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En el primer día del año 94, los encapuchados bajaron desde la Selva Lacandona para tomar varios poblados y ciudades del sudeste mexicano. En plena globalización de las comunicaciones, el EZLN se hizo conocido mundialmente y llamó la atención a una generación a la que le habían vendido de todo, menos la posibilidad de luchar por un mundo diferente.

 

> Por Agustín Santarelli

El 1º de Enero de 1994, en las montañas del sudeste mexicano, hizo su aparición pública el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Encapuchados, con pañuelos rojos en los rostros, hombres y mujeres, indígenas mayas, herederos de Emiliano Zapata, despertaban de la modorra al mundo neoliberal, justo a 35 años del triunfo de la Revolución Cubana y en el mismísimo día en que comenzaba a correr el Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos.

“En ese entonces se empezó a decir que la del EZLN era la primera guerrilla del siglo XXI (sí, nosotros que usábamos todavía la coa para sembrar la tierra, que de la yunta de bueyes -sin agraviar- sabíamos de habladas, y que el tractor sólo lo conocíamos en fotografías); que el sup Marcos era el guerrillero cibernético que, desde la selva Lacandona, lanzaba al ciberespacio las proclamas zapatistas que darían la vuelta al mundo; y que contaba con comunicación satelital para coordinar las acciones subversivas que se realizaban en todo el mundo”, dice el subcomandante Marcos un poco en broma y bastante en serio, como siempre, desde que se convirtió en un personaje de relevancia mundial sin mostrar más que sus ojos, su fusil y a veces un walkie-talkie.

Siempre creí que la primera computadora que me devoraron los virus fue por culpa de los zapatistas. Cuando uno conectaba el cable del teléfono, superaba el ruido insoportable de la conexión y lograba colocar la dirección web del ezln.com, enseguida saltaba una advertencia diciendo que era peligroso visitar ese sitio y que el FBI caería en la mismísima casa de uno. En esa época no existía el facebook ni el twitter, ni el celular (como se lo conoce ahora) y la internet no era algo cotidiano. Por precaución y por abaratar la cuenta de teléfono fijo terminaba entrando a la página zapatista desde un ciber. A lo lejos, uno imaginaba una terrible estructura de informáticos y hackers ocultos de pasamontañas, montados sobre algún árbol de la selva Lacandona y a las órdenes del Sup.

Sin embargo, en febrero de 2013, en un artículo titulado “Las Miradas, capítulo 4 del documento Ellos y Nosotros”, Marcos explica cómo nació el poderío ciberspacial: “Lamento de veras si, además de mi ya maltrecho ego, destruyo algunas ilusiones que luego se crecieron por ahí, pero así fue, tal y como se los cuento ahora. (…) Un joven estudiante en Texas, USA, tal vez un “nerd” (como le dirían ustedes), hizo una página web y le puso sólo “ezln“.  Ésa fue la primera página web del ezln.  Y este compa empezó a “subir” ahí todos los comunicados y cartas que se hacían públicos en la prensa escrita. Gente de otras partes del mundo, que se enteraba del alzamiento por fotos, imágenes video grabadas, o por notas periodísticas, buscaba ahí lo que era nuestra palabra”.

Según el inventario tecnológico que se recupera de aquellos días del alzamiento, los zapatistas contaban con una computadora de esas grandotas con un sistema operativo DOS que “además de para jugar pacman, la usamos para la “Primera Declaración de la Selva Lacandona”, que reprodujimos en una de esas viejas impresoras de matriz de puntos, que hacía más ruido que una ametralladora”. La proclama se pegó en cada uno de los pueblos del territorio de San Cristóbal de las Casas que se tomaron ese primer día del año 94. Luego hubo una notebook que no supo nadar y se perdió en un arroyo cuando escapaban del ejército y más tarde una máquina de escribir.

Además del walkie-talkie, “eso era el poderoso equipo de alta tecnología que poseíamos entonces los `guerrilleros cibernéticos del siglo XXI´”.

Fortuitamente o no, la comunicación fue un fuerte del zapatismo en su relación con el  México cosmopolita y resto del mundo. Desde la pluma del subcomandante Marcos -de quien se dice que tiene un pasado de profesor universitario y escritor- el EZLN ha producido mucho texto y muchas frases que se han tomado como consignas, como grafitis o tatuajes. Pero también se ha escrito y dicho mucho sobre ellos. La derecha aprovechó para descargar su discurso antiguerrilla, diciendo que nada se soluciona mediante la violencia y lanzó todo su poderío para aniquilarla y callarla; la izquierda ortodoxa enseguida buscó y encontró las diferencias entre los zapatistas y lo que su teoría dice que deben ser las insurrecciones; los intelectuales posmodernos le encontraron la vuelta a la coincidencia del discurso zapatista que dice no tener como objetivo tomar el poder, y de ello se agarraron para decir que nunca se debió ni se debe volver a luchar por el poder, menos ahora que ya no existe.

Como dicen los zapatistas en su página web www.enlacezapatista.org -que ahora sí administran ellos-: “Del otro lado de nuestra palabra hay muchos que no están de acuerdo y lo manifiestan; hay otro tanto mayor que no están de acuerdo y ni se toman la molestia de decirlo; hay unos pocos que sí están de acuerdo y lo manifiestan; hay otro tanto mayor a esos pocos que sí están de acuerdo y no lo dicen; y hay una gran, inmensa mayoría, que ni se entera. A estos últimos es a quienes queremos hablar, es decir, mirar, es decir, escuchar”.

Esta breve mención al vigésimo aniversario del levantamiento del EZLN no es más que eso: una cita, un recuerdo y un saludo para los miles mujeres y hombres que se tuvieron que tapar la cara y agarrar un fusil para que los vieran después de 500 años, para hacer notar su incómoda existencia y para recordarle al mundo que la historia sigue andando, la hacen los pueblos, y que no ha llegado a su fin, como han querido vender.

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