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El carácter masivo de los conflictos docentes desatados en todo el país muestra una crisis en el sistema educativo que trasciende la discusión por el salario de sus trabajadores. Particularidades de un inicio de clases movido al interior de la escuela y en el seno de una comunidad educativa que se puso en actividad ante la falta de respuesta del Estado.

Timbre. Las niñas y los niños siguen corriendo un rato más, pero ahora dibujando recorridos casi circulares sobre el hall, dudando entre colocarse en el mismo lugar del año pasado y recordar dónde, en qué espacio, se colocaba antes el curso superior. Hay otro timbre, un timbrazo para ordenar las cosas. La directora se acomoda y da la bienvenida. Hay bastante para decir, pasaron las vacaciones de verano y 17 días de paro.

“Hoy es un día especial”, comienza Liz Vargas, directora de la escuela primaria Nº 120 de La Plata, “venimos de 17 días de lucha, donde los docentes nos encontramos, dialogamos, estuvimos en asambleas para pensar qué escuela queremos. Los docentes no queremos hacer paro, como tampoco queremos que nos llamen a paritarias un día antes de que comiencen las clases”.

La directora da cuenta de las problemáticas de la escuela, de las condiciones del mobiliario, de infraestructura y agradece el apoyo de toda la comunidad. Hay un clima festivo. Luego invita a todos los que quieran tomar la palabra a hacerlo. Habla otra maestra y la presidenta de la cooperadora. Se aplauden las intervenciones y luego de un silencio en el que se nota que ya nadie va a tomar la palabra, vuelve otro aplauso cerrado. La gran mayoría de los padres y madres se acerca a felicitarlas. Los familiares de los niños de primer grado sacan alguna foto más, acomodan los cuellos de los guardapolvos y luego también van hacia los docentes para manifestar su saludo.

Ahí están los actores de la comunidad educativa. Ellos son los que van a la escuela de un sistema deteriorado, en crisis, con problemas que van mucho más allá de la discusión por el salario de sus trabajadores y que va mucho más allá de la provincia de Buenos Aires.

MÁS ALLÁ DEL SALARIO

Cuando el secretario general de SUTEBA, Roberto Baradel, y su par de la FEB, Mirta Petrocini, se presentaron ante una multitud de micrófonos y dijeron sonrientes que se había alcanzado un acuerdo con el gobierno bonaerense, se pretendió que todo terminara ahí. Después de 17 días, en el último día de marzo, “más de tres millones de pibes y pibas vuelven a las aulas” dijeron al unísono los medios. Ya estuvo bien, suficiente. Sin embargo, los conflictos docentes perduran en varias provincias del país e incluso en territorio bonaerense, las demandas, las asambleas y los planteos de la comunidad educativa continúan.

En la Escuela Normal (ENAM) de Banfield egresaron el vicegobernador Gabriel Mariotto y el actual intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde. Es también la escuela de la “división perdida”, así llamada porque fueron 31 los alumnos y ex alumnos desaparecidos en la dictadura. Durante la huelga, con las redes sociales como aliadas, se realizaron varias reuniones de docentes, padres y estudiantes que resolvieron acciones en reclamo de una solución para toda una serie de problemas de infraestructura que la escuela arrastra desde hace años, que fueron coronadas por un abrazo masivo al edificio (organizado por el Centro de Estudiantes) realizado el 11 de abril. Es decir, 11 días después del inicio de clases.

Según la Presidenta del Centro, Malena Pedernera, “este va a ser el cuarto año consecutivo en que no vamos a contar con calefacción, además de la falta de mobiliario, vidrios rotos, rejas abiertas y baños que no están en condiciones”. Interrogada acerca de la falta de respuestas, Malena sostiene que “uno ya no sabe a quién creerle: vas al Consejo Escolar y te mandan a la DPI La Plata, o te dicen que no hay plata en Lomas porque de La Plata no la mandan. Lo que sí es cierto es que hay una desinversión y un descuido por la escuela pública en toda la provincia de Buenos Aires”. Sobre las responsabilidades políticas plantea que “me parece que corre más por el gobierno provincial de Scioli, pero no obstante, más allá de que algunos dicen que no debe intervenir, me parece que sí debe intervenir el poder nacional”.

Pero la ENAM no es un caso aislado: la inmensa mayoría de las escuelas atraviesan situaciones infraestructurales casi de desastre, a las que los docentes, los padres y los estudiantes parecieron acostumbrarse en los últimos años. Es probable pues, que los nuevos episodios del conflicto educativo no tengan por guión el reclamo salarial y como protagonistas a los docentes exclusivamente. Es probable que se amplíen a toda la comunidad educativa.

