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Entrevista con Paula Danel. Docente de la cátedra Perspectivas Antropológicas para la Investigación Social – UNLP, investigadora de CETSyS.

 

¿Qué significa socialmente “ser viejo”?

La vejez, como todo grupo etario, es una construcción histórico-social. Desde hace 20 años hasta acá ha cambiado mucho la mirada de la vejez y también los cortes por edad.  Hoy la mirada de los mayores, entre los 60 a los 75 años, ha descendido en su estereotipo. Hace dos décadas se los pensaba como personas que no aportaban, descartables y en la actualidad vemos un avance de ese grupo en la ocupación del espacio público y en la participación socio política.

Creo que los que conservan la mirada más estereotipada y prejuiciosa son los que pasan  los 75 y empiezan a experimentar un proceso de deterioro, que les implica depender de algún otro para la satisfacción de algunas necesidades.

 

Existe culturalmente la idea de que cuando  alguien se jubila y deja de aportar al sistema productivo se convierte en alguien inútil, en un gasto ¿En esa mirada hubo un cambio?

El capitalismo es tan hábil que logra convertir todo en productor de excedente. Si uno piensa en el capitalismo industrial que modeló las prácticas económicas hasta mediados del siglo 20, podría decirse que alguien que se jubilaba, dejaba de producir. Pero hoy  el capitalismo financiero ha generado una producción del excedente a través del consumo.

En la industria del turismo vemos que los mayores consumidores son los que tienen más de 60 años. Sumado al incremento que se dio en los años 70 y los 80 de la mercantilización del sector salud. Las cuestiones de salud de los mayores pasaron de resolverse en el sistema estatal al subsector privado, financiado por el Estado o las obras sociales.

Por el cual una persona mayor ya no produce en los términos clásicos de la división social del trabajo pero si es garante de la rentabilidad de la industria farmacéutica, de las clínicas, de los geriátricos, etc.

Se ha revalorizado a los adultos mayores no desde un buen lugar, pensándolo con derechos ciudadanos, sino pensándolo como consumidor, volviéndolo un actor importante en la lógica de maximización del capital.

 

¿Por qué motivo muchos deciden alargar su vida laboral?

Considero que el cambio en los ingresos puede llevar a muchas personas a prolongar su permanencia en el trabajo. El acceso a la jubilación en la Argentina, históricamente provoca un proceso de empobrecimiento porque el 82% móvil, que es una bandera histórica del movimiento obrero, creo que efectivamente nunca se cumplió.

Muchas veces el tránsito de la actividad laboral a la jubilación se vive con pesar básicamente por lo económico y los cambios en los hábitos y en la calidad de vida que conlleva cobra menos plata al mes.

La Universidad Católica Argentina (UCA) plantea que desde hace unos años  se registra un proceso de empobrecimiento de los mayores y que la situación se profundizó con el gobierno macrista.

 

¿Qué sucede con la convención cultural del trabajo como el ordenador de la vida de las personas?

Ese puede ser otro motivo por el que alguien decide seguir trabajando pese a estar en condiciones de jubilarse. El retiro pone en evidencia una disminución en la red social.  Cuando se empieza a tener menos vincularidad con el mundo del trabajo, las relaciones con los pares puede verse afectada.

Claramente el trabajo es un ordenador de la vida, pero ante el cese esa líbido es necesaria volcarla en otro espacio. Ahí depende la trayectoria y la singularidad de cada uno para pensarse más libre y sentir un aprisionamiento el tener que elegir o transitar por espacios nuevos.

En un artículo, Ana Facio se pregunta si los procesos de integración e inclusión de los mayores debe ser una política de Estado o algo individual. Ella concluye que el procesamiento de los conflictos sociales deben ser inscriptos en la agenda del estado y que el retiro laboral constituye un conflicto. Entonces el Estado tiene que generar y promover instancias de participación, porque si no se generan tienen efecto en la salud  y el bienestar de la población.

 

Además de pensar a los adultos mayores desde lo económico ¿cuáles son las formas de pensarlo desde lo social, lo político, lo cultural? 

Desde lo cultural hay una máxima que uno envejece como ha vivido. La pertenencia de clase marca las trayectorias posibles. Igual es cierto que cuando el Estado empieza a generar mayores instancias de inclusión a veces se revierten algunas trayectorias. En la última década hubo un incremento de centros de jubilados y culturales donde se dio una política de financiamiento de talleres.

Igualmente este último año y medio, si bien los programas que se han generado para incluir y dar herramientas culturales a los adultos mayores no se modificaron sustancialmente, hay subejecución y atraso en los pagos. En términos de asignación presupuestaria la cosa seguiría igual, pero en los territorios se percibe otra cosa. Los mayores se sienten burlados porque el retraso en el pago a los talleristas hace que muchos cursos cierren.

Dentro de las experiencias de apropiación cultural puedo destacar la experiencia de teatros comunitarios como el de La Plata, donde laburan historias vinculadas al tren provincial y otra en Berisso que recupera la historia del frigorífico y las luchas obreras. Eso lo pueden rescatar porque muchos viejos que están en esos grupos porque están relatando en primera persona y hacen jugar sus identidades.

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