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En este marzo se cumplen ocho años de la asunción del primer gobierno del Frente Amplio en Uruguay. Un recorrido por los contradictorios gobiernos de Tabaré Vázquez y el Pepe Mujica, que avanzaron en lo que la derecha de blancos y colorados siempre había tenido que retroceder.
> Por Martín De Battista

Imposible olvidar las calles montevideanas colmadas de pueblo, de banderas, de consignas. Ese hermoso y hermano pueblo, los orientales, con las banderas de toda América, con Viglietti entonando “¡A desalambrar! Que la tierra es nuestra, es tuya, de aquél…”. Con los colores de Artigas, porque el uruguayo es un pueblo que se embandera, que en elecciones pinta la pared de su casa, presta su tanque de agua para una consigna, planta en ventana o mástil de antena televisiva la bandera de su partido político. ¡Por fin!, desde 1971 -cuando se fundó el Frente Amplio- era el sueño de tantos ser gobierno, la unidad de la izquierda y las fuerzas populares. La memoria viva del Bebe Sendic, legendario líder tupamaro y de Líber Seregni, militar democrático y progresista.
Si bien Tabaré Vázquez era el Presidente, la figura que reunía toda la pujanza popular y la consecuencia de vida era la del Senador, y desde entonces Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, José Pepe Mujica.
En marzo de 2010, el viejo descangallado, desalineado, con sus anécdotas guerrilleras, el rehén de la dictadura 14 años preso, con 8 tiros en el cuerpo, el de la moto calandraca, que vive con sus gallinas, se coronó Presidente de la República Oriental del Uruguay, en lo que marcó la continuidad en el Ejecutivo de su partido.

Vamos a ver cómo es…

Los uruguayos se llaman a sí mismos yorugua, por esto del lunfardo tanguero, de invertir las palabras… ¿será el Uruguay el país donde todo es al revés? La izquierda está unida en un Frente desde el año 71, el presidente es un ex guerrillero… Y sin embargo algunas políticas de corte neoliberal que no pudieron implementar los partidos de derecha Blanco y Colorado, encontraron mayor permeabilidad en estos últimos años.
Hay asuntos estructurales, históricos y económicos que condicionan la vida de las mujeres y hombres, y esos asuntos son los grandes limitantes de la vida política, social, cultural e ideológica de los pueblos.
Uruguay tiene 3.2 millones de habitantes, de los cuales el 50% vive en Montevideo y alrededores, es un pueblo que históricamente dependió de la producción de carne vacuna, ovina, arrocera, triguera y con un pujante sector turístico.
Con una muy pobre industrialización, han sido un tapón entre Argentina y Brasil, y sufrieron desde siempre la invasión industrial competitiva de los dos países fuertes del Mercosur.
La clase dominante que se configuró en Uruguay es típicamente oligárquica, con base en la producción agropecuaria, y la fuerte vinculación con los capitales extranjeros, transformó tempranamente a Uruguay en un paraíso fiscal, teniendo una banca muy desarrollada.
Por ello el programa histórico del Frente Amplio, desde una perspectiva popular y antiimperialista, planteaba como principales ejes: reforma agraria, nacionalización de la banca, nacionalización del comercio exterior e industrialización, y agregaba ruptura de los pactos internacionales con el imperialismo.

El origen de la veleta

La estrategia represiva y terrorista de Estado fue diferente a la experiencia Argentina. Aquí hubo una política de exterminio y desaparición genocida. En cambio en Uruguay, si bien hay unos 230 casos de desaparición forzada, la estrategia fue “quebrar” psicológicamente y enloquecer a los militantes en las cárceles (hubo más de 9 mil presos y presas políticos) y hay que sumarle a esto los 300 mil exiliados. Uruguay llegó a ser el país con más torturados porcentualmente con su población, en el mundo. A los principales dirigentes guerrilleros del MLN-Tupamaros los tuvieron presos en calabozos durante 14 años, los famosos 9 rehenes de la dictadura.
Por ello, ni bien terminada la dictadura militar, la izquierda uruguaya se pudo reagrupar, contaba con una fuerza electoral y un Frente Amplio por reconstruir, dirigentes vivos y una base de apoyo popular más que importante.
La muerte de Sendic en 1989 y la desintegración de la URSS, llevaron a que en 1994 “los tupas” abandonaran la perspectiva insurreccional, que implicaba una estrategia política de combinación de lucha electoral y armada que culminaría con la insurrección de los pobres de la ciudad y el campo.
El FA fue ajustando su programa cada vez más en un sentido reformista, conciliador con la oligarquía y de tolerancia al imperialismo. Alejándose poco a poco de sus principios populares de redención de los humildes.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #9, marzo 2013.