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Las agencias de noticias internacionales cuentan, hacia este lado del mundo, que es inminente un conflicto bélico entre las dos Coreas. Siempre los culpables parecen ser los “fanáticos” nucleares y comunistas vecinos del Norte, pero casi nunca se cuenta la responsabilidad estadounidense a la hora de la división del milenario pueblo oriental.
El 24 de febrero del 2003, en los prolegómenos de la agresión militar a Irak, el diario La Nación reprodujo una nota de Alvin y Heidi Toffler, asesores de los halcones norteamericanos, titulada “Asia, cercada por un aro de fuego”. Allí sugerían la inconveniencia del acercamiento norte-sur coreano en la perspectiva de un acrecentamiento de la capacidad nuclear de ambos países.

“Imaginémosla ( a Corea del Sur) fusionada con Corea del Norte y transformada en una Nueva Corea. Tendría 70 millones de habitantes (más que Francia o el Reino Unido). De no haber una desmovilización, sus fuerzas armadas comprenderían 1,6 millones de efectivos ( 6 veces más que Japón) y 9 millones de reservistas. Sus misiles pueden alcanzar fácilmente Tokio, Taipei y, en fecha no lejana, Los Ángeles. Sumemos a esto las armas nucleares. Semejante perspectiva podría desestabilizar al Asia…”, sugerían los futurólogos yanquis. A partir de octubre del 2002, cuando luego de la visita a Pyongyang de James Kelly, funcionario de Bush, las agencias noticiosas occidentales comenzaron a propalar infundios acerca del armamentismo nuclear norcoreano.

La verdad de la milanesa

Corea, nación de 5000 años de existencia, fue invadida por Japón desde 1910 hasta 1945. Durante ese período, los coreanos fueron imposibilitados de hablar su propio idioma, trabajar en tareas simples vinculadas con la técnica y utilizados como conejillos de indias para experimentos con seres humanos. En 1945, la parte norte fue liberada por las guerrillas comunistas del general Kim Il Sung, guerrilleros del Partido Comunista de China y apoyo de la Unión Soviética; y la parte sur quedó ocupada por tropas norteamericanas. Los yanquis plantearon en la ONU la partición de la nación coreana mediante elecciones “separadas”, el pueblo coreano se reunió en 1948 en Pyongyang en la Conferencia Conjunta de Abril de los Representantes de los Partidos Políticos y las Organizaciones Sociales del Norte y Sur de Corea con el fin de reunificar la patria. Pero previendo que el Presidente Kim Il Sung sería elegido presidente en caso de llevarse a cabo elecciones conjuntas de las “dos Coreas”, los yanquis, junto a su títere sudcoreano Singman Ree, realizaron ejercicios militares conjuntos con las fuerzas armadas  sudcoreanas que desembocaron en la guerra iniciada en 1950, que duró tres años.

El 9 de septiembre de 1948, se proclamó en el Norte la República Popular Democrática de Corea  que eligió al Presidente Kim Il Sung como su líder. Éste, dos años antes, había promulgado la ley de Reforma Agraria, nacionalizado los transportes, la industria, la banca y todas las propiedades de los grandes capitalistas, colaboradores del Japón imperial. Concluida la guerra en 1953 y devastado el país, se comenzó a construir el socialismo mediante el esfuerzo mancomunado del pueblo, el Partido del Trabajo de Corea, el Ejército Popular de Corea y el líder Kim Il Sung, logrando reconstruirlo.

En la guerra murió un 20% de la población, hubo dos millones de refugiados y cinco millones sin techo. Hasta hoy, los coreanos del norte y del sur no han vivido realmente en paz.

El incendiario grita ¡Fuego!
(Proverbio Coreano)

Desde 1969, los norteamericanos llevaron a cabo provocaciones militares frente a las costas de Corea del Norte. El 21 de octubre de 1994, en el marco de una distensión entre los gobiernos de Bill Clinton y Kim Il Sung, se firmó en Ginebra un Acuerdo Marco que, con el objetivo de que la República Popular Democrática de Corea no desarrollara un programa nuclear, obligaba a EE.UU. a suplantar reactores norcoreanos de agua pesada susceptibles de ser utilizados para producir armamento atómico, por reactores de agua liviana, sólo utilizables para producir energía nuclear con fines pacíficos.

El 15 de junio del 2000 en un acercamiento norte-sur se firmó la declaración conjunta, que coronó el Tratado de No Agresión y Desarme de 1991, inició el camino hacia la normalización de relaciones, concretada a través del intercambio de visitantes de familias a uno y otro lado del paralelo que divide a los dos estados de la misma nación, de las visitas recíprocas de funcionarios, y de acuerdos para conectar líneas de ferrocarriles, eléctricas y desarrollar el intercambio nuclear.

