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El 16 de septiembre de 1955 se produjo el levantamiento militar que destituyó a Juan Domingo Perón. Por entonces Horacio Ballester* era peronista y estaba por completar sus estudios en la Escuela Superior de Guerra. El Coronel retirado que fundara en 1984 el CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia Argentina) recuerda los bombardeos sobre la Plaza de Mayo, el Golpe comandado por Lonardi y Aramburu, y su participación en el regreso de Perón tras la proscripción.
En septiembre de 1955, hace 57 años, estaba terminando la Escuela Superior de Guerra. Como simpatizaba con el peronismo y provengo de una familia pudiente (soy descendiente del fundador de San Martín, Félix Ballester), en mi casa era la oveja negra, o la mosca blanca.

La noche del bombardeo del 16 de Junio del 55, cuando llego a mi casa, mi mujer (la primera, porque me casé tres veces) me dice que mi suegro, que era Contra Almirante del cuerpo técnico, había salido por la mañana para ir a su trabajo pero que aún no había vuelto. En ese momento me voy hasta la Plaza de Mayo para buscarlo. Llegué como a las 10 de la noche. Llovía bastante, y si bien habían limpiado mucho, todavía corría el agua sanguinolenta por las cunetas llevando los restos de la masacre. Pasó un zapato con un pie adentro.

El Ministerio de Marina, como todos los edificios públicos, estaba cercado pero pude dar con mi suegro y él había sobrevivido.

Al otro día en la Escuela de Guerra yo era un basilisco: -¡Cobardes, canallas, las cosas que hicieron, cómo pudieron bombardear a los compatriotas!- Éramos mayoría los que insultábamos. Al poco tiempo, en septiembre, cuando se consuma el golpe de la Libertadora esos cobardes y canallas pasaron a ser los héroes nacionales. Los ascendieron, les dieron grados, les pagaron los sueldos caídos y nosotros fuimos los villanos.

A mi me mandaron a junta de verificación para ver qué hacían conmigo, para ver si me pasaban a retiro, si me daban de baja o si me fusilaban. Porque estaba en el ambiente lo de los fusilamientos a los opositores, que concretarían finalmente en junio del 56 en José León Suárez. Al final me declararon “joven y recuperable” (con y griega) y me mandaron a la montaña como Oficial del Estado Mayor al Comando de Destacamento Escuela de Uspallata para que la montaña me ayudara a pensar lo poco que valía la pena defender a un gobierno constitucional.

Lo que recuerdo de la Revolución Libertadora es que, salvo excepciones, nadie quería asumir la defensa del peronismo. El golpe comenzó el 16 de septiembre y se extendió unos días, hasta que Perón se fue hacia Paraguay.

La gente cambia de camiseta de forma impresionante. Hay una especie de mito en torno a los militares, se cree que los militares -no se sabe por qué razones- siempre se mantienen firmes en sus principios. Y la verdad es que en agosto del 55 éramos todos peronistas y a fines de septiembre para encontrar un peronista entre los militares…¡Dios me libre! Una vez que se impuso la Libertadora, incluso hubo algunos que se presentaron como grandes gorilas y perseguidos políticos del peronismo para sacar ventajas de la situación. Por ejemplo en la Escuela Superior de Guerra, muchos que habían sido separados porque no reunían las condiciones para seguir la carrera se presentaron como perseguidos políticos. Entonces, hicieron cursos acelerados y se recibieron.

Nosotros nos recibimos en diciembre del 55 y, por nombrar solo algunos casos, en la ceremonia había algunas sillas vacías que no sabíamos para quienes eran, y entonces en el momento de hacer los despachos aparecieron Lanusse, Galtieri, Suárez Mason y toda gente que había sido separada de la fuerza antes por incapacidad o por lo que fuera. Todos ellos se recibieron con honores ante Aramburu.

En 1972 la Junta proponía el Gran Acuerdo Nacional. El GAN era claramente “Lanusse presidente” y nosotros queríamos las elecciones libres y democráticas, con la ciudadanía haciéndose cargo del país y los militares yéndonos a los cuarteles y dejándonos de jorobar. En ese momento yo estaba en Río de Gallegos y por un problema de comunicación (sólo había teléfono desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche) me terminé sublevando sólo, porque todos los demás se habían rendido en la madrugada. A raíz de eso me mandaron a Consejo de Guerra, me declararon rebelde, me pusieron tres meses de prisión y me dieron de baja.

El círculo con los años de proscripción del peronismo se cierra en que junto a otros compañeros preparamos un proyecto denominado José Hernández y que le proponía a Perón que no aceptara las condiciones y la cláusula impuesta por las Fuerzas Armadas de tener que estar en el país antes de determinada fecha para poder participar de las elecciones.

Propusimos a Perón liberarle una provincia (Jujuy o Mendoza), entonces él llegaba, hacíamos la larga marcha hacia Buenos Aires con el pueblo en las calles y ¿quién paraba la revolución nacional y popular? Lo que pasó fue que quien paró la revolución nacional y popular fue Perón, que no tenía ningún interés de que se hiciera la revolución.

Finalmente, el ex presidente aceptó las condiciones de la Junta y después pasó Ezeiza y todo lo que vino luego con la Triple A y el nombramiento de los generales que tres años después desatarían la Dictadura del plan sistemático de desaparición de personas y robo de bebés.

*Horacio Ballester  (Fundador del CEMIDA, ha escrito los libros Las FFAA, un cambio necesario; Condiciones Geopolíticas para el tercer milenio; y “Memorias de un Coronel Democrático”, con prólogo de Osvaldo Bayer y contratapa de Rogelio García Lupo).

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