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Entrevista con María Celeste Castiglione. Doctora en ciencias sociales (UBA), integrante del Grupo Población Migración y Desarrollo del Instituto “Gino Germani”.

 

¿Qué expresan los conflictos relacionados a los migrantes en el mundo actual?

La situación del mundo actual no se puede desvincular del neoliberalismo como esquema económico elegido desde los 70. Es un sistema que genera no sólo desempleo sino que también forja la expoliación de lugares como África y parte del sudeste asiático.

Este punto es fundamental porque la descolonización de los 60 los dejó a muchos de estos países tan debilitados y políticamente endebles, con estados gobernados por élites raquíticas, que aceptaron la entrada de empresas multinacionales que los explotan en minas (como es el caso del coltan, que se utiliza para las baterías de todos los celulares y netbooks); o los forzaron a dejar sus cultivos para entrar en un sistema intensivo de acuerdo a las necesidades de los países centrales.

Esto destruyó las relaciones sociales existentes, e incluso anteriores a la colonización, que no se pudieron recuperar, provocando esta migración entre África y Europa. Además, Francia, España, Bélgica e Italia, poseen relaciones muy íntimas no sólo por la colonización, sino porque África es su “patio trasero”, no sólo económico, sino también “experiencial” en turismos exóticos y de súper lujo.

 

¿De qué modo ganan legitimidad los discursos xenófobos y suman votos para personajes como Donald Trump o Marine Le Pen?

Creo que son de dos tipos diferentes aunque se unen en algunos puntos, como evadir la responsabilidad que poseen por la crisis en el mundo del trabajo y discursivamente en un nacionalismo, racista, exacerbado.

El de Donald Trump apela a una narrativa que tiene mucho que ver con la idea que portaban los “peregrinos” que cruzaron el Atlántico en el mítico buque “Mayflower” y que aspiraban a crear una nueva sociedad, más pura, fuera de los esquemas monárquicos y centenarios de las dinastías europeas. Esta nueva sociedad, protestante en la línea más fuerte, impulsó el presidencialismo (en oposición al Parlamentarismo), y también una forma de colonización sangrienta y esclavista. Así como nosotros tenemos un abuelo migrante, ellos tienen en su imaginario, esa idea de trabajador granjero-predicador-ejemplo, en su tradición cercana. A ellos les habla Trump. Es el pasado que se aleja y al que siempre apelan los conservadurismos, pero que quieren recuperar. Y es también una salida fácil y ya remanida: culpan al migrante de la escasez de trabajo provocada por el sistema neoliberal que ellos mismos producen y reproducen; amén del 11 de septiembre, que constituye un hito.

En Europa me parece que la raíz del problema es el miedo: ellos comparten territorios y fronteras con imperios ideológico-políticos que anteceden a la formación del Estado Nación, del que no se pueden “aislar” y al que provocan constantemente, minimizándolos y humillándolos y que ahora se les “dio vuelta”. Porque no sólo se encuentran dentro de su territorio sino también cuentan con colaboradores europeos que se enrolan en grupos en el ISIS o son células en sus propios países. Este punto a mí me parece una “vuelta de tuerca” a la que no le han encontrado solución que todavía descoloca, a los gobiernos e intelectuales. Con el mundo musulmán existe una sorpresa y “extrañamiento” que muchos no pueden superar: les parece “natural” colonizar Marruecos, establecer el francés como lengua oficial, hacer experimentos militares en Argelia, pero los “ofende” que el domingo a la noche una familia pasee con túnica y chador, por la Avenida des Champs-Élysées.

Los europeos tienen, además, una triple paradoja migratoria: las corrientes de Europa del este, las africanas y del mundo musulmán y, al mismo tiempo todos ellos, con diversos grupos y facciones internos que complejizan aún más el panorama.

 

¿Si el capitalismo necesita a los migrantes, por qué los rechaza?

Es aún más cínico: los elige. De manera que este refuerzo y endurecimiento de las políticas migratorias, no cierran fronteras, sino que suben la “vara”. Provocando que cada vez, gente más capacitada o ideológicamente no disruptiva, sea la que pueda ingresar, pero para hacer los mismos trabajos. De manera que dentro de poco el jardinero de Miami, sea un profesor universitario ecuatoriano, o que cuide a los ancianos un médico especializado de Guatemala.

 

  ¿Tanto el DNU que modifica la Ley de Migraciones, como el discurso antimigrantes de Cambiemos, puede alterar el ritmo de ingreso de extranjeros al país?

Si, puede impactar, pero me preocupa más los que ya están, ya que el discurso que viene de “arriba” habilita a muchos a micro maltratos y discriminaciones “de ventanilla”, en hospitales, escuelas y la vida cotidiana en general, que ya estaban empezando a ser mal vistos, y que recrudecen.

 

La Ley de Migraciones aprobada en 2004 consideraba el derecho a migrar como un derecho humano, ¿esa noción peligra en el nuevo escenario?

No contribuye. Sólo va en consonancia con un clima de época al que hay que tomarse el trabajo de resistirse.

 

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