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El 5 de octubre de 1974, cayó en combate frente a las fuerzas pichochetistas, Miguel Enríquez. El líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) era la cabeza de la resistencia a la dictadura que un año antes había asesinado a Salvador Allende. Gino Straforini, militante de su partido se encontraba en Lima cuando conoció la noticia de la muerte de su dirigente. Así lo recuerda 40 años después.

Cuando muere Miguel Enríquez yo estaba en el exilio en el Perú. Miguel para nosotros era un inmortal, por lo tanto era casi imposible poder reconocer que pudiera haber muerto. Nadie podía creerlo. Estábamos viviendo en una casa treinta y dos compañeros, todos militantes del MIR, parte de la orgánica de Lima, cuando recibimos la información del mismo partido, fue un golpe demasiado fuerte. Pero no sólo para el corazón y los sentimientos de los que militábamos en el MIR, sino que además fue un golpe demasiado fuerte para la política en general chilena. Porque el único hombre capacitado para resistir la dictadura y conducir al pueblo hacia la victoria y al derrocamiento de Pinochet se llamaba Miguel Enríquez.

Yo conocí a Miguel de muy niño, de muy joven. Por tanto mi acercamiento con él no fue algo tremendo, yo no fui un amigo de Miguel, fue mi dirigente y punto. Pero fue el hombre al cual admiré en su momento porque conocí su entrega y es el hombre al cual sigo levantando en mis banderas, en mi corazón, porque conocí la clase de ser humano que era.

En algún momento de su vida había dicho “No nací valiente, me haré valiente si las circunstancias históricas así me lo exigen” y la historia se lo exigió desde el 11 de septiembre del año 1973, cuando se convierte en uno de los grandes hombres de la historia del pueblo chileno.

Jamás se entregó, él no se exilio, se quedó en Chile teniendo todas las posibilidades de salir del país. Miguel es el hombre que se lanza a la reconstrucción de las fuerzas políticas chilenas con una amplitud enorme porque inclusive llama a la misma Democracia Cristiana a resistir y a defender el proceso democrático que estaba viviendo el país. Porque en realidad Chile en ese momento, lo que se vivió con la presidencia de Allende no fue la vía pacífica al socialismo, sino que fue un proceso de profundización democrática como no había vivido jamás en la historia del pueblo.

En el Estadio Chile, seis meses antes del golpe de Pinochet, Miguel da un discurso donde fogonea muy fuertemente a la derecha, como así también al reformismo de la Unidad Popular que no quería lanzar y profundizar el proceso y él alerta: “el golpe de Estado se nos viene a más tardar en septiembre”.

Pero también yo quiero recordar al mismo Allende el día del golpe de Estado. Después de su discurso al pueblo chileno, donde dice “se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre nuevo”, el presidente le dice a su hija cuando sale de la Moneda: “dile a Miguel que es su tiempo”, y esto significa que Allende entrega en mano de Miguel Enríquez y del MIR la resistencia del pueblo chileno al golpe de estado que se estaba dando.

Ese 5 de octubre Miguel contaba con 30 años, las fuerzas represivas de la dictadura lo cercaron en una casa de Santiago de Chile donde se encontraba con su compañera y con otros dirigentes del partido. El combate duró más de dos horas, algunos compañeros lograron fugarse mientras él resistía para que pudieran salir. Fue herida su compañera y Miguel recibió nueve impactos de bala. Esas dos horas de batalla son testimonio de una inmensa y valiente resistencia.

Oh casualidad en octubre, Miguel cae saltando un paredón y su cuerpo queda sobre una batea de lavar la ropa en la casa vecina. También en octubre, en una batea de lavar ropa pusieron al Che después de asesinarlo en La Higuera. Son casualidades de la historia.

Miguel fue abatido por los mismos que asesinaron a Tupac Amaru, a José Martí, a Sandino, a Salvador Allende, y como esos otros grandes, su ejemplo y sus ideas, continúan desde entonces. Logró reproducirse.

Yo creo que en Chile y en la América Latina de hoy hay miles de Miguel Enriquez, incluidas las nuevas generaciones que se niegan a vivir en una sociedad dividida en clases, a la marginación, la discriminación, el exterminio de los aborígenes, de los niños en la calle, el desempleo, la muerte precoz. Miguel se negó a creer que los seres humanos estuviéramos realmente condenados a vivir en el egoísmo. Eso es lo que uno siente y eso es lo que uno lleva en el corazón todos los días, de uno de los más grandes hombres que dio la historia del pueblo chileno.

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