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El primer pueblo de nuestro continente en declararse independiente arrastra hasta estos días tragedias e invasiones. Empobrecida y saqueada, desde hace casi diez años, Haití permanece ocupada por ejércitos del Mercosur al servicio de los EE.UU.

> Por Martín De Battista

Haití escribió la primera página de la independencia en Latinoamérica, y la única revolución de esclavos triunfante en la historia de la humanidad, un ejemplo de la lucha de un pueblo que se levantó sacudiendo al mundo y emancipándose tempranamente del imperio con una revolución social, anticolonialista, libertaria y antiesclavista que triunfó en 1804. Entre las grandes figuras se erigieron Toussaint-Louverture y Dessalines, quienes vencieron varias veces a los ejércitos coloniales de Francia, España e Inglaterra.

Aquella revolución colaboró con Simón Bolívar para preparar sus primeras milicias, y asumió un compromiso de honor: trabajar para enviar comandos en cualquier parte del mundo donde hubiera casos de esclavitud de población negra. Tal osadía, tal ejemplo, tal determinación no sería nunca perdonada por el imperialismo francés, ni por el imperialismo yanqui.

Una fecha sin aniversarios

Jean-Bertrand Aristide, sacerdote salesiano, de la rama de la teología de la liberación,  había sido presidente de Haití en otras ocasiones, y siempre había tenido enfrentamientos con Estados Unidos, sufriendo golpes de estado y desestabilizaciones. En el año 2000 ganó las elecciones con más del 90% de los votos, luego de una buena campaña en el exilio, con apoyo de organizaciones campesinas y populares, y la unidad del Lavalas, partido mayoritario, hoy proscripto.

En 2004, el bicentenario de la primera gran revolución latinoamericana sorprendió al pueblo haitiano con un presidente que exigía la indemnización a Francia y Estados Unidos, proponía ciertas políticas sociales, y cuestionaba la política de dependencia y saqueo pro norteamericana de la histórica dictadura de los Duvalier (padre e hijo gobernaron de forma vitalicia durante casi 30 años. François Duvalier  “Papa Doc”: 1957-1971; Jean-Claude Duvalier “Baby Doc”: 1971-1986).

Pero el imperialismo planifica sistemáticamente su política, y por tanto comenzó a aplicar la receta: 1- Desestabilización, 2- Presión Diplomática, 3- Desestabilización Militar, 4- Secuestro y Golpe de Estado.

Las agujas del reloj apenas marcaban un nuevo día. Pasadas las 2 AM del 29 de febrero de 2004, un comando militar norteamericano sometió al Presidente Aristide, luego de una acusación de narcotráfico contra el mandatario caribeño. Aristide no tuvo opciones, logró hacer unos llamados, escribió unas líneas de despedida y fue subido a un vuelo sin destino anunciado. Horas después aterrizaba en República Centroafricana, donde los servicios secretos franceses, lo mantendrían apartado hasta lograr el control absoluto de Haití.

El golpe ya había triunfado

Estados Unidos, Francia, Canadá y Chile intervinieron Haití con una fuerza militar para ordenar la reacción y desordenar al pueblo. La ONU avaló, legitimó y llamó a los invasores “Fuerza Multinacional Provisional”. En junio de ese año se constituyó la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH).

La isla caribeña se ha convertido desde entonces en un teatro de operaciones de contrainsurgencia y acción militar fascista. Con sus afamados cascos azules, Argentina también tiene sus soldados allí. En su página web, la Armada Argentina reconoce que Haití es un “laboratorio de operación conjunta integral” que “de otro modo obligarían a gastos de ingentes sumas de dinero”.  Ese modelo de intervención parece extenderse ahora a países como Honduras y Paraguay.

Las cifras del colonialismo

Haití cuenta con 10 millones de habitantes, de los cuales sólo la mitad sabe leer, y apenas el 18%  accedió a educación secundaria. El 90% de las escuelas son privadas. Las importaciones duplican la cifra de exportaciones. Estados Unidos controla el 60% de las primeras, y el 80% de las segundas. El salario mínimo está fijado en 1,5 dólar diario. La jornada laboral ronda las 78 horas semanales. La deuda externa suma 1.300 millones de dólares. El presupuesto del gobierno está representado en un 30% por “ayuda extranjera”. El 80% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza y el 70% no tiene trabajo. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos destruyó la poca producción arrocera del país. Son sólo algunos datos de lo que la “comunidad internacional” y las respetables democracias occidentales tienen para ofrecerle a quien se atreve a dar lecciones de libertad.

