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El Estado sionista de Israel bombardea por cielo, mar y tierra al pueblo palestino refugiado en la Franja de Gaza, ante la pasiva mirada de la comunidad internacional y la complicidad de los gobiernos del mundo que llaman “enfrentamientos” al genocidio.

Según los libros sagrados, el problema entre árabes y judíos se remonta a 4.000 años atrás. Ambos sostienen que la tierra que hoy constituye Palestina fue prometida por Dios a su antepasado común, Abraham, quien debía extenderla a su descendencia. El tema es que como Abraham y su esposa Sara estaban viejos, no podían ya tener hijos y por tanto no existiría descendencia. Entonces, Abraham tomó a Agar, la sierva egipcia de Sara como mujer y con ella tuvo un hijo, Ismael. Finalmente Sara también logró dar a luz, y llamó a su hijo Isaac. He ahí una síntesis de lo que se denomina “el conflicto religioso de Medio Oriente”, que es la disputa de los descendientes de Ismael (palestinos) y los de Isaac (judíos) para reclamar el territorio.

Sin embargo, la versión moderna del conflicto árabe-israelí es un remanente de la repartición colonial del Imperio Otomano por parte de los vencedores de la Primera Guerra Mundial, y las resoluciones de las Naciones Unidas luego de la Segunda que definieron la fragmentación del mapa en Medio Oriente y la creación del Estado de Israel y del Estado Palestino en 1948. Desde entonces, los palestinos han visto cercenado su territorio, han sido expulsados de sus casas, negados, ofendidos, y resistido como pudieron. Todavía hoy Palestina no es reconocida por la ONU como Estado, sino que cuenta con una administración autónoma con cierto reconocimiento internacional denominada Autoridad Nacional Palestina.

“Israel es Occidente y en Occidente la mentira circula como verdad hasta el día en que se vuelve militarmente insostenible” explicó el periodista Rodolfo Walsh en 1974.

Desde 1948 uno de los argumentos sionistas para justificar sus invasiones y sus bombas, es la de la respuesta ante “la agresión árabe”. Esa construcción sirve también a los demás gobiernos de los países del globo, entre los que se encuentra el argentino, que en estos días condenan “los enfrentamientos”, refundando la teoría de los dos demonios, llamando a “las partes” a dejar las confrontaciones.

Borde Protector

El 8 de julio de 2014 comenzó la operación denominada “Borde protector”. La Franja de Gaza, en donde viven 1 millón y medio de palestinos en 350 kilómetros cuadrados, está siendo atacada por ejército hebreo, el cuarto más potente del mundo.

Desde que se empezó a escribir esta nota, la cifra de muertos ha aumentado exponencialmente y este párrafo, en el que se daba cuenta de la cantidad de niñas, niños, mujeres, ancianos debió modificarse una y otra vez. Es un hecho que la cuenta no se detendrá en 733. El 80% de las víctimas son civiles. Es un genocidio.

Esta vez la excusa de la ofensiva israelí fue la “respuesta” al asesinato de tres jóvenes israelíes en Cisjordania el pasado 6 de julio: Neftalí Frenkel (16), Gilad Shaer (16) y Eyal Yifraj (19). Automáticamente y sin investigar nada el primer ministro isrealí, Benjamin Netanyahu, declaró que el Movimiento de Resistencia islámica Hamas “es el responsable y pagará el asesinato de los niños”. Vale resaltar que Hamas negó su responsabilidad en el hecho.

El contexto dice que un mes antes de la ofensiva se había alcanzado un pacto de unidad nacional palestino donde Hamas le daba preponderancia al presidente Abbas para fortalecer los caminos diplomáticos. Por lo que se plasmaba un acuerdo de unidad importante entre Hamas y Al Fatah, las dos organizaciones más poderosas y representativas en términos políticos y militares. De esta manera, la Autoridad Palestina se encontraba en condiciones de sostener y disputar a nivel internacional el derecho a ser reconocido como Estado por parte de la ONU.

Ser antisionista en Israel

“En Israel, si sos judío y no apoyás la guerra y estás en contra de la ocupación en general, sos un traidor, un enemigo”, explica vía Facebook Ruty Ferera, quien vive junto a su familia en Beer Sheva, cien kilómetros al sur de Tel Aviv.

Su hijo Uriel tiene 19 años y como todo israelí debe enlistarse en el ejército. Él es objetor de conciencia y se ha negado a participar del ejército de ocupación. Uriel “no quiere ser como ellos”, no quiere ser un asesino, no quiere humillar a los palestinos. Por ese motivo es considerado un desertor y debe pagar con arresto efectivo.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #24 de Agosto 2014.

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