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Paco Urondo: a 40 años de su asesinato

El poeta y periodista  Paco Urondo también es reconocido por su militancia política. Llegó a ser jefe de la Regional Cuyo de Montoneros, rol que desempeñaba cuando lo asesinaron el 17 de junio de 1976 en Guaymallén, Mendoza.

Renée “la Turca” Ahualli estuvo con él y narra ese trágico día.

A Paco Urondo lo conocí a partir de la militancia. Formé parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que luego se unieron a Montoneros. En 1973, durante la dictadura de Lanusse, allanaron mi casa en Tucumán y tuve que irme a Córdoba. Más tarde la organización me envió a  Mendoza.

Mientras Cámpora estuvo en el poder tuvimos buena relación con el gobierno, pero con Perón la situación se puso dura y con la Triple A, empeoró. Perdimos la tranquilidad para militar, para hacer el trabajo en los barrios y por eso pasamos a la clandestinidad.

A Paco Urondo lo pusieron a cargo de la regional Cuyo de la organización en mayo de 1976. El 17 de junio teníamos una cita de control con él y otro compañero. Paco apareció en un Renault 6 y me hizo subir, estaba con Alicia, su compañera y Anyi, su hija. En el auto me dijo “Turca fijate porque hay algo que no me gusta del recorrido”. A las dos cuadras vi por la ventanilla un auto rojo, adentro estaba nuestro compañero Aníbal Torres con otros tipos. Lo miré a Paco, le dije “esto está re cantado” y él intentó escapar. El auto nos siguió y desde adentro empezaron a tirarnos. Paco y yo respondimos los disparos, pero las municiones se nos acabaron y ellos siguieron. Entonces nos preguntó si estábamos heridas y yo respondí que si, una bala me había dado en la pierna- en realidad tenía las dos piernas lastimadas. Después nos confesó “me tomé la pastilla (de cianuro) vayansé ustedes que yo me quedo”. Alicia bajó, dejó a la nena en brazos de un hombre que estaba por ahí y se metió en un lugar que no tenía salida. Yo corrí en zigzag, un hombre me guió para que huya, otro me ayudó a trepar una pared. Tenía que salir de ese lugar.

La única forma de alejarme era tomar el trolebús, agradezco que llevaba puesto un pantalón negro que disimuló la sangre de mis heridas. Esperando en la parada pasaron algunos Falcon con personas de civil y otras uniformadas con las armas saliendo por las ventanillas, yo ponía cara de santa. Subí al trole y, a las dos cuadras lo pararon unos uniformados para revisarlo, pensé que era mi fin pero zafé, bajaron sin sospechar. Pasamos por donde estaba el auto, había vecinos del barrio alrededor, miré curioseando con los demás. Por el comentario de la gente supimos que a Paco lo habían matado ahí y que a Alicia y a Anyi se las habían llevado.

Yo tuve que guardarme una semana y posteriormente viajar a Buenos Aires desde un pueblo chico, porque en las terminales grandes tenían mi foto.

El día que mataron a Paco me va a acompañar toda la vida, por momentos sentía que no respiraba. El fragor de la lucha hizo que se crearan escenas distorsionadas en mi cabeza. Con el paso del tiempo, los testimonios en los juicios y la vuelta al lugar de los hechos pude rearmar las cosas tal cual fueron. Por ejemplo, durante años creí que fue mi instinto el que me guió en la huida, luego comprobé que fueron esos hombres que me orientaron para escapar. También pude revertir mi opinión condenatoria sobre Torres por haber cantado la cita. Ahora me doy cuenta que en ese momento no conocíamos demasiado las torturas a las que eran sometidos los compañeros que caían en manos enemigas y, como no sabemos qué habríamos hecho nosotros ante esas circunstancias, no podemos convertirnos  en sus jueces.

En cuanto a Paco siempre  lo recordaré como un tipo lleno de vida, seductor, alegre, afectivo, simple, inteligente y humano. No me canso de resaltar su actitud al inventarnos que había tomado veneno para que nos fuéramos sin discusión y quedarse él a resistir; podría haberme pedido a mí que estaba herida que aguantara mientras él y Alicia se marchaban. Esa actitud agiganta su figura y su responsabilidad como jefe. Esa inmensa admiración y agradecimiento lo puedo traducir en amor que siento por Anyi. Ella descubrió su historia siendo grande, me buscó, entablamos una relación y hoy puedo decir que somos familia.

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