COMPARTIR

> Por Martín De Battista

Rápidamente las imágenes de las televisoras y los cables de los media-tenientes nos pusieron a todos al tanto: se trataba del odio e indignación del mundo islámico en repudio a un film colgado en internet sobre el profeta Muhammad (mal traducido Mahoma), mostrándolo como un imbécil, sanguinario, violador y pedófilo.

En casi cuarenta países se alzaron movilizaciones para condenar la profanación. Pero el caso de Libia fue el que se ganó las cámaras de TV: allí fueron pocos los manifestantes, pero la confusión reinó cuando se acopló la protesta con un grupo organizado que con lanzagranadas y cócteles molotov asedió la embajada norteamericana, matando a cuatro agentes, entre ellos el embajador Christopher Stevens.

Al-Qaeda, invento mediático de los norteamericanos, se adjudicó el atentado, justificándolo como represalia por la muerte de su segundo jefe en un bombardeo en Pakistán en junio pasado.
En los gritos de la prensa “libre”, que se vanagloria de su libertad de expresión y de opinión, ninguna neurona periodística se preguntó qué papel jugaba, qué reacciones buscaba, ni qué móviles políticos inspiraban al afamado video titulado “La inocencia de los musulmanes”.

¿Acaso alguien puede defender un video obsceno, de mala calidad, con un guión pésimo, que no hace otra cosa que ofender símbolos religiosos?

Si el material filmográfico tuviera un fin educativo, blasfemo o no, la mentalidad occidental lo justificaría. Pero la mentalidad occidental lo justifica igual: sin juzgar sus móviles e intereses. El video está en sintonía con el pastor estadounidense Terry Jones, quien llama a quemar el Corán, aduciendo que el Islam es algo del diablo.

“Después de la exhibición del filme aparecieron algunas caricaturas también ofendiendo la santidad de nuestro Profeta. Es evidente que se busca una reacción de los musulmanes, pues la provocación por medio de la mentira, las calumnias e injurias también son parte de la guerra que el imperialismo yanki y el lobby sionista llevan adelante contra el mundo islámico” dice a Revista Mascaró la máxima autoridad islámica en Argentina, el Sheij Abdala Madani, quien agrega “la reacción por el filme profano fue de acuerdo a lo que marca la Shari’a islámica (Ley islámica) y el repudio de los musulmanes es auténtico porque una vez más se ha tocado la persona más sagrada que existe para los musulmanes”.

La colonización de la opinión pública
Edward Said, intelectual palestino-norteamericano, en su libro Orientalismo, nos enseña a los occidentales a conocernos a nosotros mismos. Retomando la reflexión que planteara A. Gramsci: el punto de partida de cualquier elaboración crítica es la toma de conciencia de lo que uno realmente es; es decir, la premisa “conócete a ti mismo” en tanto que producto de un proceso histórico concreto que ha dejado en ti infinidad de huellas sin, a su vez, dejar un inventario de ellas. Por tanto, es un imperativo comenzar por recopilar ese inventario.

Said dice que orientalismo es investigar, enseñar o escribir sobre Oriente, o es el acercamiento cultural e ideológico por lo oriental, pero fundamentalmente una tercer cosa: hacer declaraciones, tomar posturas, describir, hacer juicios de valor sobre Oriente, y finalmente colonizarlo, decidir sobre él; dominarlo, reestructurarlo y tener autoridad. Es básicamente una lógica y un discurso. Esto es así desde las invasiones de Napoleón en adelante. La cultura europea -occidental- se construyó una identidad a sí misma en detrimento de Oriente, considerándolo una forma inferior y rechazable de sí misma.

Esta construcción cultural tiene arraigo en la historia, y la construyeron nuestras clases dominantes para uso y consumo propio y de nuestros pueblos. Entonces ya no hay que pensar, ni entender nada. Cualquiera de nosotros asocia las palabras “terrorismo” e “islámico” con la naturalidad de la periodista Glenda Umaña de CNN. El término “fundamentalista” se nos representa en nuestra imaginación como un palestino-árabe-iraní-musulmán (¿no son todos lo mismo?) con la hatta (chalina) a la cabeza.

Ese tipo de reacción que tenemos fue trabajada durante años en nuestro conciente e inconciente por nuestra educación y los medios de desinformación masiva. Said sentencia provocativamente: Oriente no fue (y no es) un tema sobre el que se tenga libertad de pensamiento o acción.
El mecanismo es lo que se llama “reflejo condicionado”. No hay pensamiento o reflexión crítica. Hay una reacción: un reflejo; condicionado por el consumo de dosis diarias de orientalismo.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #6, octubre 2012.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER