tung, por más calor con que se empolle a una piedra no va a nacer un pollito. Es por eso que no es implorando a la burguesía nacional que invierta productivamente que la economía crecerá. Para ello debe emerger a la dirección del país la clase social que está objetivamente interesada en el desarrollo, y ésta es la clase trabajadora, porque la mejora de sus condiciones de vida sólo pueden provenir de la creación masiva de puestos de trabajo genuino, con altos salarios, es decir del crecimiento. Pero su tarea no se detendrá solamente en modificar los valores de la distribución del PBI, sino que al ponerle el sello de su clase, además de la economía capitalista, también estaría comenzando a reemplazar la conciencia individualista propia de este sistema para desarrollar una conciencia solidaria, es decir, socialista.

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