A partir del golpe de Estado, las potencias invasoras han designado gobiernos provisionales, organizando elecciones ilegítimas, sin el Partido Lavalas, sin convocatorias a elecciones parlamentarias, con cortes electorales antidemocráticas en las que participa sólo el 20% del electorado.

Frente al actual y cuestionado presidente Michel Martelly, de pasaporte norteamericano, las tropas de “paz” integradas por Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Honduras, Indonesia, Jordania, Nepal, Paraguay, Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay, cumplen con el papel fundamental de proteger al gobierno y su presidente, que logró jugosos negocios entre empresas vinculadas a él y transnacionales estadounidenses, sobre todo en la megaminería.

La MINUSTAH es una fuerza compuesta por entre 7 y 9 mil efectivos, que viola y deja embarazadas a unas 250 haitianas cada año. Ha aportado con llevar el cólera a Haití, aniquilando a 8.000 haitianos, y dejando cerca de 800.000 enfermos. Sus balas han matado ya varios miles de ciudadanos. Y su tarea principal se encuentra centrada en reprimir movilizaciones populares, sindicales y campesinas.

Haití posee, además de petróleo, uranio, plata, cobre e iridio (un metal raro utilizado en la construcción de naves espaciales), uno de los yacimientos de oro menos explotados y más ricos del mundo.

Después del terremoto

El 12 de Enero de 2010 un gran terremoto sacudió la isla La Española, que comparte el pueblo haitiano junto con República Dominicana. El epicentro del mismo fue Port-au-Prince, la capital haitiana. Las catástrofes no hacen sino poner al desnudo, las desigualdades y vulnerabilidades de la población. Los muertos fueron más de 220.000, los afectados y heridos más de un millón. Tan sólo 6 días después, más de 15.000 marines ocupaban el puerto, el aeropuerto, los cuarteles principales y el palacio de gobierno de Port-au-Prince. Pero poco a poco, tuvieron que retirar esas tropas, que entre otras cosas intentaban cerrar los numerosos hospitales cubanos, que de modo absolutamente gratuito, junto con Venezuela, hace más de 12 años colaboran atendiendo la salud de miles de haitianos.

La función de aquellos Marines, fue ratificar definitivamente la dependencia. Luego de la catástrofe Obama donó 450 millones de dólares, con la condición de que el 90 por ciento fuera para las empresas norteamericanas instaladas en Haití.  Por su parte, el pueblo de Venezuela, en la voz de Hugo Chávez, condonó la gran deuda petrolera que Haití tenía con ellos, además de aportar 100 millones de dólares para el campesinado, que el gobierno haitiano no tardó en direccionar hacia el empresariado.

El ejemplo de Chifflet

Durante este 2013, el senador haitiano Jean Charles Moïse, estuvo recorriendo  América Latina, para promover una resolución del senado de su país que el Presidente no quiere aprobar: el pedido de retiro del conjunto de las tropas de la ONU.

Las tropas entraron a Haití con el pretexto de una misión de 6 meses, y ya llevan casi 10 años. Entre otras cosas denunció que el presupuesto para los próximos dos años de la Misión es de 900 millones de dólares. Moïse explica que “los estadounidenses fueron muy estratégicos, porque si fuera una invasión de hombres de Estados Unidos, el pueblo haitiano se sentiría provocado, pero la presencia del ejército brasileño en el comando es diferente. Por eso EE.UU. incentivó al gobierno de Brasil a enviar tropas a Haití. Quien ocupó realmente Haití fueron los Estados Unidos, Francia y Canadá. Brasil y la MINUSTAH son sólo unos fantoches”.

El tratamiento de los países de Nuestra América en relación a Haití, muestra dos caras: el del envío de tropas armadas al servicio de la MINUSTAH y la ocupación; y el del envío de médicos, educadores, ingenieros y recursos solidarios como lo hacen Cuba y Venezuela.

El diputado socialista uruguayo Guillermo Chifflet renunció a su banca en repudio al voto positivo del parlamento de los orientales para enviar tropas a Haití.

Quizá haga falta levantar en lo alto a los pocos que tienen el coraje de no aceptar el chantaje imperialista. Y de preparar a todos los espacios de participación popular para que la solidaridad abrace al pueblo haitiano. Después de todo, son nuestros gobiernos y nuestros ejércitos quienes le están cercenando su libertad.

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