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A 51 AÑOS DE LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS

Tras consumar el golpe de Estado, Juan Carlos Onganía decidió intervenir las universidades, desconociendo su autonomía. Estudiantes, profesores y graduados de la Universidad de Buenos Aires ocuparon las instalaciones para evitarlo pero la policía irrumpió violentamente en cinco facultades para desalojarlas. El biólogo e investigador Luis Quesada Allue, estuvo ese 29 de julio en la Universidad y nos cuenta su experiencia.

 

En el año 1966 yo era estudiante de Ciencias Biológicas en la Universidad de Buenos Aires y participaba activamente del Centro de Estudiantes de Ciencias Naturales.

En aquel entonces, la euforia en los sectores progresistas de la sociedad por los avances sociales y económicos que se perfilaban, contrastaba con el día a día, con el permanente sabotaje de los sindicatos y simpatizantes peronistas, los sectores más conservadores de la sociedad y las multinacionales al gobierno del presidente Arturo Illia. En los cuarteles, se conspiraba activamente.

En la Universidad, la mayoría estábamos convencidos de que el país podía despegar, se proyectaba a futuro y se vivía un momento único, de entusiasmo, de investigaciones y de proyectos.

La autonomía y el cogobierno universitario habían permitido uno de los períodos más prolíficos de las universidades. Durante este período se establecieron concursos de cargos de profesores, se vinculó estrechamente la docencia con la investigación, se crearon institutos científicos y nuevas carreras.

Tal era el compromiso con los problemas sociales, políticos e ideológicos que en los estatutos de algunas casas de altos estudios se establecía como objetivo el  bregar por el  mejoramiento social.

Desde semanas antes del golpe de Estado que derrocó a Illia, existía una gran efervescencia entre profesores y estudiantes temiendo que la Universidad cayera en manos de gente con mentalidad medieval y cavernícola. Días antes, en Ciencias Exactas hicimos turnos de guardias en los Centros de Estudiantes, para preservar eventualmente la Facultad. Por eso cuando Onganía tomó el poder y las tropas de la Marina avanzaron viniendo desde el Puerto hasta las inmediaciones de la Facultad, muchos que estábamos en Asamblea nos aprestamos a defender el edificio.

Durante las semanas siguientes hubo gran agitación política en la Universidad. Las guardias en los Centros de Estudiantes se mantuvieron durante todo el mes. Así, cuando finalmente se conoció la intervención, supimos que la ocupación física del edificio era inminente. Ese día hubo asamblea de claustros todo el día, y a media tarde se cerró preventivamente la puerta que daba a la calle Perú. Las autoridades estaban en reunión permanente en Decanato, debatiendo la situación y decididos también a resistirse.

Cuando la policía federal avanzó estábamos en asamblea en el Aula Magna. Varios estudiantes de Biología nos descolgamos por las ventanas para ir a defender el edificio donde estaba nuestro Departamento pero era tarde: lo habían tomado con un carro de asalto.

La policía irrumpió salvajemente en Decanato, arreó a golpes a las autoridades y profesores y los juntó en el patio con los estudiantes que también habían apaleado. Son conocidas la saña, las vejaciones, heridas, simulacros de fusilamiento y otras atrocidades que ocurrieron. Los biólogos que volvimos quedamos del otro lado del cordón policial y vimos los maltratos finales, cuando subieron los detenidos a los buses policiales.

Después de ese episodio, que posteriormente se lo bautizó como la noche de los bastones, nada fue igual. El atropello a las universidades, más los ultrajes y la barbarie obligaron a la renuncia de 1600 docentes en el país, en su mayoría prestigiosos profesores-investigadores.

Algo importante políticamente fue la desesperanza que quedó en todos los que formábamos parte de la vida universitaria y la brusca convicción de muchísimos estudiantes sobre la imposibilidad de tener el país que soñábamos y desde ese día sentimos una firme ausencia de futuro. A partir de 1966 se quebró el despegue científico argentino y sobrevino un marcado atraso con respecto a los demás países.

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