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En veinte meses de gestión el gobierno de Mauricio Macri ya emitió deuda por casi 100 mil millones de dólares. Un recorrido por los gobiernos que aumentaron la deuda externa del país.

 La deuda externa en nuestro país pegó el salto que la convirtió en un problema nacional durante la dictadura militar, mediante la entrega de seguros de cambio a las empresas privadas endeudadas. Aunque el mecanismo (que aseguraba a las empresas un endeudamiento con un dólar a un peso, mientras el estado se hacía cargo de la diferencia) había sido introducido antes, fue Domingo Cavallo quien lo perfeccionó. La deuda saltó, entre 1976  y 1983, de 7 mil a 45 mil millones de dólares, de los cuales 23 mil representaban el “subsidio” a las empresas privadas por el mecanismo de seguros de cambio.

El alfonsinismo, por su parte, en lugar de desconocer la deuda ilegítima de la dictadura y abrir una investigación sobre su origen, la reconoció, abriendo las puertas a su legalización. Hacia el final de su gobierno, había crecido a casi 60 mil millones de dólares. La explosión hiperinflacionaria que marcó la transición hacia el menemismo, preparó las condiciones para una nueva estafa: el Plan Brady. De los 63 mil millones a los que ascendía la deuda en 1992, 33 mil fueron refinanciados mediante la emisión de una serie de bonos que alargaban los plazos de pago de la deuda. En los hechos, lo que ocurrió finalmente fue que la deuda, como mecanismo de sometimiento de la economía nacional a los intereses del gran capital, se estabilizó y se perfeccionó: cuando se produjo el estallido del 2001, la deuda refinanciada en 1992 casi alcanzaba los 140 mil millones de dólares.

Semejante volumen de deuda exigía expropiar la energía económica de la Nación. Nuevamente Domingo Cavallo llevaría adelante la política económica que conduciría al desastre a las masas trabajadoras. El Plan de “Déficit 0” establecía que el primer destino de la recaudación impositiva sería el pago de las amortizaciones de capital e intereses de la deuda externa. Una nueva reestructuración de la deuda (la tercera protagonizada por el propio Cavallo) se desarrollaría mediante el llamado Megacanje, cuyas comisiones enjugaron los bolsillos de bancos como el Francés, Galicia, JP Morgan, Santander y HSBC. De aquí, la confiscación por el estado de los depósitos del público, mediante el “corralito”.

 

La deuda bajo el kirchnerismo

La rebelión del 2001 se llevó puesto al gobierno de Cavallo y De la Rúa y, con él, a su política económica. La suspensión del pago de la deuda pública bajo el breve gobierno de Adolfo Rodríguez Saá fue una de las consecuencias directas de la rebelión. La izquierda fue incapaz de capitalizar las condiciones de la crisis y un nuevo gobierno burgués, el de Néstor Kirchner, terminó de estabilizar la situación política, después de la transición que encabezó Eduardo Duhalde.

El gobierno de Kirchner no podía sustraerse a las condiciones que la rebelión, y el estado de movilización permanente que le siguió, le imponían. A la vez, la incapacidad de la izquierda para convertirse en un factor político y desarrollar una alternativa que expresara los intereses del pueblo trabajador, permitía al gobierno y a la clase dominante maniobrar frente a la burguesía internacional y desarrollar un programa de reestructuración de la economía nacional. Fue con el respaldo de toda la clase dominante que Kirchner llevó adelante dos medidas clave: el canje de la deuda del 2005 y el pago al FMI 2006.

El canje del 2005 consistió en la emisión de una serie de bonos por los que se canjeó aproximadamente el 75% de los 95 mil millones de dólares de deuda en poder de tenedores de bonos argentinos. Aunque los propagandistas del kirchnerismo hablan de una quita del 65% de la deuda, la verdad es que la quita fue de un 40% sobre la deuda con los tenedores privados, lo que en representó una quita del 20% sobre el total. El pago al FMI por casi 10 mil millones de dólares a principios del 2006, completó la primera fase de la política kirchnerista en materia de deuda externa.

