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Cada vez que comienza la época de paritarias, salen a la luz los convenios que reportan mayores ingresos. Sin embargo, los sindicatos aceiteros, con uno de los salarios más altos del país, son ocultados de las agendas mediáticas. Quizás tenga algo que ver la línea política de buena parte de ellos: democracia obrera, salario mínimo, vital y móvil, y lucha contra la tercerización.

 

> Por  Mario Bortolotto y María Petraccaro

Hay tres ejes que vienen marcando las luchas de los gremios de la industria oleaginosa en Argentina: la democracia obrera como núcleo para la construcción, con dirigentes sindicales que abren el juego a la participación; la lucha contra la precarización laboral y las tercerizaciones que se arrastra desde la década del 90; y la bandera del salario mínimo, vital y móvil, en base al artículo 14 de la Constitución Nacional y el 116 de la Ley de Contrato de Trabajo.

El impulso de esta política viene de Rosario, donde el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de esa ciudad (SOEAR) está desde 2006 sentando sus bases. Y desde el 2009, junto a sus pares de Capital y de otras localidades del país, están dando la batalla al interior de la Federación de Aceiteros y Desmotadores.

Walter Nardi, Secretario de Prensa del SOEAR, señala como uno de los principales aciertos, incluso antes que la salarial, a la lucha contra las tercerizaciones. Esto permitió que pasaran a planta cientos de trabajadores que “siempre estuvieron en condiciones nefastas de vida, tenían salarios y obras sociales de mierda”.

“Es devolverle la dignidad”, agregó Diego Paciarotti, el Secretario Gremial del Sindicato. “Siempre el beneficiado era el de planta y el que padecía era el tercerizado”, explicó el joven dirigente.

Luego, aunque sea la reivindicación por la que han ganado más visibilidad, se destaca la bandera del salario mínimo, vital y móvil (SMVM). Estos trabajadores cuentan con un equipo legal y económico que realiza estudios propios que determinan la suma que debe percibir un trabajador sin cargas de familia para satisfacer todas sus necesidades. Por eso, Nardi aseguró que “hay una deformación con lo que el Concejo del Salario acuerda, que no es el SMVM, porque alcanza al 40% de lo que uno tiene que satisfacer como trabajador, menos también”.

Esa lucha no la plantean sólo para su sector, sino “para todos los trabajadores, es lo que debería ganar cualquier trabajador en relación de dependencia”. Esa es la línea que les enseñó el abogado laboralista Horacio Zamboni, el principal asesor legal del sindicato rosarino, que falleció hace poco más de un año, con una larga historia revolucionaria junto a los sindicatos del cordón industrial de la ciudad.

La tercera pata fundamental de su construcción político sindical es la participación activa de los trabajadores. “Para nosotros son fundamentales las asambleas de base, los delegados, que son centrales para la concientización, porque es el que está más cercano a los laburantes”, explicó Nardi, señalando también que quienes integran la Comisión Directiva siguen dentro de planta y que no tienen ningún dirigente gremial rentado.

Al respecto, Paciarotti aseguró que lo que los diferencia de otros sindicatos es “la participación que se le da a los trabajadores”. Además, dio un dato contundente: “la gente hoy tiene un nivel de conciencia que, donde te desviaste un poco, te van a volver a marcar el camino”.

Esta política, nacida con fuerza en Rosario, comenzó a expandirse en 2009 hacia la Federación Aceitera y Desmotadora. Este año, luego de un grave enfrentamiento con los restos de la burocracia que quedaban en el organismo, tuvo una victoria contundente la lista clasista encabezada por Daniel Yofra, quien también es Secretario Adjunto del SOEAR.

La necesidad de confluencia con otros sectores afines es un tema recurrente, que el Doctor Zamboni les había marcado claramente, incitándolos a expandir la política aceitera a otros gremios. Yofra reconoce que el movimiento obrero está muy dividido, con cinco centrales sindicales. Sin embargo, aunque aclara que tienen intenciones de “conformar una intersindical”, no quieren toparse con dirigentes que “a la hora de conformar un grupo de hombres que realmente pelee por una sociedad distinta, piensen más en qué puesto van a estar o qué lugar van a ocupar en el palco”.

A sabiendas de que lo que vienen haciendo es un trabajo de hormiga, que la construcción es lenta y que precisa de mucho tiempo, el dirigente de la Federación no pierde las esperanzas: “las bases, cuando lo entiendan necesario, van a ir a buscar a dirigentes de otras ramas laborales que los representen y los asesoren”.

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