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Cuando Luca falleció el 22 de diciembre de 1987 en el barrio porteño de Monserrat, Andrea Prodan vivía en Italia. Hacía un tiempo no veía a su hermano que para entonces se había convertido en el líder de una banda única como Sumo y un referente de los ochenta del país, que apenas iniciada la década lo había visto aterrizar como a un extraño. Hoy a 27 años de su muerte, Andrea vive en Argentina y lo recuerda como hermano, como artista y como hombre libre del mundo.

Cuando Luca falleció yo estaba protagonizando una película en Italia. Cuando me fui a casa, tras una llamada de mi hermana, pensé que había muerto uno de mis padres…o algo así. Nunca imaginé que fuera Luca quien se había ido. La noticia fue demoledora, y me chupó en un remolino auto-destructivo que duró, más o menos, siete años.

Luca tenía algo de “salvaje”, en equilibrio con una mente muy clara, analítica. Era la persona menos histérica que he conocido, muy seguro de quién era, y de quién tenía en frente. No era de cambiar de idea seguido, diría que lograba acertar sus opiniones casi siempre. Era un líder, la gente lo elegía espontáneamente. Su papel era sacar de sus amigos la esencia que escondían. Liberarlos.

Obviamente Luca en el escenario era una versión potenciada del Luca cotidiano, aunque no distinta. Es uno de los poquísimos músicos que logran transmitir sus sensaciones y pensamientos personales en modo orgánico, en su música. Los discos “solistas” lo revelan de manera patente. Sus covers a veces superan el original. Algo muy insólito.

La magnitud de la figura de Luca se va haciendo en el día a día, sigue formándose, creciendo con toda la naturalidad de un gran árbol. El tamaño de Luca se va notando con el pasar de los años, con el achicarse de varios “mitos” del pasado.

Luca me mantenía informado del crecimiento de Sumo durante su vida, de esto me enteraba. Pero el post mortem fue increíble.

Luca era muy consciente de todo y al mismo tiempo, despreocupado. Y así tiene que ser. Un verdadero artista hace, y no se mira en el espejo de su obra de manera narcisista. Porque así muere. Y Luca sabía que no iba a morir.

Primero de todo, Luca buscó sobrevivir. Una vez logrado ésto, buscó vivir…y una vez encontrado ésto, buscó trascender. Redemption Song (de Bob Marley) es un tema que lo dice todo. Luca, acá, y con Sumo logró redimirse de muchas cagadas y de muchos disparates de su pasado. Logró llegar a una claridad, un despegue de lo material que pocos conocen. En Argentina , además, Luca encontró valores humanos que en Europa ya no existían. Y esta no es poca cosa.

Yo he encontrado estos valores casi intactos, aunque la Bestia Materialista pisa fuerte en todos lados. Pero yo tuve la suerte de tener un hermano que fue al choque por mí, que pagó con su vida y que me abrió las puertas a un país que amo. Yo tuve la suerte de ser padre, de tener una compañera excepcional. Tuve la suerte de sobrevivir y de vivir.

Luca vive en muchas grietas de nuestra sociedad Argentina. Luca abrió las puertas en un país que, me recuerdo, era muy muy cerrado, miedoso y estandarizado. Luca comprendió a los Argentinos mejor que nadie, y en muy poco tiempo les dejó un regalo musical y filosófico de gran valor. Algo muy simple, sin filtros ni doble discurso. El orgullo de “ser ti mismo”, con todas tus pequeñas locuras. ¡El regalo de ser Libre!

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