Estas medidas respondían a una política económica que pretendía reorganizar y desarrollar un capitalismo nacional independiente. Fue así que el kirchnerismo se convirtió en el núcleo de una nueva expresión del nacionalismo burgués.

 

La crisis mundial y el viraje económico del kirchnerismo

El proyecto kirchnerista se revistió de épica cuando en 2008 se produjo el choque con las patronales agrarias. Tal disputa le quitó el apoyo de los grandes grupos empresarios nacionales (Techint- Clarín), que lo habían apoyado fervientemente en su fase post duhaldista. Pero el estallido de la crisis mundial puso fin a las condiciones que habían permitido la bonanza económica, y el kirchnerismo se vio obligado a iniciar un viraje ortodoxo de su política económica.

A fines de 2009, el por entonces ministro de Economía Amado Boudou anunció la reapertura del canje de deuda para los “holdouts” o tenedores de bonos que no habían ingresado al canje del 2005, y que se concretó a principios de 2010. La medida fue el primer hito de un proceso destinado a volver a encontrar financiamiento externo.

Este primer paso se convertiría en una política completa durante el segundo mandato de Cristina, bajo la gestión económica de Axel Kicillof. Hasta el año 2012, la deuda alcanzó su piso en relación al PBI. Pero, a partir del 2013, esa relación comenzaría a elevarse: 3% en 2013, 4,5% en 2014, 1% en 2015. ¿Cuál fue el contexto de este proceso de “desaceleración del desendeudamiento” según la expresión usada por el viceministro de Kicillof, Emanuel Álvarez Agis? Pues simplemente la política de retorno a los mercados que por entonces promovió el kirchnerismo: arreglo con el Club de Paris, CIADI, indemnización a YPF. El único cabo suelto fue el arreglo final con los fondos buitres: aquí el sector más reaccionario del imperialismo vetó el acuerdo y el kirchnerismo se vio imposibilitado de hacer, con tres años de anticipación, lo que ahora está haciendo el macrismo.

 

El macrismo y la política de reendeudamiento

Según un reciente informe del Ministerio de Finanzas del gobierno de Cambiemos, que dirige el íntimo amigo presidencial Luis Caputo, el endeudamiento total del estado nacional alcanzó en diciembre de 2016, los 288 mil millones de dólares. Tal cifra representa un 53% del PBI. La cifra engloba, hay que decirlo, la deuda estatal interna y externa, en pesos y en dólares. El informe indica que esa cifra representa un aumento del 13,6% en relación a los casi 254 mil millones con que se cerró el 2015.

Distingamos los rubros que integran esta cifra global entre deuda externa e interna: del total, la primera representa casi 193 mil millones de dólares, un 67%. De los 34 mil millones de incremento de la deuda total, 26 mil millones representan el crecimiento de la deuda externa pública, que pasó de 101 mil a 127 mil millones de dólares. Se trata de un incremento del 25%, que casi duplica el incremento de la deuda total (13%, como hemos visto), y muy por encima de la evolución del PBI, que cayó un 2,3% en 2016 según cifras del propio INDEC. El gobierno, sin embargo, argumenta que la deuda no es un elemento de preocupación. Para 2017, Caputo sostiene que el endeudamiento nuevo se reducirá a la mitad del de 2016. Se trataría de unos 13 mil millones de dólares, que elevarían a 140 mil millones la deuda externa pública. Con un crecimiento del 3%, que llevaría el PBI a 566 mil millones de dólares, la ratio deuda/PBI pasaría del 23 al 25%, habiendo ya pasado del 18 al 2 %, en 2015-16.

De los 127 mil millones de dólares que debe el estado nacional (incluido el Banco Central), el 61,5% corresponde a títulos públicos en moneda extranjera. A esto hay que sumar la cuantiosa y creciente deuda con organismos públicos.

Nota completa en edición impresa Mascaró #41, Julio – Agosto de 2017.

 

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