COMPARTIR

Carlos “Calica” Ferrer fue amigo de Ernesto Guevara desde la infancia, en Alta Gracia. En 1953 iniciaron juntos un viaje que terminó con Calica en Venezuela y con el Che en México embarcándose en el Granma con los revolucionarios cubanos.
Fui testigo directo de la vida de Ernesto y fui testigo indirecto de la vida del Che. Porque fui su amigo de la infancia y la juventud. Hemos viajado juntos. Y conozco a todos los que estuvieron con él, a quienes lucharon con él en Cuba, en Bolivia, en África. He leído y preguntado a cada persona que ha compartido momentos con el Che.

Fui testigo de su personalidad. A Ernesto lo conocí a los 3 ó 4 años, cuando con su familia se mudan a Alta Gracia por los problemas de asma que él tenía. Mi padre fue el primer médico que el niño Guevara tuvo allí.

Con Ernesto todo era una aventura, salías a dar una vuelta y ya en la esquina era toda una incógnita lo que te podía pasar. Podía darse cualquier circunstancia. Creo que esa fue siempre una característica de Ernesto, adaptarse y sacarle provecho a las circunstancias que se iban presentando.

Cuando volvió del primer viaje con Granados todavía no era médico y me dijo: “Preparate que dentro de un año nos vamos”, y efectivamente dio las doce materias en un año y nos fuimos el 7 de julio de 1953.
Él tenía una inteligencia superior a la media nuestra y una inquietud por conocer increíble. Porque en ese tiempo no sólo preparó todas esas materias, sino que en cualquier momento se escapaba a las bibliotecas y estudiaba la historia de América, las civilizaciones. A tal punto, que ya durante el viaje tuvimos algunos problemas con los lugareños, porque el Che se había estudiado a los pueblos originarios, sabía de la geografía de los lugares que visitábamos y por ejemplo si alguien te decía “estas son las ruinas…” y él le discutía, le decía “no, esas ruinas están más allá”.

Desde chico tuvo esa personalidad, siempre mantuvo su inquietud y siempre fue aprendiendo en cada lugar y cada tiempo en que le tocó vivir.
A fines de octubre del 53 nos separamos en Guayaquil. Yo me voy a Quito y allí recibo un telegrama diciéndome que lo esperara que él iba a seguir viaje conmigo. Pero al otro día recibo otro telegrama que decía: “Calica llegó barco bananero, me embarco con Gualo García”. Y ahí Ernesto siguió viaje hacia Panamá.

Luego seguimos manteniendo contacto por cartas, nosotros desde Venezuela con Granados, le mandábamos plata. Un día viene el “Petiso” con en el diario El Universal y me dice mirá: “Cubanos presos en México”, una foto y la nómina de los “contrarrevolucionarios” entre los cuales se encuentra el abogado Fidel Castro, fulano, sultano, mengano, y un médico argentino, Ernesto Guevara de la Serna. ¿Y este hijo de puta qué hace acá?, nos preguntamos. Ahí nos enteramos de que estaba en México.
Luego volvemos a tener noticias cuando triunfa la revolución, el Primero de enero del ´59. El contacto que teníamos era más con su familia desde Buenos Aires que con lo que pasaba en Cuba. Con el triunfo de la revolución, Granados se fue a verlo al Che y se queda trabajando allá. Él me invita, me aclara que en breve van a romper relaciones con el mundo capitalista y me manda de regalo una billetera, con esa ironía que tenía Ernesto. La cuestión es que en Caracas los caballos eran muy lentos y las mujeres muy rápidas, por lo que me quedé viviendo allí.
Del asesinato de Ernesto me entero por los diarios. Me negaba a aceptarlo, veía fotos y decía que no era él. Fidel le mandó una foto a Granados para que la viera y enseguida lo reconoció. Ahí tomo conciencia.

En ese momento me acuerdo que dije “qué boludo, mirá este cabeza dura donde se fue a meter?” Mucha gente dice, ¿cómo se fue a meter a Bolivia? Yo lo entiendo ahora. Me costó mucho al principio, pero entendí que el Che no había ido por ir a Bolivia, sino que era el lugar donde debía ir. No digo que no hubo errores, pero si no lo hubieran traicionado desde el Partido Comunista boliviano, otro hubiera sido el cantar de nuestro continente.

Hay una frase de Fidel Castro que lo explica genialmente y que dice más o menos así: el Che logró despertar en los indios bolivianos, en el pueblo boliviano, un espíritu revolucionario que estaba adormecido, aplastado por 500 años de maltrato. El Che despertó a ese pueblo a pesar de los que lo traicionaron, y hoy el proceso que vive Bolivia con Evo Morales explica bastante lo que estaba intentando Ernesto.

Después hay otras cosas. El Che tenía 39 años cuando lo mataron. Para jugar en primera ya era un poco grande. Él medio que insinúa en algún lugar esto de que ya estaba algo grande para el desafío físico que implicaba hacer la guerrilla. Por ahí también eso puede explicar su urgencia de hacer la revolución continental. Se le acababa el tiempo.
Ernesto no sabía mentir y ya había dicho que la URSS no tenía futuro y entonces eso puede mostrar su apuro por armar la guerrilla en ese momento. Él no podía esperar.

Siempre que me viene el lamento por la muerte del “Che prócer”, de “mi amigo Ernesto”, me vienen las palabras de otro gran amigo mío y de quien fuera el gran amigo del Che, el petiso Alberto Granados y me consuelo diciendo: “Pero qué despelote armó este pelado”. Revolucionó el mundo.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER