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En las elecciones presidenciales del 29 de noviembre, el país centroamericano buscará una salida a un lustro de violencia.

Por Pablo Villarreal

Caía la noche de uno de los días más lluviosos del año 2013. Al tiempo que la tormenta se desataba sobre las calles porteñas, un grupo de ministros y especialistas en desarrollo llevaban adelante una reunión del Programa de Gestión de las Transformaciones Sociales  de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -MOST-UNESCO según sus siglas en inglés- en el Palacio San Martín. No faltaron los componentes que vienen al caso: discurso de apertura, café con medialunas, corbatas, trajes, tasas y estadísticas de todo tipo. No había sorpresas en la jornada, hasta que apareció la voz extenuada y la mirada profunda de Gerardo Torres Zelaya.

Algo huele mal en Honduras

Gerardo es tegucigalpense, periodista y militante del partido LIBRE de Honduras. Durante ese atardecer en el Palacio San Martín relató los detalles del infierno en que está sumido su país hace algunos años. Desde el 2009, Gerardo ha sentido la muerte de cerca al perder a varios de sus colegas: durante el gobierno del presidente Porfirio Lobo, 27 periodistas fueron asesinados. Pero esto es apenas un indicador mínimo del nivel de violencia que sacude a una sociedad en crisis terminal.

Según el informe anual sobre violencia presentado por el Instituto Universitario de Democracia, Paz y Seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, durante 2012 se han producido un total de 7.172 homicidios, convirtiéndose en la primera causa de muerte en el país centroamericano. Para completar este panorama, la tasa nacional de homicidios es de 85.5 por cada mil habitantes, registrándose 20 víctimas diarias a lo largo del año 2012, lo que ubicó a Honduras como el país más violento del mundo fuera de las zonas de guerra. Lo más preocupante de esta situación es que el 23,5% de los homicidios se vinculan a la participación de sicarios en la matanza de periodistas y políticos opositores al gobierno derechista del Partido Nacional.

La situación se agrava si pensamos en los hechos de tortura que han acompañado el aumento de la violencia. Desde junio del 2009 hasta junio del 2012, el área de Salud Integral del Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las víctimas de la Tortura ha documentado y asistido 414 casos de víctimas de tortura. Las personas atendidas tienen un promedio de edad de 35 años, y por lo general, sus padecimientos surgen al verse alcanzados por la represión política, los conflictos por la tierra y las sospechas en la guerra declarada por la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos –DEA según sus siglas en inglés– a los carteles de droga y a las maras, las pandillas dedicadas a la delincuencia organizada a las que ingresan los jóvenes como alternativa a la desocupación y la pobreza.

Mientras la sangre se reseca al sol en los campos y en la urbe, el gobierno le indilga toda la responsabilidad a las maras, la delincuencia social y al narcotráfico; sin embargo las organizaciones sociales sostienen que el Ejército, la policía, los miembros de la seguridad privada y una gran cantidad de sicarios están involucrados en los hechos más violentos de asesinato y tortura.

Violencia, pobreza, éxodo

La violencia extrema en Honduras está ligada al cóctel económico vigente: un 40% de la producción se exporta al gran vecino del Norte, lo que genera una gran dependencia respecto del consumo norteamericano; un incremento de la deuda externa e interna que ha colocado al país prácticamente en bancarrota; la degradación ambiental por minería, agrocombustibles y el uso masivo de plaguicidas; y una creciente extranjerización de la tierra y la economía.

Como resultado ineludible, en los últimos años se agravaron los conflictos agrarios y la represión contra dirigentes populares. La respuesta del gobierno fue otorgarle el control total de la seguridad a las Fuerzas Armadas, que junto a la DEA, actúa en el control de la población con la guerra que le ha declarado el Tío Sam al narcotráfico y al terrorismo como bandera.