Uno de los logros de la huelga docente bonaerense y de otras luchas del sector en las distintas provincias del país, tuvo que ver con quebrar la campaña mediática que intentó aislar a los maestros del resto de los trabajadores. Como suele suceder, el gobierno nacional y los provinciales apuntaron a calumniar a los docentes desde el sentido común reaccionario que dice: “de qué se quejan si trabajan 4 horas y tienen 3 meses de vacaciones”. Sin embargo, el fuerte respaldo de la sociedad, dejó aislada la jugada del sector dominante.

Fueron los trabajadores de la educación, en huelga, pero con muchas de las escuelas abiertas funcionando en asambleas permanentes y los grupos autoconvocados, los que consolidaron esa unidad con los padres y estudiantes. Ese encuentro, y el esfuerzo por saltar más allá del debate por la cuestión salarial, sirvieron para mostrar la crisis del sistema educativo argentino en su totalidad.

UNA CUESTIÓN NACIONAL

Durante el mes de abril varias provincias siguieron de paro, dándole al conflicto el alcance nacional que las conducciones sindicales nacionales -como la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA)- no han reconocido aún. Salta y Neuquén siguen de paro por tiempo indeterminado.

En Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri se adelantó a todos y mostró su inoperancia en falencias estructurales todavía irresueltas, que van desde la falta de cupos para que los chicos puedan acceder a la escuela e inscripciones perdidas en la web, hasta la instalación de aulas containers.

En Chubut el arreglo llegó durante los primeros días de abril, pero la docencia sigue en estado de alerta y movilización. En esta provincia la organización de los docentes desbordó a la conducción de ATECh, el sindicato mayoritario de los maestros y maestras chubutenses.

Neuquén llevaba, al día del cierre de nuestra edición, 40 días de paro. En esta provincia la puja se tensó debido a los dichos del gobernador Sapag que reafirmó, una vez más, la “inquebrantable” decisión del gobierno neuquino de sostener como servicio esencial a la educación pública, de mantener las escuelas abiertas y garantizar el dictado de clases, y continuar descontando los días no trabajados a los docentes.

En La Rioja el nivel de movilización es muy importante. Padres y docentes han protagonizado tomas de escuelas, asambleas en conjunto, movilizaciones y cortes de ruta. Uno de los reclamos más fuertes tiene que ver con la derogación del Decreto “Cavero”, que fue dictado en la última dictadura y que dice básicamente que un día no trabajado es un día no remunerado. Hasta que no se derogue este decreto, la docencia riojana seguirá movilizada y con paros semanales.

En Catamarca y Chaco también siguen con conflictos y aún no se vislumbra una cercana solución.

En Salta el conflicto no sólo lo tienen las autoridades políticas de la provincia, sino también las conducciones sindicales. La asamblea docente denominada Docentes Unidos de Salta (DUS), conformada por maestros autoconvocados y organizaciones opositoras a las conducciones sindicales oficiales, ha dirigido en gran parte el conflicto. Los sindicatos no supieron encauzar los reclamos y fueron excluidos de los mismos por la docencia en general.

Allí, el primero de abril comenzó un paro por tiempo indeterminado que se mantiene firme. Ese día se realizaban asambleas y manifestaciones en distintos puntos de la provincia. La represión a los maestros de la localidad de Orán que se encontraban cortando la ruta, motivó el levantamiento de todas las bases docentes. Como respuesta, hubo más represión policial y varias maestras fueron golpeadas. Desde entonces no se han dictado clases y se mantiene un acampe sobre la Plaza 9 de Julio en el centro salteño.

El gobierno de Urtubey propuso un 25% de aumento que fue aceptado por la conducción de la Asociación Docente Provincial (ADP), sindicato mayoritario y alineado al oficialismo. El secretario general del Suteba bonaerense, Roberto Baradel, viajó hasta Salta para festejar el acuerdo, que fue rechazado por el grueso de los maestros en las calles.

Cecilia Gómez, docente de la capital salteña y militante de Alternativa Docente explicó a Mascaró el proceso que hoy se vive en su provincia: “Nosotros venimos luchando desde 2005, y hemos aprendido mucho de esa huelga heroica de 45 días que terminó derrotada y traicionada por la burocracia. De la DUS participan distintos gremios, algunos en formación, y docentes independientes de todos los departamentos de Salta”.

Desde la plaza donde acampa desde hace 20 días Cecilia cuenta que “hoy logramos una organización asamblearia, con delegados de base que no pueden decidir por fuera de las discusiones entre los compañeros. Es muy importante leer todo, discutir y decidir entre todos los docentes, para estudiar las propuestas, con la garantía de que todos estén enterados de lo que se va a firmar. ¿Cuántos docentes de Buenos Aires saben en definitiva qué fue lo que acordaron Scioli y Baradel?”, continúa entre bocinazos de apoyo al otro lado del teléfono.

