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Entrevista con Fernando Cabrera. Miembro del Observatorio Petrolero Sur (OPSur).

¿Qué balance se puede hacer de la primera etapa de la explotación de yacimientos no convencionales en nuestro país, en términos de rendimientos?

No hay mucha más información que la que se publica oficialmente. Se calcula que en este momento estarían en actividad entre 400 y 500 pozos. Lo que se sabe es que en principio, geológicamente, habría un alto potencial pero lo cierto es que, según el propio Miguel Galuccio (CEO de YPF) los costos no permiten que sea competitivo a nivel de otros costos de extracción en el mundo.

Pensemos que hoy Vaca Muerta juega en el TEG global como alternativa a Medio Oriente, Brasil o el Golfo de México. La comparación para las grandes empresas del mundo que buscan donde hacer sus negocios pasa por los beneficios que les puedan garantizar los Estados. En ese contexto es que hoy se discute la nueva Ley de Hidrocarburos.

¿Qué hay de cierto en la posibilidad de que el fracking se utilice en provincias y zonas que no tienen tradición petrolera?

Algo que sucede con las formaciones no convencionales es que están alojadas en extensiones mucho más amplias. El caso paradigmático es Entre Ríos y Corrientes, así como también la zona sur de la provincia de Buenos Aires, sobre la cuenca de Claromecó.

En un principio se podía esperar que frente a la fuerte avanzada del fracking y la necesidad, YPF y el Ejecutivo se iban a lanzar por todas estas cuencas. Sin embargo, lo que estamos viendo es que la necesidad de inversión y de capitales ha hecho que se focalice toda la energía en el emprendimiento que mayores réditos pueda dar que es Vaca Muerta, en Neuquén. Esto no quiere decir que no vayan a avanzar en estas nuevas zonas. Si se sigue manteniendo el precio del petróleo en los parámetros que se encuentra hoy, se sigue dependiendo de la matriz de hidrocarburos como depende Argentina, y no se desarrollaran fuentes alternativas de energía en el país y a nivel mundial, es muy factible que pasen a explotarse las formaciones en lugares donde tradicionalmente la economía pasaba por otra actividad.

¿Los recientes acuerdos firmados en materia de desarrollo nuclear y de represas hidroeléctricas con China y Rusia, pueden modificar la matriz energética de nuestro país?

Estamos hablando que la proporción del cambio de matriz energética tiene que ser muy grande. Si bien el gobierno nacional está apuntando a avanzar en energía nuclear, tratando de reactivar centrales que están hoy paradas, lo cierto es que se necesita un cambio desmesurado en los generadores de energía para poder disminuir la cantidad de hidrocarburos que consumimos.

Nosotros tenemos una matriz energética muy particular que hace que casi el 90% dependa de los hidrocarburos, y no hay grandes desarrollos en otras áreas.

Un elemento que no se puede dejar de tener en cuenta es que habría que ver quiénes son los que consumen en nuestro país.

Ese punto no está en discusión. Muchas de las empresas que más consumen son las se instalan en el país porque los costos, entre ellos la energía, son muy baratos. Y en esa bolsa entran las empresas que se llevan los recursos naturales.

Existe en ese sentido una exportación virtual de energía, las grandes mineras por ejemplo son grandes consumidoras de energía y de agua, que los estados proveen de manera muy económica. Luego esas empresas sacan toda su producción y su ganancia a sus casas matrices, habiendo hecho uso de los recursos y de agua y energía a muy bajo costo.

¿Qué sería tener políticas en relación al consumo?

Tal vez revisar por ejemplo dónde se va la mayor cantidad de energía, observar cuánto se lleva el transporte. Más del 30% de lo que se consume en Argentina se lo lleva el transporte automotor, cuando se sabe que se puede abaratar por medios como el ferrocarril; el 35% lo consume la industria (muchas vinculadas al extractivismo); y un tercer consumidor es el gran amplio residencial, del que también hay que preguntarse si no se puede reducir mediante algún modo de control.

El problema energético argentino es complejo y entonces es necesario, además de buscar alternativas en la generación, empezar a evaluar la cuestión del consumo.

Es decir, buscar otras fuentes y rever en qué se va la energía que hoy no está alcanzando.

¿A qué países le compra Argentina los combustibles?

Argentina prácticamente no importa crudo. Durante los 90, después de la privatización de YPF se exportó muchísimo crudo, brutalmente. Hasta que a partir de 98 empieza a disminuir en los niveles de producción de crudo. Lo mismo sucede con el gas y desde el 2004 comenzamos a importar el gas principalmente de Bolivia a través del gasoducto, y desde hace unos años estamos trayendo desde Qatar y Trinidad y Tobago centralmente, vía grandes buques gasíferos a un precio brutal.

Se importa gas porque gran parte de nuestra generación de energía se hace en base a centrales que dependen del gas. Es decir que más allá de la industria, y lo residencial, hay un porcentaje importante de la generación de energía eléctrica que se hace en base a gas.

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