En este contexto, la economía se ha convertido en una máquina de excluir y expulsar personas: alrededor del 67% de la población vive en hogares que se encuentran por debajo de la línea de pobreza y cerca del 45% de los hogares subsiste con menos de un dólar por día. La situación se agrava en las zonas rurales, donde el 72% de las personas viven en hogares bajo la línea de pobreza y más del 62% en condiciones de extrema pobreza.

Frente a este escenario, la juventud hondureña -el 67% de la población es menor de 30 años- se ve obligada a emprender el éxodo hacia otros países, siendo los Estados Unidos el destino principal. En el año 2013, la tasa de migración llegó a ser de 1,2 personas por cada mil habitantes, lo que evidencia un vaciamiento paulatino del país. Todos los días una gran cantidad de trabajadores cruza las fronteras, las mismas que son inexistentes para los capitales trasnacionales, en busca de un futuro mejor lejos de su tierra.

¿Es posible una salida?

Gerardo se detiene un momento, la sala en la que un centenar de personas lo escucha atentamente ha quedado en silencio ante una realidad difícil de imaginar. Sin embargo, Gerardo cree que las cosas pueden cambiar: el próximo 26 de noviembre, luego de cuatro años de un gobierno antidemocrático y represivo, los hondureños volverán a elegir autoridades en elecciones que se definen por mayoría simple y sin segunda vuelta.

La actual etapa política se abrió con la destitución de Manuel Zelaya en la madrugada del 28 de Junio de 2009. Zelaya había llegado a la presidencia en el 2006, de la mano del tradicional Partido Liberal, pero durante su mandato fue virando hacia la izquierda. Entre las actitudes que escandalizaron a los sectores hegemónicos y a los intereses norteamericanos en la región, podemos mencionar el acercamiento a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), su condena pública al bloqueo estadounidense a Cuba y su contacto con presidentes latinoamericanos como Rafael Correa, Hugo Chávez y Evo Morales. La crisis se desató con el intento de una consulta no vinculante para modificar la obsoleta Carta Magna que data de 1982. A favor de la consulta se expresaron las organizaciones obreras, estudiantiles y el partido de izquierda Unificación Democrática, que veían en la reforma una posibilidad de adaptar la Constitución a la voluntad del pueblo. En contra, se manifestaron la Iglesia Católica, la Corte Suprema, los dueños de los medios de comunicación y el propio Partido Liberal, quienes vieron en la propuesta sólo un intento de Zelaya por abrirse camino a una posible reelección.

El sistema político hondureño se caracteriza por ser bipartidista, con un predominio histórico del Partido Liberal (PL) y el Partido Nacional (PN). Sin embargo, con la institucionalización de la resistencia al golpe contra Zelaya bajo el nombre de Partido Libertad y Refundación (LIBRE) en junio de 2011, el panorama político ha cambiado: las principales encuestas de opinión realizadas en septiembre dan como vencedora a Xiomara Castro, esposa de Manuel Zelaya y candidata presidencial del LIBRE, con alrededor del 29% de los votos. Detrás la sigue el oficialista Juan Orlando Hernández con un 27%.

La campaña de  la Juventud LIBRE se basa en el lema “Me quiero quedar”, y está destinada a convencer a los jóvenes catrachos de que es posible salir del laberinto de pobreza y violencia. Pero eso solo será posible en la medida en que todo el continente acompañe el proceso de cambio que el LIBRE representa. Por eso, antes de irse, Gerardo solicitó el apoyo regional e hizo un llamado a los observadores internacionales en su rol de actores que pueden garantizar unas elecciones transparentes en Honduras. El mayor temor de la juventud del LIBRE es un posible fraude por parte del oficialismo, así como un golpe institucional si es que llegan a salir victoriosos de los comicios.

Unos minutos después, Gerardo se deslizó por las escalinatas del Palacio San Martín, abrió su paraguas y se sumergió, solitario, en la cortina de agua que arremetía contra los edificios para retornar a su Honduras natal.

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