“Nosotros tenemos el acompañamiento de un sector importante de la sociedad, más allá de las dudas de algunos a partir de la feroz campaña mediática e ideológica del gobierno de Urtubey”, concluye Gómez.

YO OPINO

El lunes 31 de marzo y el martes 1 de abril, iniciando las clases tras la huelga, Pablo Castro profesor de 2º año de la Secundaria Básica Nº13 de Villa Zula, Berisso, propuso a sus estudiantes que escriban en sus carpetas alguna reflexión al respecto del paro que acababa de terminar. Estas son algunas de las respuestas a la consigna “Yo opino sobre mi escuela y sobre la educación”:

Lucas, 15 años: “Yo veo que mi escuela está en mal estado, por ejemplo los salones, los bancos, pero el comedor funciona bien, aunque yo no como la comida del comedor. Estoy aprendiendo cosas, me sirve venir a la escuela. Me gustaría que la escuela tenga wi-fi”.

Milagros, 14 años: “Pienso que la escuela necesita varios arreglos, y sobre la educación pienso que cada uno tiene que tener todos los derechos del mundo como todo ser humano”.

Brisa, 12 años: “Para mi el paro tiene su lado bueno y su lado malo, porque son 17 días que nosotros no aprendemos, y por el otro lado es por nosotros el paro para una escuela mejor. A mí me gusta estudiar y yo esperaba con ansias que empiecen las clases”.

Micaela, 13 años: “La escuela tiene que tener los enchufes arreglados, las estufas que anden bien para cuando hace frío, a las ventanas no les tienen que faltar los vidrios. Por el paro perdimos 17 días de escuela, ahora vamos a saber menos ja ja”.

Joaquín, 14 años: “Para mi (el paro) está mal porque después los profesores te dan una banda de tarea y hacen que las clases duren hasta enero por poco. Después te dicen ‘te llevaste todas las materias’, si ellos son los culpables. Nada y eso sólo opino”.

José, 13 años: “Yo pienso que mi escuela es la mejor escuela porque hacen paro por los chicos no contra los chicos, el comedor está bien pero no me gustan algunas comidas, el edificio está bien, no está tan bien, pero tampoco está tan mal, hay estufas que a veces andan y a veces no, pero está bien”.

De la escuela como del fútbol, todos podemos opinar. Y de los maestros como de cualquier técnico o arquero de equipo de fútbol, todos tenemos algo para decir. Es que la escuela y los maestros marcan la vida de las personas. Durante el conflicto los medios jugaron su papel y sus cartas.

El operativo de tratamiento mediático parece sencillo, con un esquema que funciona para todos los temas. Se parte del reduccionismo y ante cualquier conflicto se busca cortar por lo visible, en este caso, el maestro.

“Los medios masivos instalaron a los docentes como enemigos. El maestro no daba clases porque era un vago. Llegó un momento en que del maestro cualquiera podía opinar, desconociendo cuáles eran los problemas de fondo, cuáles eran en realidad los reclamos, y cuáles son las condiciones en que trabajamos.”, opina Liz Vargas, directora de la Escuela Primaria Nº 120 de La Plata.

EXPERIENCIA COLECTIVA

Uno de los ejes utilizados desde el oficialismo para deslegitimar el reclamo docente tiene que ver con la realidad innegable de la superposición de cargos, de licencias injustificadas y de una cantidad considerable de docentes con carpeta médica.

Patricia Micheli trabaja hace 32 años como docente. Durante 25 años fue maestra de primaria. Actualmente es preceptora en una secundaria básica y da clases a adultos de nivel primario en San Clemente del Tuyú. Según su experiencia, “es cierto que es imposible que un docente `taxi´ que corre de escuela a escuela para completar horas, pueda tener, humanamente, un registro del estudiante que tiene enfrente durante un rato”, dice Patricia, quien aclara: “es culpa del sistema que no pueda garantizarle al profesor una carga horaria con un salario acorde en un establecimiento donde pueda comprometerse”.

El sistema educativo es permeable, habilita y genera comportamientos individualistas, del tono del sálvese quien pueda. Desde el padre que se queja y dice “yo qué hago con los pibes si vos me hacés un paro”, hasta el docente que falta por faltar, porque tiene otro plan para ese día.

El predominio del individualismo no es acotado al mundo escolar, sino una característica de la sociedad, inculcada de múltiples formas por los medios masivos y muchas veces por la misma familia. El docente no está exento de este comportamiento y suele reproducir esta lógica sin cuestionamientos. El perfeccionamiento, con sus dos o tres jornadas al año, no suele contemplar esta crítica al momento de pensar el perfil del docente.

