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 “El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras”

José Martí

> Por Lic. Beatriz Parra González, Segunda Secretaria, Encargada de prensa Embajada de Cuba en Argentina.

Quince años atrás sus rostros eran ajenos, sus nombres desconocidos, su labor ignorada, pero su misión la más justa de todas, agradecida desde el silencio por cada uno de los cubanos. Hoy son simplemente los Cinco, y su causa ondea cual bandera de la solidaridad internacional con Cuba y en contra de las injusticias.

El 12 de septiembre de 1998, quedaría registrado como un día para la historia de Cuba, y también de la humanidad.

Cinco jóvenes cubanos fueron detenidos en la ciudad de Miami, y considerados por el diario El Nuevo Herald como una “red de espionaje”, a solo 72 horas del arresto. Aun no encaraban un proceso judicial y ya habían sido enjuiciados ante la opinión pública local.

Seis meses antes, el Gobierno cubano en cooperación con las autoridades norteamericanas había denunciado y entregado numerosas pruebas gráficas sobre las acciones terroristas que se gestaban desde Miami en contra de la Isla. La historia no alcanzó su Happy Ending.

En lugar de los terroristas, conocidos por sus largas trayectorias dentro de los servicios de inteligencia estadounidense y por su odio hacia la Revolución cubana, fueron detenidos y condenados quienes sacaron a la luz planes atroces, cuyos objetivos eran sembrar el terror en toda Cuba.

Y es que desde inicios de la Revolución la ultraderecha asentada en Miami, ha experimentado las más horrendas prácticas para derrocar al Gobierno, que han dejado cientos de víctimas. Para comprender la magnitud de este caso, bastaría mencionar la voladura del vuelo 455 de Cubana de Aviación, obra gestada en 1976 por parte de Luis Posada Carriles y que robó la vida de setentaitrés personas que viajaban en él. Treinta y siete años después, Posada Carriles transita tranquilamente por las calles de Miami, a pesar de los reiterados reclamados de la comunidad internacional para que cumpla por este y otros actos terroristas, como el perpetrado en el Hotel Copacabana en La Habana, que frustró la vida del joven turista italiano Fabio Di Celmo.

René González Sehweret, Ramón Labañino Salazar, Gerardo Hernández Nordelo, Fernando González Llort y Antonio Guerrero Rodríguez fueron detenidos, sometidos a burdos maltratos e injustamente condenados por salvaguardar a su patria del terrorismo. Quince años después, la historia aun es la realidad.

Can Oscar Pistorius get a fair trial?

Así se titula uno los principales trabajos periodísticos del día (19 de agosto de 2013) publicados por la importante televisora norteamericana CNN, en su página web. La noticia se refiere a un proceso judicial que parecía sólido, y a la postre no contó con pruebas contundentes para demostrar el cargo que se le imputaban a este ciudadano. Sin embargo, condenado de antemano por la prensa, la opinión pública continúo convencida de su delito.

Salvando las distancias entre casos y hechos, semejante rol desempeñaron los medios de Miami en la condena a los Cinco; y semejante debilidad presentaron sus juicios, aunque en ese contexto, ni la CNN, ni ningún otro medio de la llamada gran prensa norteamericana, dedicara un titular a preguntarse “Can the Cuban Five get a fair tryal in Miami?”  (¿Podrían tener los Cinco un juicio justo en Miami?).

De hecho, 15 años después, aun resulta demasiado llamativo y sospechoso tanto silencio mediático sobre el proceso a los Cinco. Más aun, cuando juicios, condenas, casos de terroristas y espías “buenos y malos”  ocupan el imaginario noticioso y de entretenimiento diario del público estadounidense, tal como destacó el doctor Rodolfo Dávalos Hernández en su libro “Estados Unidos vs Cinco Héroes: un juicio silenciado”. Y como condimento adicional, estaba el gancho periodístico que representaba sin lugar a dudas para la prensa de ese país, que en este juicio salió a colación y se revisó la política bilateral entre La Habana y Washington.