Corea del Norte estaba dispuesta a desmantelar sus reactores nucleares y, a la espera de los reactores de agua liviana, sería abastecida con 500.000 toneladas anuales de fuel-oil para emplear en usinas termoeléctricas. Para ello, se creó la Korea Península Energetic Organization (KEDO), con sede en Nueva York, de la cual forman parte Japón, EE.UU., Corea del Sur, la Unión Europea, Australia, Canadá, Nueva Zelandia, Indonesia, Chile, Polonia, Uzbekistán y Argentina, que debía construir para el 2003 instalaciones de agua ligera en la ciudad de Humho, capaces de producir 2GW de potencia eléctrica con una inversión de 4.500 millones de dólares.

Sin embargo, en 2002 Bush, alegando un supuesto armamentismo nuclear norcoreano, interrumpió los trabajos de la KEDO y cortó el suministro de fuel-oil, provocando un desbarajuste eléctrico que incluyó la falta de calefacción durante crudos inviernos. Lo único que enviaron a Corea en enero del 2003 fueron treinta incursiones de aeronaves espías a las que se sumaron ejercicios bélicos junto a Corea del Sur con misiles Tomahawk de ojivas nucleares, violatorios del Tratado de No Proliferación Nuclear.

La violación del Acuerdo Marco de 1994 y del Tratado de No Proliferación Nuclear, la negativa a firmar un pacto de No Agresión con la RPDC y las provocaciones militares enmarcadas en la estrategia de guerra preventiva post 11 de septiembre de 2001, obligaron a los coreanos a prepararse para la defensa.

La agresividad contra el país socialista, que cuenta con sólo un 15% de tierras cultivables en su extensión y casi 22 millones de habitantes, creció. Las conversaciones por la “desnuclearización de la península coreana”, llevadas a cabo por las dos Coreas, Japón, China, Rusia y los EE.UU. fracasaron siempre por obra de los norteamericanos, que pretende usar la vieja táctica de la “zanahoria y el garrote”, el bloqueo y el “aislamiento”, las provocaciones militares y la desinformación, el terrorismo y la guerra psicológica.

La guerra y la paz

Corea del Norte , bloqueada y agredida durante más de 60 años, parece ser el diablo en persona. Un satélite lanzado al espacio en diciembre último para poder observar la extensión boscosa del país y evaluar la cosecha agrícola nacional mereció la condena y sanciones de la ONU, manipulada por EE.UU. Ciento noventa y cinco países -excepto Cuba y Bielorrusia- apoyaron las sanciones, incluída Argentina.

“El representante de la RPDC ante la ONU, So Se Pyong, declaró que ‘desde la fundación de las Naciones Unidas se realizaron en el mundo 2.000 pruebas nucleares de las cuales sólo tres eran norcoreanas y fueron lanzados 2.000 misiles balísticos de los cuales cuatro eran de su país’. Sin embargo, las únicas pruebas y lanzamientos condenados por las Naciones Unidas eran de la RPDC” (Corea del Norte y el cuento mediático de la guerra mundial, Vicky Peláez, Ria Novosti, http// sp.rian.ru , 16 de abril del 2013).

Para comprender la situación en la península, cabe destacar un párrafo de la nota “Quién se beneficia de la crisis de la Península Coreana”, emitida por la KCNA el 20 de abril pasado: “… La tensión en la península coreana conviene a la política exterior de EE.UU. tendiente a convertir a favor de su interés el ambiente político y militar de la región Asia- Pacífico, foco estratégico el siglo XXI. (…) La construcción socialista de la RPDC, cuya meta final es mejorar las condiciones de vida del pueblo y construir un Estado próspero, tropieza paso a paso con los obstáculos y dificultades por la hostilidad del imperio norteamericano (…)El imperio norteamericano insiste en que ‘lo principal de la política exterior de EE.UU. en el siglo XXI es la política sobre Asia, en particular la Península coreana’ y que ‘sin tomar el control de la Península Coreana no puede asegurar los intereses absolutos de EE.UU. en el Nordeste Asiático ni garantizar el establecimiento de un nuevo orden internacional en el ámbito mundial ni la posición ni papel protagonistas de EE.UU.”

Así las cosas. La RPDC no quiere la guerra ni le teme. Defiende su soberanía, dignidad y construcción del socialismo. Que se tome nota y se actúe en consecuencia.

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