COMPARTIR

El problema del desarrollo y la justicia social no es una preocupación de los empresarios, por eso es necesario que sean los trabajadores y el pueblo quienes lleven adelante el proceso de cambio.
Un paso que no se dará nunca si no es con la izquierda y el  campo popular empujando en unidad.

Pensando en caracterizar el comportamiento de la burguesía argentina, nos topamos en estos días con un texto del escritor ruso Fiódor Dostoyevski de la época en que se formaban las nacionalidades tardías en Europa y las latinoamericanas: “Si un gran pueblo no cree que la verdad sólo se encuentra en él…, si no cree que únicamente él está dotado y destinado para elevar y salvar a los demás con su verdad, se transformará enseguida en material etnográfico y no será un gran pueblo… Una nación que pierde esta creencia deja de ser nación”.

La clase burguesa argentina dominó la economía y la desarrolló apoyándose en un suelo extremadamente generoso en medios de vida, ganadería primero y agricultura luego, y ese dominio lo extendió para detentar el liderazgo político. Su “verdad” le alcanzó para explotar a su propio pueblo, pero no tuvo ni la fuerza económica ni la convicción política “para elevar y salvar a los demás con su verdad”, es decir, para traspasar sus propias fronteras nacionales, subordinar a las clases dirigentes de otros países y convertirse en una burguesía imperialista. Cedió ese protagonismo a la burguesía inglesa primero, y norteamericana luego, y en la actualidad sectores de la burguesía nacional se entusiasman con hacer los mismos negocios subordinados, ahora, a la principal potencia emergente, China.

Para evitar la fuga de capitales, que presentamos en la nota central, es ineludible realizar la nacionalización de los bancos. Esta medida, además, eliminaría gran parte del Costo Suntuario de la parasitaria burguesía financiera. Porque, es revelador preguntarse ¿qué produce un banco? Nada, es la única y concisa respuesta. Son entidades cuya utilidad es agilizar la inversión, tarea que bien puede hacer una banca estatal con menos costo y mucho más eficientemente.

Para cortar de raíz la extorsión que mes a mes realiza la burguesía agraria que retiene las divisas provenientes de las exportaciones se hace necesaria la nacionalización del comercio exterior. Además hay que modificar de raíz el actual sistema impositivo, instalado en la década neo liberal, por el cual pagan más impuestos los que menos tienen, por otro que sea progresivo, es decir, que los vaya aumentando en proporción a las ganancias de los capitalistas. Estas tres medidas son la base de otra economía que vuelque sus recursos a una masiva inversión en maquinaria, equipo durable, fabricando aviones, barcos y trenes, desarrolle las industrias química y petroquímica y gran parte del instrumental electrónico que demandan; y realice las obras de infraestructuras, con puertos marítimos y fluviales, aeropuertos, vías férreas que integre a todas las provincias y regiones y que nos vinculen con América del Sur. Transforme el actual cuello de botella del sector industrial externo en una industria manufacturera generadora de millones de puestos de trabajo genuinos y que, a su vez, pueda, por su calidad, competir en el mercado internacional. La inversión en salud, educación, vivienda, se tiene que duplicar, y en investigación y desarrollo multiplicar en cinco o seis veces.

Pero para realizar una obra tan magnífica se necesita una gran unidad de todo el pueblo argentino sin tutelas de ningún sector de la clase capitalista que es la responsable del atraso y la explotación. La unidad de los trabajadores asalariados de la ciudad y el campo, de los pequeños productores, fabricantes, talleristas, comerciantes, productores agrarios, todas las nacionalidades originarias, las más diversas organizaciones sociales, culturales, y políticas de todos los sectores y reivindicaciones populares, unidas tras un programa común.

La confluencia de las más diversas voluntades en esta común dirección puede potenciarse en la construcción de un frente, que desande el actual fraccionamiento de las fuerzas de izquierda. Un frente en el que deben militar los diversos agrupamientos políticos pero, además, que se forje como una identidad superior a la suma de cada uno de sus integrantes, en la que los no agrupados tengan el mismo protagonismo que los que lo están. Un frente que, además de dar curso al debate de ideas, abra anchos causes al protagonismo popular, en el que las mujeres y los hombres del pueblo sean los verdaderos hacedores de la realidad social, política y económica. Un frente que luche y realice la independencia nacional, tanto económica como política, un frente que luche y elimine la explotación y haga realidad la justicia social.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER