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El 5 de Junio de 1975 el Ministro de Economía, Celestino Rodrigo, anunció una devaluación del peso del 100%, aumentos del 175 % en los combustibles y el 60% en la electricidad. Daniel De Santis era por entonces militante del PRT-ERP y dirigente sindical. Partícipe y testigo, recuerda una de las gestas obreras más importantes y menos reconocidas de la historia de nuestro país.

En junio de 1975 hacía casi un año que había muerto Perón, por lo que el gobierno de Isabel Martínez estaba en una situación de debilidad y, al mismo tiempo, perdía apoyo de gran parte de su columna vertebral histórica, que era el movimiento obrero organizado. En forma creciente, los trabajadores iban construyendo las Coordinadoras de los Gremios en Lucha, integrada por la militancia clasista mayormente adherida a las organizaciones revolucionarias.

Cuando Isabel nombra a Celestino Rodrigo como Ministro de Economía, simultáneamente se estaban llevando adelante las comisiones paritarias, regidas por la Ley 14250. Rodrigo tiene entonces la intención de aplicar un shock económico para provocar una profunda transferencia de ingresos desde los sectores asalariados al gran capital.

Esa medida fue resistida por el conjunto de los trabajadores, provocando el estallido de la conflictividad obrera y obligando a la CGT a movilizar a Plaza de Mayo el 27 de junio. Hubo consignas contra López Rega y, sugestivamente, se cantó varias veces el himno nacional, pero no la marcha peronista.

Yo era militante del PRT-ERP y, hasta fines de abril del 75, había sido miembro de la Comisión Interna de reclamos de Propulsora Siderúrgica de Ensenada. En ese mes, la dirección del Partido evaluó que mi vida corría peligro, orientándome a que dejara la fábrica porque me iban a matar. Entonces, hicimos una asamblea con los trabajadores y les informé la situación, pero que no iba a abandonar la lucha y dije: “me despido como lo que soy, un dirigente sindical, un militante del PRT y un combatiente del ERP”.

Con varias luchas en su haber, Propulsora se había convertido en la fábrica más avanzada del Gran La Plata. Durante el conflicto hablé por teléfono con otro militante del Partido que era de la CI, quien llevó mi propuesta a la asamblea que se estaba realizando: que la lucha se resolvía saliendo a la calle. El 30 de junio, en el marco de la convocatoria de las Coordinadoras para exigirle a la CGT que convoque a una huelga general, ocupamos varios colectivos y nos fuimos hasta la puerta de la CGT, en la calle Azopardo de Capital Federal. Ahí, había unos 15 mil obreros y nosotros llegamos en perfecta formación de fábrica, ropa verde, con cascos, botines, parecíamos un ejército. La entrada fue tan pujante, que terminé en lo que hacía de tribuna de los oradores dando un discurso.

Para el 3 de julio, las Coordinadoras llamaron a una huelga general con movilizaciones que fueron muy potentes en las grandes ciudades. En La Plata, por ejemplo, terminó en la sede de la CGT y, desde lo alto de la reja, le propusimos al Consejo Directivo Regional impulsar juntos la huelga y la movilización general por la vigencia de la Ley 14250. Los directivos nos pidieron un tiempo para respondernos y, mientras tanto, acordaron la represión con la policía que nos atacó de todas direcciones y desde helicópteros. La resistencia originó combates hasta entrada la noche.

Similares situaciones se dieron en la mayoría de las grandes ciudades del país: Rosario, Córdoba, Santa Fe, Mendoza o, en el Gran Buenos Aires, con grandes marchas desde el Sur, el Oeste y el Norte, destacándose ésta última encabezada por los obreros de la Ford.

La dirección de la CGT estaba en una situación complicada porque, por un lado la movilización alentaba el protagonismo de los sectores clasistas que ganábamos lugar pero, al mismo tiempo, no podía dejar de movilizar porque las medidas del gobierno la dejaba mal parada ante las bases. Finalmente, la CGT tuvo que convocar a una huelga general para los días 7 y 8 de julio. En lo que significó la derrota y, en los hechos, el fin del gobierno peronista, anularon el decreto y debieron renunciar Rodrigo y López Rega, quien debió exiliarse.

Las jornadas de junio y julio fueron de las mayores gestas de lucha en la historia del movimiento obrero y revolucionario y, uno de los motivos de las características que tuvo el golpe de Marzo del 76, porque la burguesía comprendió que el grado de organización, politización y la dirección revolucionaria del movimiento obrero ponía en disputa el poder y su dominación de clase.

Se ha dicho y escrito que el Golpe fue cívico y militar -como han sido todos en la Argentina- para imponer un plan económico, lo cual es verdad, pero dicho así oculta que su criminalidad, se debió al nivel de organización y a la nueva conciencia política que estaba madurando en la clase obrera. Por lo que creemos que para esclarecer las motivaciones últimas de su carácter genocida, la correcta calificación política del Golpe es que fue contrarrevolucionario porque en la Argentina había una revolución social en marcha.

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