Solo la prensa de Miami se hizo eco del hecho, y tal como antes se mencionó, dio por sentado el delito a apenas 72 horas del arresto. El juicio, por supuesto, tendría su sede en esa ciudad de La Florida, conocida por su reaccionaria posición y sus connotados cabecillas anticubanos, entre los cuales encontraron cobija muchos de los esbirros de la dictadura de Batista, que conservaron el sueño de reimplantar en Cuba ese oscuro período de la historia.

Según destaca Dávalos en su texto, más de 160 artículos fueron publicados por el Herald durante el juicio, bajo titulares que acotaban los términos de “espías” para referirse a los acusados o “espionaje” para remarcar el motivo del proceso.

La complicidad del Gobierno y los servicios de inteligencia norteamericanos, impidieron que el caso se diera a conocer a esa sociedad, y más aun, que fuera evidente su respaldo al accionar de los grupos ultraderechistas que operan contra Cuba desde Miami.

La verdad siempre se conoce, por mucho que intenten encubrirla. A la postre se divulgó que una extensa lista de periodistas y profesionales vinculados a la prensa de Miami, recibieron cuantiosas sumas de dinero por parte del propio gobierno estadounidense para difamar y distorsionar la realidad del caso de los Cinco.

El proceso fue plenamente politizado, y dio posibilidades únicas a los enemigos de la Revolución de poner en el banquillo de los acusados y condenar a cinco dignos jóvenes, cuyo pecado capital fue el de mantenerse firmes, apegados a sus principios, y abogando por la legítima autodefensa de su patria. No pudieron probarles ninguno de los cargos, ni siquiera el alegado daño a la seguridad nacional norteamericana. Solo pesaba sobre ellos el hecho de ser agentes no declarados, pero las penas de hasta dos cadenas perpetuas demuestran cuánto perjuicio puede hacer el rencor y cuáles hubieran sido sus destinos si se hubiese conocido la naturaleza de su misión.

La ley fue vejada, pisoteada, ignorada, y el caso silenciado para que nunca nadie se preguntara, en ningún espacio, fuera de las fronteras de Miami, si el juicio a los Cinco había sido realmente justo.

Fuimos, somos y seremos los Cinco

René González Sehweret salió de prisión en octubre de 2011, pero aun le restaban tres años de libertad supervisada para cumplir su condena. Habían transcurrido doce desde su injusto encierro, en el que no tuvo oportunidad siquiera de recibir la visita de su esposa Olga Salanueva y de disfrutar de su pequeña Ivette.

La decisión de la jueza Joan Lenard de mantenerlo en territorio norteamericano por tres años más, puso en riesgo su vida al obligarlo a permanecer justo donde se concentran los grupos terroristas que él y sus compañeros habían denunciado.

En el 2012, veintitrés años después de dejar Cuba, se le concedió un permiso por quince días, para visitar a su hermano enfermo, que poco después moriría. Un año más tarde, regresaría a la patria el 22 de abril, en esta ocasión para asistir a los funerales de su padre.

Fue en este doloroso momento que René reitera a la jueza estadounidense su solicitud de concluir su condena en Cuba. El mensaje llevaba su disposición de presentarse en la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, entregar su pasaporte y renunciar a su nacionalidad de origen estadounidense.  El 3 de mayo se dio a conocer la decisión de la jueza, quien al parecer quedó sin argumentos para oponerse.

René ya está de vuelta en la Isla, pero ha reiterado su compromiso a continuar la lucha por el regreso definitivo de su otros cuatros hermanos, que considera solo será posible con el empuje de la solidaridad mundial y con el apoyo del pueblo norteamericano, que aun desconoce el caso. Para él, siguen siendo los Cinco.

Y como tal, lo refrenda Antonio Guerrero en una carta que enviara a René, el 10 de mayo de 2013, poco después de darse a conocer la decisión de la jueza, en la que se refiere a los lazos indisolubles que los principios funden entre los hombres. Tony destaca en su misiva: “Así nos hicimos, los cinco, hermanos;  Por eso, su libertad es nuestra libertad, su dolor y su felicidad son también nuestros; Por eso, nuestra injusta prisión seguirá siendo su prisión; Por eso, fuimos, somos y seremos Los Cinco, donde se funde un solo hombre, un cubano como millones de compatriotas, fiel a su pueblo y a su patria”.

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