COMPARTIR

Mailín Blanco tiene 24 años y es una de las sobrevivientes del incendio desatado en República Cromañón, el boliche de Once, la noche del 30 de diciembre de 2004. Esa noche murió su hermano, Lautaro Blanco de 13 años, y ella empezó a andar un camino de lucha y militancia. Trabaja en el BAP (Buenos Aires Presente), un programa de asistencia y orientación para personas en situación de calle y, si todo marcha bien, en febrero se recibirá de socióloga.
Me casé joven, hace dos semanas. Por civil y por Iglesia. Yo no soy católica, pero Fede sí y para él era importante. Los dos sobrevivimos a Cromañón y los dos perdimos un hermano ahí. Nos conocimos en las reuniones que empezamos a organizar los sobrevivientes después de un tiempo, más que nada para estar juntos, para hacernos compañía.

Siempre me gustó ir a los recitales, ese momento de encuentro con la banda que te gusta y la gente que disfruta lo mismo que vos. Lauti era el más fanático de Callejeros, pero esa noche también tocaba Ojos Locos, que era otra banda que nos gustaba a los dos, así que estábamos contentos de estar ahí. Tal vez mirando hacia atrás pueda hacer una autocrítica como público, pero la verdad es que para el público de rock, como para cualquier otro (para los jóvenes en sí), un recital significaba y significa un encuentro de solidaridad y alegría. Y esa noche quedó demostrado que esos valores estaban presentes. Más del 30% de los pibes que pudieron salir volvieron a entrar para ayudar a sacar gente.

A mi me sacaron desmayada, de hecho. Yo estaba en la parte de arriba del boliche, cerca de los baños y del VIP con mi hermano y dos amigos que también salieron. Cuando vi lo que había pasado con la bengala pensé no voy a tratar de salir junto con toda la gente, voy a esperar para salir tranquila. Pero cuando se cortó la luz supe que era tarde, que no iba a ser tan fácil. Me puse la remera en la cara y en algún momento me desmayé.

Entré al hospital Ramos Mejía con un coma leve. Me pusieron un respirador artificial y estuve internada hasta el 31 de enero porque tenía quemaduras en las vías respiratorias. Cuando salí de terapia, después de una traqueotomía, todavía sin tomar dimensión de lo que había pasado, mi mamá con cuidado me dijo lo que había pasado con Lauti.

En la escuela fue un shock para los chicos porque perdimos a mi hermano y a otro chico, Esteban.  Yo no me fui de viaje de egresados porque no podía estar en lugares cerrados y preferí quedarme. Hice tratamientos médicos dos años y terapia individual y familiar. Así, de a poco pude transformar el dolor en lucha.

Cuando empezamos a organizarnos es que Callejeros se convierte en un punto de inflexión entre los grupos de familiares y sobrevivientes que pedían la condena de los músicos y los que, como nosotros entendíamos que lo que pasó es producto de una cadena de responsabilidades en la que culpabilizar a los músicos sólo garantiza que Cromañón vuelva a pasar.

Es ridículo que Chabán, si bien tiene una condena por más años, tenga la misma pena que Patricio Fontanet. Es absurdo que el escenógrafo de la banda tenga una condena de tres años de prisión efectiva mientras las condenas de los funcionarios pueden ser de un máximo de cuatro años. Es disparatado un fallo que equipara las condenas de un cantante con la de un comisario que tiene la función y la responsabilidad de habilitar un lugar o detectar si puede ser peligroso dar un recital ahí.

Nosotros estamos apelando al fallo de la Corte Suprema porque es disparatado, no hay otra palabra. Si casación y la Corte no lo revocan, ésta va a ser la sentencia definitiva y eso va a sentar precedentes para la habilitación futura de otros lugares como Cromañón.

Yo creo que tiene que haber un cambio en el Estado, que es un Estado presente, pero que pone sus intereses económicos primero. El Estado tiene que cumplir con cuidar la vida antes que hacer negocios. Y como sociedad tenemos que hacer una autocrítica, ver qué nos pasa, por qué siempre miramos para un costado, por qué nos cuesta tanto asumir las causas como propias, involucrarnos, entender que nadie está excento.