No obstante, Vargas, sostiene: “me animaría a decir que no existe en la escuela un problema que no sea colectivo. El tema es que mayormente se individualizan los conflictos. Incluso si es un problema que le atañe a una sola persona dentro de la comunidad, entonces ese problema no es individual sino social, de todos los que la conformamos”.

Uno de los principales obstáculos observados por los docentes y estudiantes entrevistados parte de concepciones que subyacen a cómo se construye un vínculo, cómo se construye un aprendizaje, un conocimiento.

“Yo no estoy de acuerdo con que somos los segundos padres. Considero que es un trabajo que tiene que tener un principio de vocación para poder aguantar todo lo que implica la tarea de tratar con otros seres humanos y comprender lo que el chico o la chica necesita”, dice Patricia Micheli, quien observa, sin embargo, que hoy en día “la docencia se ha convertido en una bolsa de trabajo”.

La formación docente también se pone en debate, cuando se plantea que falta profesionalismo e incluso vocación.

Según datos recopilados por el Instituto Nacional de Formación Docente, la matrícula en los institutos de formación creció un 29% desde 2008 hasta 2012.

De los casi 385 mil aspirantes a la docencia (de nivel inicial, primario y secundario) que estudian en los 1.317 institutos de formación de todo el país, el 53% trabaja a la par que estudia.

Luego de la reforma al plan de estudios, desde 2009 la carrera para ser docente requiere una carga de cursada de 4 años, en lugar de 3 como era antes.

Josefina es una de esas estudiantes de magisterio. “El plan de estudios no es malo, pero el nivel es poco exigente” dice la joven que cursa en el Profesorado de Educación Primaria de La Plata. Según Josefina, “se termina conformando un educador poco comprometido y esto no es inocente. Así se forman docentes menos cuestionadores, menos críticos de la institución y de la sociedad. Eso también se traduce en un desinterés que se le transmite a los chicos”.

Otro lugar común, es el reclamo a los docentes de un espíritu de vocación, “como el de la maestra de antes”. Ahí se vuelve sobre la individualidad, como si no existiera un sistema que condiciona cada acto del maestro dentro y fuera del aula, como si no hubiera que correr de una escuela a otra. En ese sentido, cursando el último año de magisterio, Josefina observa: “la verdad es que la mayoría de las chicas y chicos que estudian magisterio ingresan pensando que van a tener una salida laboral rápida, o entran porque le gustan los niños, o porque en su familia hay otros maestros. No creo que sea un problema de vocación, el tema es que no hay una real conciencia de la función que cumple un docente en la sociedad”.

ENSEÑANZAS Y APRENDIZAJES

En un sistema en crisis y muchas veces ausente, la suerte de un pibe o piba, de un curso y de una escuela, dependen de los esfuerzos individuales y colectivos de una determinada comunidad.

Patricia, con ardua experiencia en la escuela pública, sostiene que “la voluntad la tenés desde el día que vas a laburar en estas condiciones, desde que comprás tus insumos, desde que las cooperadoras terminan suplantando al Estado. Pero el voluntarismo no alcanza, porque hay cuestiones de fondo. Si bien hace falta que todos estemos comprometidos a resolver los problemas de nuestros lugares de trabajo, también tenemos que estar comprometidos para luchar para que el Estado cumpla su rol”.

En coincidencia, Liz Vargas explica: “Los maestros trabajamos en la promoción y protección de derechos del niño. Ahora bien, los derechos vulnerados aparecen en la escuela porque es el ámbito donde los chicos están, pero la escuela logra intervenir recién cuando ya está todo dado, porque al chico se le incendió la casilla en la que vive, porque no tiene un plato de comida en la mesa, porque sus padres tienen las manos vacías de trabajo. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un docente o de un director de escuela?”.

El denominador común del balance de la huelga docente dice que dentro de la comunidad educativa algunas miradas han cambiado.

“Algo de todo lo que hemos pasado va a quedar como aprendizaje”, lanza Liz, para luego aventurar una puesta en práctica de la experiencia ganada: “Acá vamos a impulsar un proyecto de convivencia donde podamos resolver colectivamente los conflictos. Las asambleas y discusiones ayudaron a que como docentes, pensemos en trabajar con los chicos esta misma forma de participación y decisión. Si un chico se manda una macana, no labrar un acta y decir, se portó mal… Buscar entre todos las soluciones, pasar de la disciplina a la convivencia”.

Será verdad eso que dice el cartel que se repitió en varias marchas, en las puertas de las escuelas y en los muros de Facebook, que “el maestro luchando también está enseñando”. Será que, como debe ser, en la lucha y en la enseñanza, siempre se está aprendiendo.

 

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