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> Por Daniel De Santis

El 19 de julio de 1979 los sandinistas entraron triunfales en Managua y con ellos unos diez argentinos. Yo llegué en agosto para colaborar con la Revolución. Entre otras tareas militantes y laborales trabajé como profesor de física en dos escuelas populares de Managua. En una de ellas, 1º de mayo era su nombre, había tomado examen sobre equivalencias de una longitud expresada en diferentes unidades del sistema métrico decimal. Un Nica, como le llaman a los hijos de la Patria de Sandino y Carlos Fonseca, había puesto que 1 milímetro era igual a 1 millón de kilómetros. ¡Qué barbaridad! Pensé. Ya de regreso a la Argentina, continué como profesor de la misma materia y al encontrarme con errores más profundos reflexioné sobre la conducta de aquél estudiante: La palabra metro la había escuchado por primera vez en boca de su profesor porque allí, para medir longitudes, se usa una mezcla de unidades inglesas -yardas, pies, pulgadas- con españolas antiguas -cuadras, varas-. El de aquel chavalo, que se había criado en un país tremendamente pobre, en medio de la guerra civil, fue un error menor, sólo lo había hecho al revés, pero había estudiado. Varias situaciones similares me llevaron a concluir que si, pese a la guerra y a la pobreza, los chavalos estudiaban más que los pibes los motivos había que buscarlos en otro lado. Creo que un factor decisivo es, las expectativas que genera en los jóvenes un proyecto de país.

Como se explica en la nota central, fueron necesarios 100 años de adecuadas políticas educativas y luchas estudiantiles para hacer de la educación argentina una de las mejores del mundo y, una dictadura y el neoliberalismo para destruirla.

Tras llovido mojado

Es por eso que, si fuese verdadero el presupuesto que el gobierno difunde y real sus intensiones de mejorar el nivel de la educación no hubiese atacado a los educadores el 1º de marzo de este año. Cuando, ese día, la Presidenta Cristina Fernández, ante la Asamblea Legislativa, acusó a las maestras/os de tener “jornadas laborales de 4 horas y 3 meses de vacaciones”, lo hacía desde una estrecha visión presupuestaria porque, ella sabe que, las maestras/os de jornada simple trabajan 6.30 hs por día y no tienen tres meses de vacaciones sino menos de dos. Además, no son los únicos “trabajadores que gozan de estabilidad” y, si en nuestro país hay “pibes que no tienen clases” es porque no se ha revertido la visión neoliberal en la educación. Con ese ataque, es menor la injuria propinada a las maestras/os que el daño que realizó sobre la educación de esos pibes que dijo defender y éstos, si lo mismo aprenden, es porque está en la naturaleza de los jóvenes hacerlo y porque hay muchos “maestros” que enseñan pese a todo porque, el deterioro no ha logrado enajenar la vocación de enseñar que tienen las trabajadoras/es de una de las profesiones más noble.

Un proyecto educativo

Es sabido que un proyecto educativo se corresponde con un proyecto de país. El neoliberalismo considera al presupuesto educativo como un gasto, de allí que las aulas se fueran convirtiendo en otro sustantivo al que sólo hay que anteponerle la letra jota. El Ministro Sileoni formula discursivamente otro proyecto pero, en las aulas, el proceso de aprendizaje sigue idéntico al pasado reciente. Ha justificado la baja en el nivel con el aumento de la matricula, planteando una falsa antinomia ya que, se puede incorporar a los sectores sociales desplazados por el neoliberalismo y aumentar el nivel de los que ya están. Además, no alcanza con incluir sino que hay que cualificar si se trata de construir un país con una economía diversificada, eficiente y con justicia social. El joven debe sentir la convicción de que si estudia la vida será mejor.

El problema de fondo es que se destruyó la vieja escuela -formada por una primaria eficiente en dar las nociones básicas: leer y escribir correctamente, el manejo de las operaciones matemáticas básicas, la construcción de la identidad nacional con la enseñanza de la historia y la geografía argentina, las bellas artes y el deporte; un secundarios con sus Colegios Nacionales, como antesala para el ingreso a la Universidad, las Escuelas Normales, Industriales y Comerciales que preparaban en los distintos saberes técnicos- cuando debía ser superada con otra acorde con los avances científico-técnicos, sociales y humanísticos que incluyan la producción colectiva, el sentido del compañerismo y práctica de la solidaridad. Para hacerla, deben reingresar a las aulas Galileo, Newton, Lavoisier, Darwin y Marx junto al Jesucristo que echó a los fariseos del templo y, al Che Guevara que también murió por los pobres y la humanidad.

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