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Entrevista con Leandro Morgenfeld. Autor de los libros Vecinos en conflicto y Relaciones peligrosas, Argentina y Estados Unidos. Investigador CONICET-UBA

 

¿Qué significa para los intereses de EEUU en la región el gobierno de Macri?

La llegada al poder de Macri fue y es muy funcional a la recomposición del dominio estadounidense en América Latina, después de una década de muchos desafíos a su histórica hegemonía. Macri planteó explícitamente recuperar las relaciones tradicionales (subordinadas) con Estados Unidos y Europa, ningunea organismos como la UNASUR y la CELAC, ataca a Venezuela, convalidó el golpe parlamentario en Brasil, recibió con los brazos abiertos a Obama e incorporó a la Argentina como observadora en la neoliberal Alianza del Pacífico. Además, pretende flexibilizar el MERCOSUR, firmar tratados de libre comercio y no cuestiona, sino que avala el orden internacional. Todo esto es muy funcional a la estrategia de Estados Unidos hacia lo que despectivamente llaman su patio trasero: fragmentar a la región (obstaculizando cualquier perspectiva de cooperación o integración latinoamericana) y mantener alejadas a las potencias extrahemisféricas (el Acuerdo Transpacífico –TPP- tiene entre sus objetivos geoestratégicos dificultar el avance de China en la región). Casi sin conceder nada, Obama logró que Macri tomara su agenda política, económica, ideológica y hasta militar.

 

¿Qué papel juega Argentina en el escenario de crisis económica mundial?

No cumple un rol tan relevante. Macri pretende hacer atractivo el país para los capitales trasnacionales. Todas las concesiones, incluido el pago a los fondos buitre, la baja de retenciones a mineras, la vuelta del FMI y su participación en enero en el Foro de Davos, y las numerosas señales pro mercado supuestamente se iban a traducir en una “lluvia de inversiones”. Eso todavía no ocurrió. Pero, y ahí está lo que tenemos que discutir, una avalancha de capital extranjero no produce más desarrollo, sino que profundiza la dependencia. El problema es que en este momento los capitales están fluyendo hacia Estados Unidos, no hacia los emergentes. Por ese motivo, a pesar de todas las señales de Macri, no llegan las inversiones prometidas y la economía sigue en recesión, como está pasando también en Brasil.

 

¿Cuáles son las condiciones que le exigen al gobierno argentino tanto los empresarios como la Casa Blanca?

La relación tiene varias dimensiones: diplomática, política, militar, económica, ideológica, científica, cultural. En casi todas ellas, lo que vemos es que Argentina toma la agenda estadounidense. Macri se ilusionó con la promesa de Obama de apoyar la candidatura de Malcorra a la Secretaría General de la ONU. Finalmente, ésta se frustró a principios de octubre. El New York Times publicó el 14 de octubre un artículo en el que señala que fue Rusia el único miembro permanente del Consejo de Seguridad que vetó a Malcorra, por considerarla “demasiado alineada con Estados Unidos”. A cambio, Argentina reivindicó la OEA, el liderazgo de Estados Unidos, dio cobertura diplomática al golpista Temer, avala la suspensión de Venezuela del Mercosur. Obama planteó que Macri era el ejemplo de nuevo líder regional. Su triunfo electoral fue la punta de lanza de la avanzada derechista en Venezuela, Bolivia, Perú, Colombia y Brasil. Si el PRO logra convalidar social y políticamente el ajuste, será un ejemplo nefasto para la región, en tanto seguirá potenciando una restauración conservadora neoliberal. Si fracasa en ese intento, por la resistencia popular, puede reabrirse un ciclo de luchas en la región que sigue siendo la más desigual del mundo.

 

En términos de intercambio económico entre ambos países, ¿qué diferencia se evidencia en este tiempo, en comparación con los años de gobiernos kirchneristas?

Todavía pocas. Argentina tiene un gran déficit comercial con Estados Unidos, de más de 5000 millones de dólares por año. Pese a que el gobierno de Obama se quejaba del proteccionismo kirchnerista y le aplicó algunas sanciones comerciales menores en 2012, en realidad Argentina viene sufriendo hace años medidas para-arancelarias, que limitan las exportaciones de carnes, limones y otros productos agropecuarios. El lobby agrícola estadounidense es muy fuerte. Pese a los anuncios, todavía no hay grandes cambios desde el punto de vista de las relaciones comerciales bilaterales.

 

¿Puede modificar algo en la región, el triunfo de los demócratas o los conservadores en las elecciones estadounidenses?

En términos generales, hace décadas que existe un cierto consenso bipartidista en materia de política exterior, más allá de las diferencias y matices de cada período. Ni Trump ni Clinton van a modificar la estrategia de atacar a los países que no siguen los mandatos de Washington. Ambos van a intentar fomentar la balcanización regional y evitar que un mundo más multipolar los desafíe en SU continente. Trump, creo, potenciaría un sentimiento anti-yanqui, dada su retórica xenófoba y anti-latina. Clinton implicaría más continuidad -por eso Macri la prefiere-, incluso con un cariz más agresivo que el de Obama (ella es más próxima al complejo militar-industrial). Si bien ahora en campaña dice oponerse al TPP, fue ella quien impulsó las negociaciones del mismo cuando fue Secretaria de Estado. Supongo que intentará que entre en vigencia, lo cual provocará resistencias en la región, como ocurrió con el ALCA hace poco más de una década.

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