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> Por Agustín Santarelli
La opinión pública pone los ojos en los jóvenes. El kirchnerismo se aboga su “incorporación” a la política y coloca a La Cámpora en cargos ejecutivos. Los conservadores se escandalizan. Todo esto a diez años de la Masacre de Avellaneda, donde el Estado asesinó a los militantes Kosteki y Santillán.
A las 12:56 horas del 26 de junio de 2002, Crónica TV aseguraba tener la primicia de que había dos muertos por la represión policial de Puente Pueyrredón. Apenas media hora antes Darío Santillán estaba con vida auxiliando a Maximiliano Kosteki, quien agonizaba en le piso del hall de la Estación Avellaneda. A Kosteki le faltaba una semana para cumplir 23 años. Santillán tenía 21. Ambos militaban en el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Diez años después seguirían siendo jóvenes, siguen siendo jóvenes.

Mariano Ferreyra tenía 23 años cuando fue asesinado por patotas de la burocracia del sindicato de ferroviarios, el 20 de octubre del 2010. Mariano era militante del Partido Obrero. Una semana después, el 27 de octubre, falleció el ex presidente Néstor Kirchner. A su velorio concurrieron cientos de miles de personas, entre ellos muchos, muchísimos jóvenes. Esa noche y muchas otras noches y días, en distintos programas televisivos y radiales se sostuvo que uno de los legados importantes que dejaba tras de sí el ex primer mandatario había sido su “incorporación de los jóvenes a la política”. El mismo balance se repitió en esos días en los diarios nacionales.

En una nota del diario Miradas al Sur, firmada por La Cámpora (“Los jóvenes: Lágrimas de compromiso”) a un mes del fallecimiento de Kirchner, se sostenía que “La muerte de Néstor Kirchner produjo una escena impensada y sorprendente para muchos: miles de jóvenes llorando la muerte de un político (…) Porque ser joven no es una categoría etaria sino una forma de pararse en la vida. Y Néstor era joven, quién lo duda. Y por eso los jóvenes nos identificamos con él”.

Sin desconocer el real y sincero dolor que causó la muerte de Néstor Kirchner en importantes sectores de la sociedad argentina, ni Mariano, ni -probablemente- Darío, ni Maxi, se encontrarían identificados con él. Y aún así eran militantes del campo popular, como miles, de miles de chicas y chicos que día a día luchan desde distintas trincheras y espacios para cambiar su realidad cotidiana, para cambiar un sistema injusto, sumamente injusto con esa juventud.

La percepción y la instalación de la idea de una juventud protagonista se refuerza en la actualidad con el nombramiento y la aparición en la escena pública de funcionarios como el actual viceministro de Economía e integrante del directorio de YPF, Axel Kicillof (40 años), del actual Ministro de Economía Hernán Lorenzino (39 años), y Mariano Recalde (40 años), director de Aerolíneas Argentinas, entre otros. Si al kirchnerismo lo enorgullece este aspecto, a la oposición la escandaliza. Y entonces se habla de Kicillof como un judeo-marxista que “habla como si estuviera en una asamblea universitaria”, y de Lorenzino, como alguien de perfil bajo que es manejado por el judeo-marxista de Kicillof, o por el vicepresidente, Amado Boudou (un ajoventado de 48 años).

“La incorporación de los pibes a la política es lo mejor que hemos hecho, porque no somos eternos. Los verdaderos custodios del legado no somos los que estamos en el escenario, que estamos viejos, sino son todos ustedes, que no van a permitir jamás dar un paso atrás en todo esto que hemos logrado”, dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el acto realizado el pasado 27 de abril en la cancha de Vélez.

Es verdad, se ha visibilizado a un actor que no era tan tenido en cuenta en los últimos tiempos. Y eso es bueno.
“VOLVIMOS”
“Y al final volvimos a la plaza”, dijo el 25 de Mayo de 2006 el por entonces presidente argentino, Néstor Kirchner, en un multitudinario acto en la Plaza de Mayo. “Hace 33 años yo estaba allí abajo, como hoy, jugándome por mis convicciones”, continuó, haciendo referencia al aniversario que se cumplía desde la asunción presidencial de Héctor J. Cámpora.

En la propia página web de la agrupación que lleva el nombre del ex secretario de Perón, se menciona a esos días de 2006 como los trascendentales en el “nacimiento” de la organización. “(…) Néstor Kirchner, quien ya presidente, el 28 de diciembre de 2006 recibió de la familia Cámpora los atributos presidenciales del inolvidable “Tío”. Aquel acto quizás pasó desapercibido para la gran prensa, pero no para un grupo de militantes, ese día nació La Cámpora”. (El nacimiento de La Cámpora. http://www.lacampora.org/2011/03/11/el-nacimiento-de-la-campora/)

Esa reminiscencia, ese puente con los años 70, incluyendo la fundación de una agrupación que lleva el nombre del Tío fue una marca en la que el kirchnerismo se recostó, buscando una identificación y una referencia simbólica que hasta el momento el proyecto no parecía tener definida, al menos de manera autorreferencial (la derecha más siniestra y graciosa tildó, desde la quita del cuadro de Videla, al kirchnerimo como un “gobierno zurdo y montonero”).

Al margen de qué es lo que pensarían los mismos jóvenes de la propia izquierda peronista de los setenta, si se compararan sus agendas o sus consignas de “socialismo nacional” contra el “capitalismo nacional y serio” de nuestros días, o la suplantación de la histórica “justicia social” por sobre la “inclusión social” que propone la presidenta Cristina Fernández, el puente que une los años `70 a la primera década del siglo XXI, se saltea varios años de militancia y participación juvenil.

En fin, sin que se convierta en una competencia comparativa, habrá que recuperar las experiencias de los jóvenes que vivieron activamente el regreso a la democracia, que lucharon por la memoria de sus compañeros desaparecidos; del mismo modo que será imperioso levantar las luchas de los que resistieron al neoliberalismo y al olvido de los 90; como así también, a los jóvenes que se organizaron y salieron a las calles en diciembre de 2001.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #2

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