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El 16 de septiembre de 1976 diez estudiantes secundarios de La Plata fueron secuestrados por el ejército y la policía bonaerense. Pablo Díaz fue detenido el primer día de la primavera, y llevado, luego de transitar otros centros clandestinos, con los demás al Pozo de Banfield. Díaz logró sobrevivir y contar la historia de la Noche de los Lápices y de los adolescentes a los que no se les perdonó que madurara en ellos el sueño de un mundo mejor. 

Mi adolescencia fue de militancia gremial y  política, poco para agregar por fuera de este contexto. Desde primer año de la secundaria mi ámbito fue el estudiantil gremial desde mi escuela, y en lo político me incorporé desde muy temprano a una agrupación llamada la Alianza de la Juventud Peronista, que contenía la UES, la Unión de Estudiantes Secundarios. Estuve ahí hasta la muerte de Perón, previo paso por la confusión del retiro de la plaza el 1º de mayo. El peronismo de Isabel y López Rega no me contenía en lo más mínimo ideológicamente y me incorporé entonces a la Juventud Guevarista en el año 1975. Esta agrupación era un ámbito juvenil con relaciones organizativas en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Mi primer año fue en una escuela religiosa, el Colegio Estrada, y luego al ser expulsado pasé a la Escuela España, más conocida como la “legión extranjera” ya que se caracterizaba por chicos venidos de otras escuelas. Siempre en la ciudad de La Plata, desde el primer año tuve indicios organizativos ya que mi experiencia gremial fue en la construcción de centros de estudiantes en los colegios donde estuve, y como se ve mi inquietud política también fue relevante.

En 1975 había una crisis económica y política, y una hiperinflación que exprimía o se comía el sueldo de nuestros padres. Esto hizo que empezáramos una reivindicación por una rebaja en el boleto. Para ser claro, la Coordinadora de Estudiantes Secundarios tomó la idea desde una rebaja como un planteo gremial, político y social. Luego de movilizaciones que fueron hito para el movimiento secundario, en septiembre de 1975 se logró la tan ansiada rebaja.

De marzo a octubre o diciembre del 76 fue terrible. Hay que tener en cuenta que la Noche de los Lápices fue un operativo que va desde agosto hasta octubre en la ciudad de La Plata y fue la represión sistemática a estudiantes secundarios, teniendo en cuenta que el Estado Mayor del Ejército había justificado esa represión porque consideraba que los militantes de agrupaciones estudiantiles eran subversivos potenciales, algo así como futuros problemas para la implantación de sus planes económicos y políticos.

A mi me detienen en la madrugada del 21 de septiembre.

Fui separado junto con los compañeros de la Noche de los Lápices que fueron llevados al Pozo de Banfield para su ejecución, viví con ellos en soledad y en encierro a la espera del turno para desaparecer eternamente…pero una noche vinieron a decirme que me habían dado un salvoconducto e iba a vivir . Volví a la celda y les dije a mis amigos lo que me habían dicho y que en un rato me iban a separar de ellos… Me pidieron mientras me despedía que no los olvidara… Les juré que iban a salir… En la cárcel me enteré que ellos no habían aparecido, desde ese momento tuve una obsesión, no olvidarlos… Hablé por ellos, y hoy me siento preparado para el día del encuentro (si es que lo hay), rendiré examen ante ellos y sé que seré aprobado.

Hoy están en miles de adolescentes que saben de su identidad, que existieron y vivieron por ellos, que fueron militantes…

En 1985, cuando comenzaron los Juicios a las Juntas, conté mi historia que es la historia de mis compañeros: Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Daniel A. Racero, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha y Horacio Húngaro.

Todo estudiante secundario desaparecido o perseguido fue parte de una noche de los lápices. Hay 250 estudiantes secundarios o adolescentes desaparecidos en el país.

En septiembre de 1986 se estrenó la película “La Noche de los Lápices”, dirigida por Héctor Olivera y la historia se conoció en todo el mundo.

La película no tuvo la intención de resaltar ideológicamente un debate sobre las metodologías de lucha de una generación o ser la película que resuelva la década del 70 en su contexto revolucionario. No, fue sobre la base de una obsesión de hacer aparecer a unos compañeros con quienes compartí un centro clandestino y cumplir el juramento personal de hacerlos aparecer.

Fue la primera película, mérito más que suficiente, pues todavía existía una sociedad impregnada de la represión ideológica con respecto a nuestra culpa por resistir o militar. En todo caso, las dificultades para filmar bajo amenazas hizo que tuviéramos prejuicios sobre resaltar cosas más claras, que hoy en día podemos exponer más claramente.

Si decimos que fue una reivindicación gremial, económica y política hay que ver al adolescente o joven como un todo, nunca como un boleto sino que la peligrosidad para el gobierno de facto estaba en la capacidad de organización y resistencia de cada estudiante que tuviera la inquietud de una sociedad justa.

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