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Han pasado más de cincuenta años desde que los estados africanos se independizaron, sin embargo la descolonización es un tema aún pendiente en África.

> Por Gabriela Jäkel

El conflicto en Malí, que se volvió visible a principios de este año por la intervención del gobierno francés en la que era una de sus colonias, nos lleva a preguntarnos nuevamente acerca de la realidad africana. Incomprendida antes que incomprensible, África, un continente de minerales y agricultura, aún es fundamental para las estrategias geopolíticas de las potencias imperialistas.

África misteriosa y salvaje

El polaco Joseph Conrad, británico por adopción, publicó en 1902 Heart of Darkness, que trata del viaje de un hombre europeo (Marlow) a través de sus propios miedos y miserias, parafraseando de algún modo los caminos contradictorios de la “civilización occidental”;  pero es también el relato de un viaje hacia el corazón del continente africano. Marlow contratado por una compañía marfilera belga remonta el río Congo en busca del enigmático señor Kurtz. El viaje hacia “el corazón de las tinieblas” es un descenso hacia los infiernos. Esta África “no domesticada” aparece como una selva voluptuosa e inquietante en donde se esconde la amenazante presencia de gentes que son descritas como poco más que animales. La novela es la historia de un Kurtz bestializado que pierde los principios éticos y morales a fuerza de estar en el Congo. Paradójicamente fueron los belgas los que con su violencia colonial transformaron este territorio en una tierra apenas habitable.

Occidente construyó históricamente una mirada sesgada de África para legitimar sus acciones. En el siglo XVI la sentencia de que los africanos eran más bien próximos a los animales brindó la base ideológica para su cosificación y esclavización: no eran personas sino herramientas, mercancía. Más tarde la vigencia de las ideas humanistas y universalistas de la Ilustración encontrarán contradicciones en un tratamiento tan inhumano hacia los africanos y sus descendientes en las colonias americanas; así se les otorga el estatus de personas, pero el género humano queda organizado en jerarquías de acuerdo a caracteres físicos, tecnológicos y culturales. En la cúspide se encontraba por supuesto Europa cuya misión era “civilizar” a los demás pueblos del mundo a través de su incorporación (forzosa) al mercado europeo y a los patrones culturales occidentales. En la base quedan los africanos, “los más arcaicos”. Más tarde el establecimiento de las Ciencias Naturales y Sociales dio a estas visiones un marco pretendidamente objetivo.

África, el imperialismo y el capitalismo

Las teorías evolucionistas y racistas fueron el telón de fondo de la repartición total de África entre las potencias europeas que a finales del siglo XIX comenzaban una etapa de feroz competencia interimperialista. A partir de la Conferencia de Berlín de 1884 el continente africano queda arbitrariamente dividido en diferentes posesiones coloniales, cuyas fronteras trazadas en un mapa a kilómetros de distancia no reconocían los límites naturales del territorio ni los limites lingüísticos, culturales y políticos de los pueblos que vivían allí.

La lista de las vejaciones que los africanos sufrieron durante los regímenes coloniales es infinita.

En la década de 1960 las independencias africanas se suceden unas a otras en el contexto de unas potencias europeas debilitadas. Como toda independencia, éstas fueron complejas y conflictivas, y en la lucha por los tan esperados Estados Nacionales soberanos nos encontramos con pueblos alzados en armas, con intelectuales y políticos comprometidos con la lucha antiimperialista, pero también con sectores interesados en mantener firme la alianza con sus ex metrópolis y con militares con ínfulas dictatoriales, sin olvidar la movilización de intereses y solidaridades internacionales: África era también uno de los tableros en el desenvolvimiento de la Guerra Fría.

Muchos de los procesos de descolonización resultaron en gobiernos inestables, y la autonomía política de sectores militares estrechamente relacionados con intereses extranjeros no fue un factor menor. De nuevo el imperialismo y sus aliados locales boicoteaban la posibilidad de autodeterminación de los pueblos africanos, y para las décadas de 1970 y 1980 en África proliferaban dictadores sanguinarios, nepotismo y cleptocracia, matanzas, desplazados y hambrunas. No es casual que en este marco se implementaran, a instancias del FMI y el BM, los Programas de Ajuste Estructural (PAE) y las hipócritas “ayudas al desarrollo”, políticas que permitieron continuar con el saqueo de los recursos naturales, el acaparamiento de la propiedad y la marginación o directo exterminio de los sectores populares. África no era para los africanos.

Los mitos sobre África

El Doctor Mbuyi Kabunda, catedrático de origen congoleño, de paso por Argentina dialogó con Mascaró acerca de la realidad política en África y de las perspectivas que se abren allí.

En principio subraya que para hablar de África hay que tener en cuenta que está compuesta por regiones diversas: del Magreb, el Mashreq, un norte mayormente musulmán y bereber, históricamente muy relacionado al Mediterráneo y al mundo árabe,  y el África subsahariana, el “África profunda”, dividida a su vez en Occidental, Oriental, Central y Austral. Hay cincuenta y cuatro países reconocidos, algunos muy grandes, otros ínfimos, unos muy pobres, otros potencias económicas como Sudáfrica, hay territorios con rígido control militar por parte del Estado y zonas donde las ONG`s tienen más poder que los gobierno, hay dictaduras, monarquías y democracias más o menos universales. Hay también múltiples conflictos, los cuales deben ser explicados más allá de visiones prejuiciosas y estereotipadas.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #16 de Octubre 2013.

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