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¿Quién es Chávez y qué significa para nuestro tiempo?

Chávez representa, para usar un lugar común, un antes y un después en la política Latinoamericana. El antes incluía todo el proceso emancipatorio desencadenado por la Revolución Cubana en enero de 1959, pero que ya después de la implosión de la Unión Soviética y el debilitamiento de las bases económicas del proceso cubano, su influencia había empezado a disminuir ostensiblemente. Todo esto en el marco de la contrarrevolución neoliberal que había ganado lugar en América Latina. A partir del año 1999 y sobre todo luego del intento de golpe de Estado de 2002 y del paro petrolero en contra de Chávez, es que reaparece con mucha fuerza y reinstala la idea del socialismo, el socialismo del Siglo XXI.

Y ese es el enorme aporte que hace Chávez no solo al debate latinoamericano, sino mundial. Es una contribución enorme, una verdadera revolución cultural que es más importante que la revolución económica, porque la revolución cultural sienta las bases de un proceso de transición al socialismo.

Usted habla del aporte para volver a hablar y discutir el socialismo, sin embargo en la cobertura mediática nacional, prácticamente no se mencionó la palabra socialismo, ni en el análisis de la derecha ni en los medios oficialistas.

Entender esto no presenta mayores obstáculos, porque si el proyecto bolivariano es la construcción del Socialismo del Siglo XXI, el proyecto que tiene el kirchnerismo -por lo menos hasta ahora- es el del llamado Capitalismo Serio.

Es obvio que los medios que de alguna manera representan esa línea oficial traten de soslayar la convocatoria al socialismo de Chávez y señalen en cambio otros asuntos que sirven para caracterizar a este gobierno, con el término inclusión social por ejemplo, pero eso no debe sorprendernos en lo más mínimo.

Es decir que no solamente la prensa hegemónica tiene esta visión tergiversada y equivocada, sino que también algunos medios muy vinculados al oficialismo tienen una mirada del chavismo en donde el contenido socialista no aparece con la incidencia con que debería aparecer.

Hay una lectura tanto de la derecha, como la de algún sector de la izquierda -fundamentalmente la trotskista- de que tras la muerte de Chávez, y aún cuando el PSUV gane las elecciones, ya se inició otro momento histórico. ¿Es así, o habrá continuidad?

Yo creo que estas lecturas dogmáticas no tienen que ver mucho con la realidad. Porque se parte de una concepción en el que un proceso revolucionario se desempeña en un escenario vacío, en una especie de vacío histórico y estructural en donde lo único que determina la marcha del proceso es la voluntad del líder de hacer la revolución.

Por eso estos compañeros dicen que en Bolivia no avanza la revolución porque Evo no quiere, o que en Ecuador tampoco se avanza porque Correa es un obstáculo. Es decir que no ven las condiciones objetivas, no ven las conciencias de las masas, no ven cómo opera el imperialismo, no perciben la acción de la oligarquía, y por lo tanto para ellos la revolución es un mero acto voluntario.

En definitiva es una concepción metafísica, no marxista, del proceso revolucionario que por supuesto les impide comprender lo que está pasando y por qué está pasando lo que está pasando: las enormes dificultades que tiene el avance hacia el socialismo en los países que lo están intentando, aún en los que lo hacen de manera muy cautelosa. No se puede obviar la respuesta brutal de la derecha y del imperialismo ante estas expectativas, porque a la vista está que ponen en juego todos los dispositivos a su alcance para frustrar el proyecto.

Claramente hoy en Venezuela no se vive en el socialismo, pero sí se están sentando las bases para ese proceso, que es muy largo.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #10, abril 2013.

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